Los españoles se irían de cañas con Zapatero y Espe.

Vuelven los cerveceros de España a preguntarse y preguntarnos que con quién nos iríamos a tomar unas cañas. Sepa el lector que soy un contundente defensor del beneficio terapéutico de las cañas. De las cañas o de un buen vino de Ribera del Duero y de todo lo que se tome alrededor de la barra de un bar, si es acompañado de unos amigos y una fuente de jamón. Creo que la mayoría de los sicólogos estarían trabajando en los campos de patatas si los españoles (y las españolas también señor Zapatero, sí) nos tomáramos más frecuentemente la vida con unas cuantas cañas y unos cuantos amigos. El valor curativo de unos chistes verdes y unas risas se multiplican por mil si se hace en las condiciones que acabo de describir.

Cada año estos señores que viven de lo que bebemos, y de los que bebemos, salen al paso de la primavera para preguntarnos con quién conformaríamos ese grupo de amigos cerveceros. Y confieso mi sorpresa no porque una mayoría haya preferido la compañía de Esperanza Aguirre y Zapatero sino porque no ha elegido al futbolista famoso, la actriz de moda con las tetas operadas, o el presentador graciosillo que va de trasgresor nocturno. Con lo que debe molar que lo vean a uno con esas compañías.

No me nieguen ustedes que hace falta valor para salir a tomar el aperitivo con semejante personal, que a la que te descuidas te recitan las oscilaciones del índice de los precios de los productos básicos, te narran los pormenores de su milagrosa gestión y te arruinan el supuesto beneficio curativo del jamón con cerveza. Que les vayan dando.

Lo primero que a cualquiera se le ocurre es que unas cañas sólo se deberían compartir con los amiguetes, con los amiguetes de verdad y en total ausencia de la contraparte conyugal en las proximidades. Porque a ver qué narices haces tú de cañas con unos tíos a los que no conoces de nada, a ver cómo te sientes cómodo y te pones a comentar lo chachi piruli que está la camarera si te puede salir cualquiera de ellos llamándote machista retrógrado. Yo, que soy tímido y retraído, en esas condiciones no me sentiría relajado, me atragantaría y terminaría por sentarme mal el jamón, que manda narices con el precio que tiene.

Miren, si a mí me apeteciera salir de cañas con políticos, téngase en cuenta que otros ciudadanos se colocan cilicios o les da por asistir a mítines, sería sólo con políticos desesperados, políticos que en las elecciones quedaran ridiculizados por su rival o que no tuvieran ninguna oportunidad ante él, políticos que pretendiendo comerse el mundo al final sólo hubiera recibido los tres votos de su propia familia. Por una parte uno tiene que sentirse superior estando entre gente así de humillada y por otra los infelices y los perdedores siempre me dan bastante pena y me entran muchas ganas de solidarizarme con ellos… hasta que alguien me pone delante un plato de jamón y unas cañas.

Ah, claro, con quien sí me gustaría salir de cañas sería con la novia del vecino de arriba, no porque esté muy buena, que lo está y tiene un escote cojofenomenal, sino para darle celos, ver qué cara pone el muy cabrito y cuando lo tuviera a huevo decirle que yo me levanto a las siete, que a ver si es posible que apague la música antes de las tres o las cuatro.

Pa poder dormir algo, más que nada.

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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