Palpito Digital

José Muñoz Clares

Perrosánchez

Cada vez más gente llama perrosánchez a Narciso, ellos sabrán por qué, aunque, ciertamente, la gestión de la crisis lo acredita como carnicero inmisericorde, lo que resulta muy bueno para quienes vivimos en la esperanza de verlo caer estrepitosamente, cuanto antes mejor, ahora que los agraviados, que ya iban cerca del 70% de la población, se ven aumentados y enriquecidos con subproductos del fuego amigo, vísceras mayormente.

Hay un momento en el devenir de todo autócrata en que se ha de volver contra los suyos y, dependiendo de la intensidad del momento, o los mata o los fulmina políticamente. Hitler, Stalin, Mao y, en su escala, también Franco, eran de los que eliminaban. Sánchez se ha tenido que contentar con traicionar a sus más leales, los que lo dieron todo, mientras mantiene a inútiles como Garzón el proponido, Castells el antinotas y a esa patética e inclasificable Montero, de los que cabe preguntarse para qué sirven si no es para no hacer nada que justifique su poltrona, su actual sueldo y su futura pensión. Pero la jugada ha sido diáfana, cristalina. Diría que brillante si de puro sucia que es no resultara vergonzosa hasta para el más insensible estafador de ancianos y párrocos.

A los de Podemos ni tocarlos: bastante revuelto está el patio independentista como para arriesgar el apoyo de las huestes del fenecido marqués. Dejamos a tres inútiles y una madre superiora del marxismo más rancio, con su novicia y todo,  y con eso sostenemos la cuota roja rojísima que los nuestros, si aún siguen siendo los suyos -el psoe-, ni puede ni quiere dar. Los socialistas siempre fueron más bien fucsia que rojos, lo que los deja en ni fu ni fa si no se alían con izquierdosos tradicionalistas tipo pnv, los herederos de convergencia y gente por el estilo, tan rojos ellos que resultan incapaces de aportar nada en cuestión de ideología, y para eso importa Narciso rojazos con pedigrí, los restos de podemos, las cenizas que ha dejado tras sí la rata que primero salió del barco entreviendo la debacle que, sin duda, acecha.

Los indepes catalanes, recién indultados en el altar de la concordia, ya le han dicho que de la mesa no se levantan aunque no apoyen los presupuestos, que no los piensan apoyar, porque a cambio no van a obtener -esperemos- ni la amnistía ni el referéndum, y de alguna forma tienen ellos que demostrar a Narciso que están muy cabreados aunque, como le soltó Rufián, sea cuestión de tiempo que conceda lo que ahora no se atreve. 

Si resultaba tradicional definir a Narciso como un tipo que vendería a su madre -y a su padre, que le importa mucho más por si acaba colocándolo de palanganero cuando se le termine el chollo- con tal de seguir en palacio y con avión, lo que ahora procede resaltar es que Narciso es un menda capaz de acuchillar a los suyos y colgarles las tripas al cuello para recrearse en la suerte. Ese Ábalos y su manejo de los billetes de quinientos, esa Calvo que cargaba al estado hasta las meriendas del corteinglés, ¿qué va a ser de ellos ahora? Pues ya se pueden imaginar: urdir su venganza, esperar tranquilamente a ver cómo pasa el cadáver tieso de perrosánchez por la misma senda por la que se ha ido Iván, el llamado rasputín que, por querer ser putón, ha terminado, por fin, expulsado del sillón. ¿Mantendrá su lealtad? Noooo. Se unirá al coro de los vengativos, le hará vudú por las noches, encargará misas negras, conjuros, maleficios. No nos basta con que caiga, dicen ellos, lo queremos en el barro.

Así que sigo por una parte esperando ver cómo lo despedazan los suyos y, por otra, atento a la posibilidad de que su esperado fin no consuma los dos años en los que él confía. Y sigo sin saber por qué cada vez más gente lo llama perrosánchez. Si es por ofender, resulta escaso. Quizás sea por adular…     

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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