Ciudadanos de España necesitan un partido.

Y ya sé que la mayoría de los lectores piensan, y es verdad, que hay demasiados partidos. Y sin embargo la vida política española necesita uno más, uno nuevo que regenere el interior de los ya existentes y los airee, un partido central, puede que más o menos centrista y desde luego centrado entre los dos partidos principales que se disputan el poder para poder tirar de ellos corrigiendo sus trayectorias, delimitando sus alianzas.

Está claro que el panorama actual de nuestra democracia no es el más saludable, con partidos obsesionados por el poder, dispuestos a pactar con quien sea para obtener la alcaldía o la presidencia en cuestión, preocupados por embestirse y desprestigiarse, enredados en asuntos que ni interesan ni afectan a una mayoría de ciudadanos. Los resultados de las urnas han derivado habitualmente en un mercado persa en el que con todo se trafica y negocia, sin límite.

Situaciones problemáticas como las de Baleares y Navarra, y en alguna medida también Canarias, donde bien se necesita un conglomerado de partidos y de intereses personales o bien es necesario pactar con partidos de la calaña de Nafarroa Bai para gobernar en lugar de quien no ha obtenido la mayoría absoluta por un solo escaño, son una burla a la voluntad democrática y permiten vislumbrar pésimos tiempos para una nación cuya existencia a veces se pone en tela de juicio y que ha soportado estoicamente que en nombre del pueblo se nos implique en una guerra injusta y cruel o que en nombre de la izquierda se gobierne a golpe de ocurrencia presidencial, con decisiones populacheras y demagógicas apoyándose en minorías con ideas y sentimientos muy diferentes respecto a la Constitución y a España.

Esta regeneración sólo puede venir de cierta izquierda y del centro, estando la derecha carente de líderes con futuro y lamiéndose eterna e interminablemente las heridas que las últimas elecciones generales les han causado. Sus posicionamientos cerriles, contumaces e impenetrables en asuntos como la guerra de Irak no parecen tener críticas internas, o son enseguida apagadas sin protestas.

Pero no es una nueva sopa de letras lo que en determinados conciliábulos se reclama, no es otro conglomerado más, no es otra coalición, es un partido unido y fuerte, de implantación nacional en el que se respete la libertad individual y funcione la democracia interna, que dé ejemplo de todo ello a los marmóreos partidos actuales, con estructuras anquilosadas y resabiadas, con personajes de opereta como Pepe Blanco o Zaplana.

Ciudadanos de Cataluña no nos está ofreciendo la mejor imagen para representar lo que muchos ven como imprescindible. Que sus líderes y fundadores se hayan bajado del barco que contribuyeron a fletar seguramente es causa directa de la actual situación. Todavía no está claro cómo va a acabar todo tras el congreso pasado, no sabemos si va a haber o no una escisión en un partido que parece empeñado en boicotearse a sí mismo.

Quizá la bisoñez de alguno de sus líderes necesita muy claramente el apoyo, la dirección y los consejos de otros políticos más baqueteados y experimentados, políticos con trayectoria dilatada que conozcan los pormenores de una vida política ajetreada.

Ciutadans son necesarios pero así, no.

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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