¿ACASO SABE USTED QUÉ ES EL SECTOR CRÍTICO?

Cuando yo era niño había un concejal de mi pueblo que entraba siempre a los plenos del Ayuntamiento subiéndose las mangas y diciendo: “A ver de qué vamos a hablar hoy que voy a votar que no”. Y eso en tiempos de Franco, tiempos de unanimidades casi forzosas. Y así se mantuvo veinte años, siempre le he tenido por el perfecto paradigma del sector crítico.
Usted los conoce muy bien, se los encuentra con frecuencia, le acometen tanto en las asambleas de vecinos, sí, sobre todo en las asambleas de vecinos, como en las reuniones de amigos, en la oficina y hasta en la peña futbolística. Qué digo, son personajes especialmente imprescindibles en toda oficina carpetovetónica. Hasta hay ocasiones en que ni en la propia familia te puedes librar de ellos. Son los eternos descontentos, la cáscara amarga de la sociedad, aquellos que se pasan la vida protestando contra una cosa y contra la contraria, todo está mal y ellos han sido enviados a este mundo para recordárnoslo pertinazmente, siempre atentos para presentar un problema para cada solución.
A pesar de los años transcurridos desde lo del concejal ese, y del enorme progreso social, económico y cultural, sobre todo cultural, esta acreditada sección de la fauna nacional no sólo no ha desaparecido sino que ha evolucionado perfeccionándose, permaneciendo presentes en nuestras vidas, siempre dispuestos a atormentar la vida de sus semejantes. Son los eternos descontentos, obcecadamente convencidos de que el mundo está equivocado y de que ellos están llamados a salvarlo, porque de poseer necesariamente la razón han hecho la causa de su vida.
Son los mismos que se quejan de que las fiestas las tengan que organizar siempre las compañeras o las esposas, que hay que ver qué machistas son en esta empresa. Pero si un año se cambiara y se ofreciera la organización a los hombres su respuesta sería “Hala, de todo se encargan los hombres, qué machismo hay en esta familia”. Como aquel concejal de mi pueblo.Siempre tienen listo un comentario amargo que arrojar a los demás, viven con la más mordaz crítica dispuesta a saltar de sus labios y acogotar a los demás en cualquier momento. Presentes en todas las asambleas de vecinos te recordarán eternamente aquello que dijiste o que callaste en un momento especialmente desafortunado y a pesar del paso de los años sabrán sacarlo a colación en el momento más inesperado. Y más doloroso para ti.
Una de sus virtudes más destacadas es controlar la vida de los demás. Saben qué coche tiene cada vecino, saben cuándo ha fracasado la empresa de su cuñado, dónde están los demás compañeros en cada momento de la jornada y a qué reuniones llegan tarde o qué webs visitan desde su puesto de trabajo. Son de esas personas que permanecen siempre con un ojo en su cliente y con otro observan las veces que vas al váter o cuánto tiempo se quedan los demás junto a la máquina de los refrescos, lo que les servirá más tarde para llamar la atención a sus propios colegas, ejerciendo una autoridad que nadie les ha conferido. ¡Nadie como ellos para defender la empresa! Los demás viven aterrados, porque saben que les controlan y que lo mantienen apuntado en la cabeza. Todo. Siempre. Saben que esperarán a que llegue el oportuno momento de usarlo. Contra ti, claro.
Y no tienes solución. Son brillantes en sus hirientes apostillas porque trabajan, descansan y se divierten preparando las reuniones familiares, sociales o profesionales en las que señalarán el fallo de los demás con un comentario amargo y una crítica destructiva, nunca para echar una mano y colaborar sumando esfuerzos, no, no, no. Su labor no es ésa, ellos han sido enviados a este mundo para recordarnos que nos equivocamos, que sólo somos débiles humanos, que no tenemos la fortuna de ser como ellos, que jamás alcanzaremos su perfección, su entrega a la profesión y su dominio de la expresión verbal para zaherir al infeliz que haya caído en desgracia.

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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