Créanme que no entiendo la polémica. Claro que la foto es dura, muy dura. Pero es descriptiva, tremendamente descriptiva, de la realidad amarga que frecuentemente acecha a nuestras chavalas más jóvenes. Por lo tanto es buena la foto y la publicidad hecha con ella.
Creo que estamos todos de acuerdo si decimos que vivimos en un mundo que nos impulsa cada vez más a cuidar nuestro aspecto, a veces por salud pero muchas otras por estética y por ser admitidos en una sociedad que ha hecho un becerro de oro del aspecto externo. Las jóvenes, no sólo ellas pero fundamentalmente ellas, saben que de su delgadez, de su cumplimiento radical del canon estético actual, puede depender no sólo la impresión que causen a los demás sino sus posibilidades de trabajo.
En una enfermiza profundización de esa delgadez hemos llegado a la anorexia, uno de los diversos males de la sociedad actual que encuentra defensores en determinados círculos de la moda de hoy, que incluso tiene páginas de apoyo en Internet y gente que menosprecia las graves consecuencias que comporta. Esta foto que todos comentamos muestra a las claras las derivaciones que nadie desea de una enfermedad que tiene demasiados seguidores, demasiados estúpidos portavoces.
Nadie puede encogerse de hombros al ver algo tan llamativamente doloroso, la impresión de sufrimiento y de claro riesgo vital que desprende la actriz anoréxica que aparece motiva fácilmente a la reflexión. Nadie que la contemple puede sentirse tentado de seguir por ese camino de dolor y estulticia. Simplemente por eso, la foto y su publicidad es buena, el aldabonazo que hace llegar a la mente del espectador es de extrema dureza, provocando un rechazo que a nadie pude dejar indiferente.
Hay que ponerle freno, tan visual, tan efectivo, al becerro de oro de una sociedad que vive prendada de la apariencia.