Hay que hacer algo, es necesario que las fuerzas progresistas nos movilicemos ante lo que está ocurriendo en la actualidad económica y laboral del Estado. Una vez más las fechorías de la clase dirigente, política, monetaria y empresarial, tenemos que pagarlas los trabajadores y trabajadoras.
Como liberado sindical y representante de obreros y obreras debo esforzarme cada día en que se imparta justicia social y no sean los proletarios y proletarias los que como siempre sucede seamos los paganos de esta orgiástica borrachera de despidos, paro y recesión. Así lo hago cada mañana al llegar a mi despacho sindical. Desde que enciendo el aire acondicionado hasta el final de la jornada, incluidas la hora del bocadillo y la del vermú, escucho los lamentos de los despedidos y despedidas y pongo todo mi esfuerzo en encontrar una solución a cada caso.
No siempre es fácil, que a lo largo de muchos años dedicados a la labor sindical me he encontrado con trabajadores de todo tipo, desde obreros señoritos que aceptan desconcienciada y resignadamente la mísera soldada del paro hasta aquellos obreros correctamente formados política y sindicalmente que reaccionan con acierto achacando las culpas a quienes las tienen: la patronal y el PP.
Algunos de ellos, quizá demasiado impulsivos, nos hablan con especial ánimo y fuerte énfasis de “hacer algo duro”, de “demostrar en las calles la fuerza del movimiento obrero”, para que quienes corresponda comprueben la indignación que esta injusta situación nos produce a los asalariados y asalariadas.
Tantos EREs, tantos despidos injustificados, tantos procedimientos arbitrarios contra la sana juventud trabajadora deben tener una respuesta adecuada de quienes estamos padeciendo una situación económica pensada, planificada y llevada a cabo para satisfacción de los poderosos. Contra esos poderosos debemos unirnos y marchar para encontrar una solución obrera.
Experimentado en la negociación, documentado en el alma obrera y conocedor de las ansias capitalistas y acaparadoras de la patronal y del PP, les dejo hablar largamente hasta que se calman. Después, en pocos minutos les pongo al día de la situación crítica que está pasando el Estado y de cómo las fuerzas de la derecha esperan camufladas al momento que estimen idóneo para tomar al asalto, violentamente si fuera necesario, como hicieron en el 36, las instituciones del Estado y quebrar la voluntad de los obreros y de las obreras.
Finalmente, cuando ya la entrevista se alarga, pongo disimuladamente en mi equipo de música la Internacional, la sintonía suena de fondo, apenas perceptible mientras iniciamos la despedida pero suficiente para insuflar ánimos revolucionarios en mi interlocutor. Aprovecho para levantarme y ponerle una mano en el hombro como gesto de proximidad y compañerismo. Junto a la salida le planteo que efectivamente algo hará que hacer, alguna vez habrá que llenar las calles con nuestra rabia e indignación, pero todavía hay que esperar, en el momento presente no se dan las circunstancias adecuadas. Eso sí a las primeras de cambio que gobierne el PP se va a enterar esta derecha estatal y antiobrera de lo que es una huelga general.