Se nos han ido sumando varios fracasos en los Juegos Olímpicos, nos creíamos que nos íbamos a comer el mundo y apenas le hemos dado un pequeño mordisco, siempre nos quedarán el ciclismo y el tenis. Lo que ha llovido desde Bahamontes y Santana y ahí seguimos, aún con algún aderezo más en otros deportes. Qué tiempos aquellos en que los olímpicos eran puros aficionados y competían sin cobrar. Rafael Nadal ha venido a rescatar la épica de la competición, él solito le pone la sal, la pimienta y todas las salsas al que habitualmente es vulgar hecho de competir.
Para mí que se ha metido en un pozo sin fondo por afirmar, reafirmar y machacar lo español que se siente y lo orgulloso que está de competir por España. A Gasol le llovió de todo hace unas semanas cuando, publicidad por el medio, vino a decir lo mismo. Vivimos en un país extraño en el que está mal visto sentirse español. Facha perdido le llaman a uno cuando se envuelve en la bandera de España. ¿Se imaginan a un polaco, a un francés o a un portugués avergonzándose de serlo? Hay quien ve correcto sentirse nacionalista catalán o vasco o andaluz, pero no admite, vade retro, que haya quien se sienta español.