A veces la actualidad nos trae noticias de ayer. A veces la historia es una espiral que se repite mientras asciende por la vida. El folclórico caso de los constructores de Marbella y de su €uro Jetset encarcelada trae fácilmente a la memoria antiguos casos de “ladrillazos” semejantes cuya resolución judicial se escapa al común de los mortales.
Oculto tras el tupido velo del paso del tiempo, y sin los oropeles de la pandereta andalusí de Cachuli y sus congéneres encarcelados, a duras penas permanece en la memoria popular el caso de José Luis Núñez, aquel lacrimógeno presidente del Barcelona que hubo de dimitir, en medio de jipíos y sollozos, al verse inmerso en un escándalo con Hacienda.
¿Qué fue de todo aquello? ¿Alguien sabe cuándo se celebró el juicio? ¿Alguien sabe cuáles fueron sus conclusiones? ¿En qué acabó todo? ¿Quién fue condenado? ¿A cuánto? ¿Absuelto? Llevo un tiempo dándole vueltas a la cabeza, rebuscando y … ¡nada!
En su momento fue un escándalo muy renombrado, aunque el paso de los años haga que el velo de la desmemoria lo vaya cubriendo todo pero mi conciencia quisiera estar segura de la celebración del juicio y de su resultado, mi conciencia quisiera estar segura de que no hubo por el medio ningún acuerdo extraño que dejara todo en agua de borrajas. Por allí andaban gentes como Juan Piqué Vidal, abogado al que muchos empresarios acusaron de mediar en las extorsiones de que fueron objeto por parte del famoso ex juez Pascual Estevill, y gentes así no son de fiar, dime con quién andas y te diré… quién te acompaña a trullo.
Al trullo a adonde sea, porque el tal Juan Piqué Vidal, que sigue con su despacho en la Diagonal, fue el abogado de Pujol cuando fue demandado por su polémica gestión al frente de Banca Catalana.
De la corrupción de pandereta a la de cuello duro.
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