No me digan que los Gobiernos no se parecen unos a otros. Todos. Y hay aspectos importantes en los que no sólo da igual quién los dirija, a veces tampoco tiene la más mínima trascendencia de qué orientación política procedan sus ministros.
Así a botepronto ni un sólo gobierno reconoce jamás el más mínimo fallo. Oiga, que no me refiero ya a las grandes tareas nacionales no, que son capaces de decir que con ellos llueve más, que brilla más el sol o que con ellos hasta las calles están más limpias. Lo hemos visto tanto con Aznar, con aquel «España va bien», como con este «España va cojofenomenalmente bien» que Zapatero acaba de estrenar en el mitin de hoy domingo, que parece que el resto de naciones del mundo nos tiene que tener envidia por cataplines. Dan ganas de recorrer Europa con un coche que en vez de llevar pegatinas que digan aquello de «Vivan las fiestas de mi pueblo» lleve otras que digan: «Moriros de envidia, europeos de mierda».
A mi todo esto me fastidia y me recuerda el «Spain is different» del franquismo. O tal vez me fastidia porque me lo recuerda. Auto bombo, autocomplacencia y «¿Quién como yo?» que se repiten sin cesar por mucho que los periódicos digan que estamos en 2006 y ya no gobiernan ni González ni Aznar. ¿Y qué más dará?.
El caso es que uno, con el paso de los años empieza a dudar de si la línea del tiempo es horizontal o si es una circunferencia, a la que no dejas de dar vueltas a lo largo de los años que te de tiempo a re-vivir.
Borrachos de poder, seguros de sí mismos hasta la insensatez, jaleados ciegamente por fidelísimas y acríticas masas estultas que les apoyan hagan lo que hagan, incapaces de la más mínima autocrítica… Pónganles el apellido que quieran… si al final da igual.