Sólo desde el desprecio a la opinión ciudadana puede entenderse que un gobierno tome la decisión de cooperar en la invasión ilegal, ilegítima, injusta y sádica de un país extranjero. Sólo desde la altanería más absoluta, desde el mayor de los engreimientos puede despreciarse de esa manera la opinión del pueblo.
Sólo desde el desprecio a la opinión ciudadana pueden entenderse alguna de las decisiones tomadas por el actual gobierno en el asunto de la lucha contra el terrorismo. Sólo desde la altanería puede entenderse que un gobierno no tenga ningún atisbo de dudas a la hora de tomar estas decisiones con tantas implicaciones, tan definitivas y con tan difícil marcha atrás. Sólo desde la absoluta certeza de que uno jamás se equivoca se puede llegar tomar decisiones tan comprometidas de forma tan alegre e irreversible.
No me gustan las personas que nunca dudan, no me gustan las personas que siempre tienen razón, que nunca se equivocan, que apabullan, que se imponen porque sí. No me gustan los gobiernos que nunca se equivocan, menos aún cuando se las arreglan para esquivar, sortear o evitar a los jueces, ni las oposiciones que jamás admiten haberse equivocado, que nunca creen que tiene que pedir perdón.