Elecciones, ¿sólo nos importa la economía?

Voy a empezar este comentario preguntando a los lectores si estaban pensando en el Parlamento Europeo cuando han decidido su voto. Permítanme ser el primero en confesar que yo no, que pensaba exclusivamente en asuntos nacionales. Y ya de paso añado que España parece eternamente dividida en dos mitades bastante iguales, sólo un leve colchón de ciudadanos que según las circunstancias varían su voto proporciona la victoria a unos u otros.

Estas elecciones son un claro castigo al PSOE, según parece entonces. La crisis, la pérdida de empleos y la errática política de inversiones del Gobierno han marcado el voto de muchos ciudadanos. Mi personal percepción, y sólo es eso, una percepción personal, es que la política radical del gobierno en materia de moral o costumbres sociales (Aborto libre; aborto de menores sin permiso paterno; barra libre, aunque temporal, en inmigración; ayudas económicas a los malos alumnos que estén a punto de dejar los estudios; permiso para pasar de curso con varios suspensos; laicismo por cataplines) no cuenta a la hora de que los españoles decidan su voto. Somos dinero y lo único que nos importa es el dinero. La sociedad parece haber dejado de interesarse en otras cosas menos materiales.

Como consecuencia de todo ello, los casos de corrupción denunciados y que no han obtenido una respuesta clara de los denunciados (Camps, Chaves) no han sido tenidos en cuenta por los votantes, algo que ofende a quienes nos gustaría una sociedad más seria, más discreta, más moral y más adulta. Menos berlusconiana, en definitiva.

A los españoles no parece interesarnos renovar la sociedad, seguimos fundamentalmente divididos en dos bloques irreductibles, asidos a los partidos tradicionales, los mismos que llevan treinta años lanzados en bloque a mantener sus prebendas, olvidados de recuperar la moral social. Vivimos presos entre dos Españas: una España casposa, cuyos mayores símbolos son los actores de la “zeja” y la planetaria Pajín, a cuyos planteamientos asombrosamente llamamos progresistas, y una España irresponsable socialmente, de cuyo discurso están ausentes los débiles del tejido social, en cuyo discurso se echa de menos la defensa de los trabajadores y de las capas sociales.

Vivimos en una sociedad inflexible, rígida y estática; una parte acepta absorta los cánticos envueltos en el papel de colorines que llaman progresismo y los sigue borreguilmente “no vayan a llamarme carca”, y otra parte es incapaz de poner en su sitio a quienes no consiguen renunciar a su parte franquista, a quienes no aportan una solución a los problemas sociales y tienen miedo de llamar a la renovación de argumentos morales, éticos y espirituales.

Ya, ¿y después de estas elecciones qué? La vida sigue igual, por supuesto.

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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