Yo siempre he pensado que el PP pierde muchos votos por la izquierda. O por el centro, como quieran, pero siempre innecesariamente y siempre por su propia culpa. Que el PSOE pueda solazarse acusando al PP de derecha extrema y que se regodee agitando el infantil espantajo de la guerra civil me lo confirma. Que Rajoy no sepa cómo quitarse de encima ese sambenito me lo confirma. Y me lo confirma que Fernando Savater y compañía prefieran lanzarse a la aventura de montar un partido nuevo cuando tantas otras cosas comparten con el PP.
Hace mucho tiempo que vengo convencido de que hay muchas personas que jamás votarán al PP y prefieren sustentar el suelo electoral del PSOE o incrementar los votos en blanco mientras el partido conservador no se quite de encima una serie de lazos sicológicos con la guerra civil. No me pregunten por qué, pero el PSOE, que debería hablar con cautela, con mucha cautela, de aquella época, no se ve afectado por el recuerdo de su siniestra actitud durante aquella malhadada época. Se ve que los españoles no se acuerdan o prefieren perdonar aquellos pecadillos de quema de iglesias y otras migajas veniales. Sea como sea el PSOE actual no tiene relación con aquellos hechos vandálicos, bajo la opinión general de los ciudadanos.
Y sin embargo el PP sí. ¿Por qué? Hombre a bote pronto se me ocurre pensar en cuántos alcaldes de este partido mantienen calles y plazas con nombres de supuestos héroes guerracivilistas. ¿No es algo estúpidamente ilógico en el año 2007? Otras actitudes histéricas de sus miembros hacen que los ciudadanos percibamos una línea de continuidad con aquellos hechos o con quienes los perpetraron. Quizá que en alguna ciudad como Santander desapareciera el monumento a Franco ayudaría a borrar esa ligazón mental que une en la cabeza de muchos ciudadanos al PP con el Franquismo. También ayudaría bastante que desapareciera el medallón innoble que en la plaza mayor de Salamanca le tienen dedicado. Porque recordemos que Franco sigue siendo alcalde honorario de la ciudad castellana.
A lo mejor la opinión de miles de españoles sobre el PP cambiaba si un día su líder decide que ya está bien de ambigüedades al respecto, que conviene condenar cuarenta años de dictadura salpicados de brutalidad, censura y autarquía. Quizá cuando el PP renuncie a la herencia franquista deje a su principal rival sin argumentos infantilmente grotescos. Quizá cuando el PP condene el franquismo haya miles de españoles que se decidan a votar a una derecha moderna, democrática, contraria a la guerra civil. Quizá entonces muchos españoles se darán cuenta de que el PSOE tiene también que realizar una importante limpieza en sus armarios de 1936.
Quizá entonces España salga ganando.