Escribir sosiega mi alma, me serena, me tranquiliza, me insufla fuerza vital. Otros se toman una copa o se van de putas. Yo escribo. Hoy me van a tener que perdonar los lectores, hace 48 horas que no me paro ante el teclado y, será por el ajetreo personal de estos dos días, no encuentro una noticia que me atraiga para sosegar mi alma.
Así que voy a ver si saco pa`lante una idea que me ha rondado hoy todo el día. A mí Obama me gusta por casi todo menos por una cosa: Me fastidia que le guste a Zapahuero, me fastidia que le haya tomado como emblema propio, cuando tantas diferencias hay entre ellos. Empezando por la insignia de la solapa del americano. Pero Obama me gusta por su valor al intentar poner en marcha algo que se parezca a una seguridad social para todos. La que le está montando la oposición a cuenta de algo que en Europa llevamos décadas disfrutando, algo que en Europa parece una obligación social, un elemental derecho constitucional como proteger a los más débiles. Pues na, a los americanos eso les parece socialismo y contrario a las libertades. Mira que son raritos…
Eso sí, les parece el colmo de la libertad poder llevar en el bolsillo o en la guantera del coche un pistolón como un pino de grande; decir que en sus ciudades puedes comprarte un arma con la misma facilidad que te compras un sándwich es demasiado exagerado, pero… En Europa, la vieja y experimentada Europa el control sobre las armas es el que todos conocemos sin que nadie crea censurada su libertad ni su seguridad. El país del far west donde el más rápido con el gatillo tiene más posibilidades de vivir.
Yo me tengo prometido no ir nunca a EEUU, aunque también les advierto que no pondré excesivo empeño en cumplirlo. Que a mí no me gusta una policía como aquella, por ejemplo, ni creo que me gustaría una nación que cumplió los 200 años al mismo tiempo que el acueducto de Segovia cumplía los 2.000.
Miren, los norteamericanos actuales proceden de otros que pasaron por las armas a millones de indios sin que nadie les eche en cara absolutamente nada… Apenas quedan descendientes de los indígenas, y los pocos que hay están bebidos y dedicados a vender recuerdos a los rostros pálidos que les visitan en la reserva. Los españoles todavía aguantamos la Leyenda Negra y los tontos complejos indígenas de Evo Morales o Hugo Chávez, y eso que sus ciudades, sus ejércitos y sus empresas están afortunadamente plagadas de indios y sus descendientes. Y es que hay que reconocerles que saben venderse mucho mejor que nadie.