PEGAR A LOS MAESTROS NO ES NINGUNA ENFERMEDAD SOCIAL

Antes al contrario es algo absolutamente comprensible, no hay de qué extrañarse. ¿No vemos a nuestro alrededor cuántas cosas se resuelven con un poco de violencia? Permítanme realizar la pregunta contraria: ¿Qué diferencia hay en nuestro mundo entre ser trabajador y honrado, esforzándose y luchando cada día, y todo lo contrario? Pues entonces sobran los maestros. Pero, coño, ¿no estamos viendo cómo el Gobierno recibe a Teodoro Obiang, todo un ejemplo de matonismo con dinero, sólo porque tiene petróleo? Pues entonces.
Ninguna de las muchas causas con mayor o menos influencia en la actual plaga de agresiones a los maestros explica por sí sola lo que está pasando. Vivimos en una sociedad que ha avanzado infinitamente en lo cultural, si la comparamos con la España de 1966, pongamos, pero la carrera de Magisterio no parece haber acompañado a la sociedad en esa elevación cultural.
Y eso cuando estamos inmersos en una sociedad en crisis. Crisis de la autoridad tanto porque la Autoridad que nos gobierna no es ejemplo de virtud como cuando no se acepta la autoridad del policía o juez y se les menosprecia por el simple hecho de ejercerla. ¿Cómo hablar de autoridad a unos niños que jamás la han conocido en sus casas, a los que nadie enseñó la diferencia egoísmo y altruismo, a unos niños a los que siempre se les ha hablado de derechos pero jamás se ha osado hablarles de sus deberes?
¿Cómo ejercer la autoridad ante unos estudiantes que comprueban fehacientemente que da exactamente igual ser ignorante que sabio? ¿Pero hay algo que no se solucione con dinero por el medio? Ahí tienen lo de Marbella, por ejemplo. Además todos tenemos los mismos derechos, todos vivimos muy confortablemente sin necesidad de saber lo que es un serventesio.
¿Pues entonces cómo ejercer la autoridad? Todos sabemos de todo, todos tenemos autoridad para todo. Pero si hasta hay quien entra en la consulta de la pediatra diciéndole: “Oye, maja, por qué no me recetas un…?” Lógico, en un mundo en el que algunos padres destripaterrones conceden a los niños de ocho años tanta autoridad y tanto crédito como al maestro, permítanme la confidencia personal.
Vivimos en un mundo de Gran Hermano y Salsa Rosa en el que la sabiduría y el esfuerzo para conseguirla está devaluada. Hoy prima aquel viejo refrán que dice “Tanto tienes, tanto vales”. Y afortunadamente hay dinero a espuertas en la España actual. El maestro suele ser un incómodo personaje que pretende exigir esfuerzo, que nos pide silencio y concentración, ay, en una sociedad estrepitosa y volátil. La imagen romántica del sabio y viejo profesor no existe, está sustituida por la de un pardillo que gana tres perras al mes, que se cree que sabe más que los demás y que eso sirve para algo.
Ah, y no nos olvidemos de las autoridades educativas, ésas que han puesto tanto énfasis en hablar a los padres de derechos, de comprensión, de bondad, de amistad (mentira, mentira) con los hijos, pero nunca se han atrevido a hablarles de exigencia y autoridad; ésas que han tolerado y permitido, e incluso impulsado, que en las aulas hubiera adolescentes predelincuentes porque no se les podía privar de sus derechos (¡¡), los mismos adolescentes sin desbravar que impedían el derecho de los demás al estudio, al trabajo, a la educación, a un desarrollo social armónico. Y a aprender mediante el esfuerzo. Esas autoridades que han consentido que los maestros permanecieran inermes ante aulas caóticas, en las que los peores padres y los peores alumnos hacen todavía gala de su impunidad, deberían pedir, arrodillados y humillados, perdón. Primero a los maestros y profesores, después a la sociedad entera.
En una sociedad así pegar a los maestros no es una enfermedad, es sólo un síntoma más que añadir a una larga lista en la que no podemos dejar de contar casos como el del adolescente de Elche, que renuncia a acudir a su instituto después de comprobar lo poco que sirve haber denunciado las agresiones de las que un compañero y otros adolescentes de otros centros le hacían objeto. En una sociedad violenta ¿por qué los maestros iban a vivir en ua isla aparte?
Cuentos para una sociedad del siglo XXI: http://pedrodeh.blogspot.com

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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