A mí me preocupa la policía. Bueno, parte de la policía, quiero decir. Los polis son ese primo de Zumosol que nos hemos dado para protegernos de los matones de este patio de colegio que llamamos España. A la que tenemos problemas con los salvajes que hay en cualquier parte llamamos corriendo al primo para que venga a asustar y meter en cintura a quien se quiera propasar con nosotros. Que vivan los primos de Zumosol.
Naturalmente esos matones buenos, que tienen por misión voluntariamente aceptada poner orden en nuestras vidas, también actúan por cuenta propia, sin que haga falta que les llamemos, para que reine la paz a todas horas y en todos los rincones. No importa quienes sean los malos, van los polis, les cogen por las orejas, les ponen de cara a la pared y se lo dicen al Jefe de Estudios para que los sancione.
Claro que alguna vez algunos de esos primos que pagamos entre todos sienten la tentación de pasarse al otro lado, al lado oscuro, al lado de los matones de playa y servirse de su autoridad para sacar provecho propio. Es lo que ha pasado por ejemplo en aquellos casos en que algunos de ellos han sido encontrados responsables de colaborar con bandas mafiosas o de importadores de drogas. O lo que al parecer ha ocurrido, y todavía está por demostrar, con aquellos polis que se beneficiaban de los favores sexuales de algunas detenidas. Provecho propio, ya digo.
Lo malo es cuando en ocasiones estos primos forzudos se convierten además en los chivatos de la clase, el pelota al que todos rechazan y que busca minuto tras minuto, congraciarse con el director del colegio. La de excesos que se puede llegar a hacer en nombre del pelotillerismo… Qué disparates puede cometer el pelota con tal de caerle bien a su señorito. Qué servilismo más humillante, no en vano el pelota suele ser rastrero.
Eso es lo que me parece a mí que puede haber ocurrido en el caso del chivatazo a un etarra para evitar su detención en el caso de las extorsiones. A mí me da igual si le llamó por teléfono directamente o si otro “primo” entró por la puerta de atrás para no ser identificado y le pasó el teléfono al etarra. Esas maniobras indican a las claras que esos policías son indignos de llamarse servidores públicos, a lo peor simplemente son servidores del partido en el gobierno, que no del Gobierno ni de España. Porque si se confirma tan grave historia habrá que dejar claro que no se hace con el fin de ayudar a España, sino a una política concreta, y circunstancial, del partido que apoya al Gobierno de España.
A una política concreta y partidista.
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