Frontera en Miranda de Ebro: España rica, España pobre.

Si fuéramos conscientes de la gravedad de la situación, si tuviésemos un mínimo de amor propio, si no estuviésemos absolutamente derrotados y resignados, las noticias publicadas últimamente sobre la despoblación en nuestros municipios habrían levantado oleadas de indignación. Pero no, tranquilos, en Silencio nunca pasa nada.

Nos están diciendo que no somos nadie. Ya sabíamos, tal como van las cosas en España, que no éramos nada, que nada pintábamos y que a nadie importábamos. Ahí tenemos a nuestro primo el leonés de zumosol dirigiendo la política nacional sin acordarse de aquellos que éramos los suyos. Bueno, pues eso, que no somos nada y dentro de poco no seremos nadie. Y callamos y sufrimos resignadamente.

Somos la región más extensa de Europa, pero también estamos a la cabeza de las más desérticas, despobladas, desindustrializadas y abandonadas. Pero no nos importa. Los mismos partidos que con tanto acierto nos han conducido a esta situación se aprestan a recibir con indisimulado gozo la mayoría de nuestros votos el próximo nueve de marzo. En Silencio cae la tarde para siempre, a los grandes partidos no les importa y los votantes… se van a otras regiones.

Castilla y León es la comunidad con mayor descenso de habitantes. Se les reconoce a nuestras autoridades cierto esfuerzo, a todas luces vano, por atraer industrias, trabajo y futuro, pero ya se ve cuánto hemos adelantado en los últimos años. Cada vez somos menos y más viejos. De fueran tendrán que venir a enterrar al último castellano. Pero no hay de qué asustarse, que protesten otros, que somos conservadores y estamos resignados, entregados a nuestro destino con los brazos caídos y el mentón clavado en el pecho. Lejos de nosotros esa bárbara costumbre de luchar contra lo inevitable.

Industrias, trabajo, futuro, ése es el nombre de la bicha, la razón de nuestras carencias. Castilla está muriendo ante la indiferencia cómplice de los propios votantes castellanos y con la anuencia de quienes nos gobiernan. Puede que sea irremediable, puede que para alguien sea conveniente. Pero a lo mejor dar un paseo por la carretera de Briñas puede ayudarnos a encontrar la solución… o parte de ella.

La carretera de Briñas está en Miranda de Ebro, sirve de límite entre Castilla y el País Vasco, el mismo País Vasco de las vacaciones fiscales, cuyos partidos mayoritarios no quieren ser españoles, que hablan de opresión y colonialismo y se unen contra todo lo que no sea vasco de pata negra. Castilla queda a la derecha de dicha carretera, un par de semiabandonadas naves industriales son mudos, derrotados y lastimeros testigos. A la izquierda las naves parecen haber surgido como hongos, todas nuevecitas y espléndidas, todas en pleno proceso de producción, todas en Euskadi, todas generando riqueza, trabajo y futuro al amparo de la favorable legislación fiscal vasca.

Pero Silencio es nuestro nombre sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. Silencio es el nombre de nuestras autoridades.

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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