Ben-Hur entró desarmado en el cielo

De un solo golpe se nos han muerto El Cid, Moisés, Tomás Moro, Ben Hur y otros cuantos grandes personajes del cine. A mí no me gustaba Charlton Heston, pero desvinculen este gusto mío de toda relación con las opiniones políticas del famoso actor. Que fuese un declarado defensor de algo tan decimonónico como llevar armas por la calle no tiene que ver con mis preferencias en cuestiones de cine. Como tampoco lo tiene que desfilase con Martin Luther King defendiendo los derechos de los negros.

Sólo hablo del actor, que siempre me pareció demasiado serio e incluso hierático, desprendiendo una frialdad que le alejaba del personaje que interpretaba y le impedía conectar con los espectadores. Al menos conmigo. Sus papeles siempre fueron superiores a él, sus personajes le podían, eran más importantes que el cuerpo que les encarnaba. Él era un ente lejano, introvertido y desapasionado que cedía su cuerpo y su voz a personajes atribulados que le desbordaban. Me pregunto si no eran ellos los que realmente se apoderaban de Charlton Heston, dotándole de vida y transformándolo durante hora y media en un ser humano que podía haber sido sensible y cercano a los demás.

Le recordaré, imponente, tronante, altivo, con las tablas de la Ley bajo el brazo, dirigiendo firmemente su mirada pétrea al pueblo de Israel, tratando de decidir si bajar y mezclarse con la plebe o echar a correr a ver si conseguía distanciarse y quedarse solo sin que nadie le molestara. No sé qué es lo que nunca me atrajo de quien sin duda fue un gran actor según el criterio general de los espectadores de todo el mundo, pero no consigo creerme sus personajes, no consigo creerme al militar que en Pekín tiene 55 días para ligarse al animal más bello del mundo o el astronauta al que los nuevos amos de la Tierra tratan como a un animal.

Soy un declarado amante de las películas antiguas, siempre bañadas en una pátina de romanticismo antañón, siempre envueltas en un velo misterioso que les dota de un encanto especial del que carece el séptimo arte actual. Difícilmente una película del siglo XXI alcanzará esa empatía con el espectador que tienen joyas en blanco y negro que todos recordamos o ese primer color un tanto artificial engrandecido por el indisimulado cartón piedra. El aura prodigiosa que tienen Humphrey Bogart, James Cagney, James Stewart o Henry Fonda se convierte en un sentimiento que inunda el ánima del espectador predispuesto y convierte a Charlton Heston en un actor prescindible si no hubiera sido por Judá Ben Hur, si no hubiera sido por Televisión Española durante tantas semanas santas.

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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