Hay quien se relaja al frente de la televisión, pongamos que ponen una de los hermanos Marx para partirte de risa; hay quien se relaja leyendo la última novela del último autor de la última fama. Yo me relajo escribiendo, a lo largo de la tarde o a primera hora de la noche, cuando el silencio nos enseña el camino del nuevo día.
Voy coleccionando noticias al compás de los teletipos. Al ritmo de los huecos que la mañana y la tarde van dejando, se van decantando, filtrando y aposentando. Cuando la luz va cayendo se produce el parto, un nuevo trabajo está listo para ver el periódico de la madrugada siguiente.
Hoy no puedo, hoy me niego, hoy estoy deprimido, hoy me hundo ante el enorme muro que la actualidad me ha levantado enfrente. No estoy listo para que ZP nos quiera obligar a votarle a base de hacer el soplagaitas en un vídeo me repatea, me parece que en vez de ver una peli de los Hermanos Marx ha venido Groucho a representarnos una de sus escenas imposibles. Pero mientras nos gobierna a los españoles, no te fastidia. Esto no es serio, no somos nadie, tener un presidente de estas características nos asemeja a cualquier paisito de esos del Caribe o de África Central, cualquier isla abandonada del este mundo cruel en la que manda el que se tire más pedos, más rápido, más alto, más fuerte.
Y todo ello mientras nuestro ministro de ¿Justicia? trasmite a ETA que de aquí a las elecciones procure no matar mucho, para que gane de nuevo el de los pedos más gordos y puedan volver a negociar. Otra vez. Y mientras según el periódico del PNV Zapazeta le da palmaditas en la espalda al lehendakari Malaletxe. En privado, claro, que de cara a la galería jugaron a “Ya no te ajunto, oye”.
Y como yo esperaba la reacción serenísima de insignes barones socialistas, dispuestos a defender las esencias del socialismo de siempre (Bono, Rodríguez Ibarra, Alfonso Guerra, ¿González?) y esa reacción no se ha producido pues voy y me deprimo. Escondo la cabeza debajo de la almohada y hoy no escribo mi artículo habitual. Que se fastidien en la Redacción, que inventen algo o que tiren de archivo.
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Viernes 9’30 de la mañana
Vamos por mal camino. La democracia ha elegido en España el camino de la superficialidad, de la intrascendencia, el camino de la chorradilla sin más fondo que la propia chorradilla. Me asusta la llegada las próximas elecciones generales, si empezamos a debatir sobre videos (JJ.SS, Rajoy, Zapazeta y los que aún estén por venir) no discutiremos sobre programas, sobre realidades, sobre la verdad de las cosas. Nos quedaremos sin debatir la sustancia de la res pública, qué más quieren los políticos. Si hasta ahora nos presentaban un programa y no respondían de su cumplimiento qué ocurrirá ahora que el programa pasa a ocupar el segundo plano de los debates? ¿Serán capaces, por ejemplo, de entablar negociaciones con ETA sin que aparezca en un programa sobre el que los ciudadanos puedan manifestarse? (Hummm…, de qué me suena esto….?)
Ya me preocupa una democracia en la que un juez estrella encarcela o no encarcela, según el momento político, a unos ciudadanos; una democracia en la que el Gobierno echa una enorme reprimenda pública a la presidenta del Tribunal Constitucional sin que nadie se eche las manos a la cabeza, sin que el Parlamento, la residencia de la voluntad popular, recuérdese, pestañee. ¿Qué pensar si llega el momento en que los ciudadanos votan no al mejor presidente sino al que haya hecho el video más gracioso? ¿Llegarán a poner una cáscara de plátano debajo del rival para que resbale y sacarlo en las teles y periódicos? Ah, perdón, si eso ya lo han hecho, que se lo pregunten a Joan Ignasi Pla. Y a Nicolás Redondo y a…