Permítaseme empezar manifestando mi máximo respeto por la religión y los sentimientos religiosos. Yo tengo profundas y sinceras ideas religiosas, conste. Pero Dios podía haber hecho las cosas con mayor perfección; si bien se mira, parte de su obra es perfectible. Si a un simple mortal como yo se le ocurren mejoras a su Creación, no entiendo cómo determinadas cosas no se le ocurrieron a Él.
A ver, ¿cuántas veces ha intentado usted, lector, rascarse la espalda y no ha podido, ¿cuántas veces ha tenido que llamar a su esposa, esposo, hijo, hija, para que le echaran, nunca mejor dicho, una mano? ¿Cuántas veces ha tenido que recurrir al tercermundista método de rascarse contra una esquina? ¿Acaso no podía Dios haber sido consciente de semejante fallo creativo y haber previsto que giráramos el brazo también en el sentido inverso? ¿Cuánto costaría en una competitiva empresa actual semejante fallo de diseño? Por menos que eso muchos se quedan en la calle.
Y la gota final. La gota final de pis, digo. ¿Pero tan difícil le resultaría al Sumo Hacedor haber previsto algún mecanismo que evitara el goteo final cuando los caballeros hacemos pis? ¿No se le ocurrió a Dios ningún sistema de evitar que esa puñetera gota final cayera siempre en el suelo? ¡Coño, qué poca imaginación, qué poco estímulo laboral, qué poco afán de perfección! En un mundo cómo éste, donde el que no está a la altura tiene que echar el cierre, una empresa de ese estilo duraría bien poco. Que haya durado tantos miles de años es incomprensible y sólo puede deberse a la falta de competencia en el sector.
Y la adolescencia. Oiga, ¿era necesario pasar por todo eso para llegar a ser adulto? ¿Es que no cabe otra posibilidad, tal vez un atajo, una vía rápida? ¿No se podría suprimir de un plumazo? La adolescencia es un absurdo despilfarro de energía en época de carestía, puro estorbo, pura necedad, querer y no poder, querer y no saber. ¿Cabe acaso mayor pérdida de tiempo? ¿Se conoce en nuestro mundo algún adminículo, instrumento o maquinaria que necesite tan largo periodo de rodaje hasta llegar a la vida práctica útil? ¿Compraría alguien un coche, un ordenador, un simple mechero, que tardase tanto tiempo en alcanzar su máximo rendimiento? Por otra parte: ¿Qué delito hemos cometido los padres para tener que soportar, tan pacientemente como lo hacemos, la adolescencia de los hijos? ¿Por qué tenemos que pagar sus súbitos cambios de humor, sus decisiones y sus indecisiones? ¿Cómo piensa Dios compensarnos por estos fallos de planificación en el desarrollo de sus ideas?
Más: ¿Cómo es que Dios, con su omnipotencia, no concede al ser humano una segunda oportunidad? Que si rectificar es de sabios habrá por lo menos que conceder esa posibilidad, ¿no? A ver, que estaba yo el otro día con Maripuri. Maripuri llevaba tres años suspirando por mis huesos, más de una amorosa mirada la he sorprendido yo en este tiempo. Que cuidao que está de buen ver y de mejor palpar. Hasta que por fin resolví que tenía que entrarle con decisión. Y enseguidita se me deshizo entregada a mis arrumacos, pobrecita. Lamentablemente entonces me fijé en su lunar, que “qué bonito lunar tienes, cómo te hace en la mejilla” le dije. Y todo se acabó en un instante, súbitamente me mandó a la mierda con absoluto desprecio, me arañó la cara y nunca más he vuelto a saber de ella.
¡Cómo podía saber yo la cantidad de complejos que se ocultaban debajo de tan inocente lunar…! ¿Cómo Dios no se las arregla para que los humanos tengamos una segunda oportunidad? ¿No es un fallo imperdonable en una Creación que tiene, por otra parte, multitud de leyes infinitamente más complejas y que sin embargo funcionan correctamente? ¿No es un fallo de planificación que un director de personal corregiría fulminantemente?