Debe sentirse excesivamente preocupado Rajoy cuando comete determinados dislates que un aspirante a la jefatura del gobierno nunca debiera cometer. Sea porque la sombra de Rato es alargada, sea por haber perdido el debate sobre el estado de la nación (¿seguimos siendo una nación?) o sea porque a pesar de sus esfuerzos no consigue superar a Zapatero en las encuestas, el caso es que de vez en cuando comete algún error infantil que viene a aumentar sus distancias del poder. Algunos ya dijimos hace años que Aznar se equivocaba al desterrar a Rodrigo Rato. Allá ellos.
Rajoy se equivoca gravemente, y proporciona armas dialécticas a sus contrarios, cuando achaca a un milagro que se estén realizando tantas detenciones de etarras después del fin del alto el fuego de los asesinos hijoputescos. Estas detenciones no se producen por milagro sino detrás de una muy loable tarea de la Guardia Civil o de la Policía, tarea que suele conllevar grandes dosis de trabajo, sacrificio y peligro. Atacar la muy errática política antiterrorista de Zapatero, durante la que ETA se ha fortalecido, no debe llevar a confundir las cosas. Esa responsabilidad gubernamental es una cosa y la profesionalidad de los policías es otra. Si han caído, una tras otra vez, toquemos madera, tantos aspirantes a asesinos múltiples se debe a la profesionalidad y a la gran labor de una serie de funcionarios a los que debemos mucho y con los que el PP y Rajoy el primero, debe llevarse bien.
En este terreno Rajoy debe felicitar a las fuerzas antiterroristas, y las críticas dirigidas a ellas, si las hubiera, deberían hacerse en privado y dirigidas a sus superiores, no a quienes todos los días se baten el cobre en nuestra defensa y con peligro de sus vidas.
Y protegerlas, apoyarlas y defenderlas.