Que viva Sadam Hussein

Otro gran dictador que se nos va, que se nos va a ir, que apunta ya a su salida final de esta vida. A Sadam Hussein le condenaron a muerte el pasado cinco de noviembre, se acaba de ratificar su condena y allá al extremo de sus días y cinco peldaños más arriba le espera la horca. Quienes le han condenado esperan que con su muerte queden reparadas tantas crueldades como causó, tantas otras penas, dolores e injusticias que él cometió. Pero ninguna muerte soluciona otras muertes, ninguna injusticia repara otras injusticias. La muerte es siempre una salida injusta. Dolorosa, injusta e inhumana. No sirve para nada, no revive a los muertos ni compensa del dolor de las injusticias ya sufridas.
Sadam no es más que uno más de las decenas de dictadores que en el mundo son. Sólo uno más, tan cruel como los que acaban de morir en sus camas en Chile y Turkmenistán, qué más da. O como los de China, Cuba o los de cualquier país árabe relleno de petróleo, de esos sátrapas que pasan por amigos nuestros quizá porque no tienen otro remedio, quizá porque es la única, y la más perversa, manera de mantenerse en el poder. Pero a ellos no los condenamos a muerte, al contrario, les llenamos sus corruptos bolsillos de dinero con el que seguir dominando a sus súbditos.
Sadam cometió el error de tener petróleo y pensar que no se iban a atrever con su ejército, que era más fuerte que el gran emperador de este mundo, no supo arrimarse al árbol adecuado bajo cuya sombra cobijarse. Tonto error que le costó el poder y al final le va a costar la vida. Si hubiera sido más inteligente habría sido un dictador protegido, temido o tolerado por el gran poder de Guasinton, como tantos otros dueños y señores de las vidas y haciendas de sus ciudadanos, que hacen y deshacen en sus territorios sin mayor problema. ¿Cuántos dictadores hay en el mundo que pasan desapercibidos para la mayoría de los ciudadanos de este primer mundo porque gozan de la adecuada protección?
No condenan a muerte a todos los dictadores, sólo a los que no han sabido cobijarse a la sombra del buen árbol norteamericano, miremos alrededor y veremos asesinos dirigiendo países con grandes riquezas o con grandes mercados. Siguen vivos y con licencia para matar si fuese necesario con tal de que los muertos no sean amigos del primer mundo cruel, con tal de que los muertos sean del bando adecuado. Sadam no fue lo bastante listo, qué error, qué inmenso error, y le van a colgar dentro de un mes con el beneplácito de George Bush y su gobierno tolerante con tantas y tantas dictaduras.
¿Y Europa, la casa de la Democracia? ¿Dónde está Europa? ¿Qué va a hacer la Unión Europea? ¿Seguirá siendo el acólito mudo, la voz de su amo, el testigo complaciente que calla y deja hacer? En Europa la pena de muerte no existe o no se aplica porque se entiende como un gran fracaso social, como un castigo medieval, bárbaro, inhumano e injusto. ¿Van a dejar los países europeos que se cometa tal brutalidad? ¿Van a permitir que se apliquen las normas del salvaje Oeste? ¿Dónde está la Democracia y la justicia? Sadam es muy seguramente culpable de todo cuanto se le acusa y de más asuntos que probablemente aún no se conocen, dejémosle que se pudra de por vida en la cárcel, seamos justos con él, no le ahorremos años de sufrimiento. Que viva Sadam en la cárcel.

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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