Eso que llaman paz o proceso de paz sin que haya existido ninguna guerra ha sido la estrella de la presente legislatura, en ello ha depositado Zapatero toda su fe, toda su esperanza y toda su vida.
Y esa estrella se ha estrellado, ha estrellado a su valedor y nos ha estrellado a todos. Sin ese éxito nunca podremos saber con qué relacionar estos perdidos cuatro años. Porque han sido cuatro años perdidos en la lucha contra ETA, no sólo por lo que no se ha ganado, sino por lo que se ha retrocedido.
Zapatero se engañó, eran tantos sus deseos de triunfar y de ofrecer a los españoles su éxito que no supo calcular bien las distancias ni diferenciar sus deseos de la realidad. Quería rendir a ETA por las buenas, no por las bravas, se sentía predestinado y a ello dedicó sus energías, sus ilusiones y su… vanidad.
Todos los presidentes del Gobierno quieren ser ellos los que acaben con ETA y los que devuelvan Gibraltar a la soberanía nacional, son dos pretensiones a las que siempre se enfrentan todos los presidentes. Cuanto más ingenuos o torpes o desinformados más inútil empeño ponen en el intento, más predestinados se sienten y más errores cometen.
Zapatero se ofuscó por creerse más hábil, más listo, más demócrata y más capaz que los demás. Es lo que suele suceder cuando uno no reúne tantas buenas condiciones como su parcialidad le hace creer. No midió bien sus fuerzas y no supo ver las elementalísimas, de puro groseras, señales que ETA le enviaba. Pero si hasta “pasó” de ese coro de señales de humo que fue la T 4 de Barajas, algo sólo comprensible suponiendo que se lleve anteojeras puestas.
Pero basta ver asomar a un indio armado y con pinturas de guerra para saber que detrás hay una tribu entera esperando una señal para atacar. Y Zapatero se negaba a ver todos los indios que asomaban entre las rocas de su camino a la nada. Indios que todos veíamos robando 350 pistolas en Francia, indios que asomaban robando coches en Francia, indios que asomaban probando nuevos explosivos con esos coches robados. ¿Por qué esa ofuscación, por qué ese empeño?
Todos los veíamos asomados detrás de los sobres de las extorsiones a empresarios, todos los veíamos detrás de la kale borroka. ¿Por qué no los veía Zapatero cuando a todos nos resultaba tan evidente? Nos habríamos ahorrado varios meses de estúpida espera, nos habríamos ahorrado a ANV en los ayuntamientos, nos habríamos ahorrado el fracaso de este gobierno, nuestro gobierno, el gobierno de todos los demócratas, y las medidas que a partir de hoy se acuerden con la oposición se habrían tomado hace medio año.
De todo esto podía haber hablado Zapatero en la reciente reunión del Comité Federal. ¿Alguien esperaba la más mínima autocrítica bien sea por su fracaso como pacifista o por su fracaso como dirigente del Partido Socialista de Madrid? Sin el más mínimo rubor Zapatero pasó por encima de estas cuestiones, ofreciendo a sus correligionarios una desequilibrada visión triunfalista de su labor.
Creyó que el mar era el cielo; que la noche la mañana. Se equivocó Zapatero.