Palpito Digital

José Muñoz Clares

El antimidas Lusanshenko

La tramposa carta del golpista Junqueras no superó ni un día, poco más que la republiqueta del fugado. Sólo se la creen ya Sánchez y sus palmeros, como esas dos que aplaudían entusiasmadas mientras la gente, en Ceuta, le gritaba hijo de puta, suponemos que a él y a Marlaska dado que es en Ceuta donde peor se ha vivido el desastre ocasionado por la política polisaria de los   justamente insultados. Junqueras ha acabado reconociendo que no ha descartado la declaración unilateral de independencia por la que fue condenado y cumple prisión. Sánchez, que expresamente dijo que los actos le parecían constitutivos de sedición, se ha tragado una más de las mentiras que lo llevaron al poder y va a indultar a esa caterva no porque cumplan con los requisitos que la ley exige sino por hacernos un favor y, de paso, hacérselo a sí mismo reteniendo el poder al que accedió engañando a todo el mundo. Lo obsceno es que se noten tus necesidades, dijo Wilde; para este tipejo el término trilero y la propia obscenidad se han quedado cortos si de él hablamos.

Las malas artes que practica se han extendido por su gobierno como una plaga peor que el COVID. La otrora vociferante consorte Montero calla ante la subida del 44% de la electricidad; ya no le preocupan las familias que no saben cuándo poner la lavadora para equilibrar el mes y comer todos los días: lo ha hecho Sánchez, santa palabra. Calla igualmente la melíflua Díaz cuando se cuantifica el desempleo -por encima de los 100.000- ocasionado por su machada progresista de subir el salario medio interprofesional. Calvo.. mejor que no insista en que lo importante no es la hora sino quién pone la lavadora, como si ella se siguiera tratando con ese electrodoméstico: su locuacidad la hunde, que hable cuanto más mejor. Callan todos ante la vergonzosa deriva autoritaria y fracasada de la política progresista que venía a salvarnos de nosotros mismos. Como Franco en su día.

Lo peor, sin embargo, no está en los silencios cómplices sino en las supuestas verdades que sueltan otras, como Darias, que ha pasado en unos días de dictar ukases soviéticos -esto es de obligado cumplimiento- a reconocer, obligada por la ley, que la ley no le permite imponer nada. Se ha tragado el sapo y ya está reconsiderando el nuevo texto que va a emitir con meras recomendaciones. Le ha fallado, una vez más, al jefe Lusanhenko en lo de perseguir disidentes, sobre todo a I D Ayuso, que con sólo mantenerse viva en política está dándole a ese miserable una paliza de la que no encuentro precedente desde 1975 hasta hoy mismo. Y ahí está lo que señalo, el desprecio absoluto del Estado de Derecho que nos hace libres, europeos y, en parte aún, respetables. El habernos situado en una crisis permanente donde lo más sólido se tambalea jaleado por unos ignorantes ambiciosos que pretenden implantar una revolución cultural a lo Mao y su joven guardia roja. Nos quieren crédulos y sumisos, ignorantes e ineducados porque esos son los ciudadanos que mejor se dejan gobernar, meter en vereda y esquilar. Nos quieren de vuelta a aquélla renuncia expresa a los derechos fundamentales a cambio de que se nos permita alimentarnos y sobrevivir.

Sánchez, el antimidas de la era TikTok, corrompe cuanto toca, desordena cuanto legisla,  convierte en lodo la arena de las playas y nos enfanga en todos los aspectos de una vida que nos parecía fácil. Pervierte las instituciones, pisotea la Constitución… Quiere ser un nuevo Moisés y conducirnos a no sabemos dónde pero lejos de lo consolidado, pendiente del maná de Europa que él no sabe ganar ni permite que otros ganen. Ahora vive en la ficción de que los indultos revertirán su imparable caída hacia la nada, de regreso al lugar del que en mala hora surgió.

Él blanquea el golpe de estado de sus socios, sus huesos políticos se blanquearán al sol de un desierto largo y agónico que ojalá dure mil años, como el famoso Reich que murió de sí mismo.

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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