Contra la cadena perpetua, ustedes perdonen

Antes de que numerosos lectores se me arrojen encima corro a afirmar que sí, que en abundantes ocasiones, con excesiva frecuencia, echo en falta una Justicia más… justa. Y si me permiten seguir sin enviarme a los leones les diré que también, que los asesinos de Marta del Castillo se están riendo de la Policía, de la Justicia y de nosotros. Y que la existencia de tanto preso peligroso suelto antes de tiempo, con fines de semana y otros permisos, debería ser algo a revisar a las primeras de cambio. De lo de de Juana, el etarra, ya ni les cuento.

Sí, es cierto, muy cierto, que la Justicia en España es un cachondeo y que los ciudadanos de bien somos los primeros paganos de errores incomprensibles que deberían ser corregidos inmediatamente y de los que deberíamos tomar nota en letreros luminosos para no volver a cometerlos.

Pero…, pero eso no justifica la cadena perpetua. Encerrar a un asesino “hasta que se muera en la celda” es un acto de venganza, no de Justicia. Es un acto de maldad, de crueldad, y aunque tal vez sea comparable a la fiereza que el convicto arrastre ésa no es la labor del Estado y sus instituciones. Un Estado existe, ente otros miles de razones, para establecer el orden y la justicia, no el desquite ni la represalia. No el “ojo por ojo”. El Estado tiene, debe tener, unas miras más altas que todo eso. Quizá baste con que aplique justicia de manera práctica, rápida y efectiva.

Si un culpable ha pasado veinte, treinta años en prisión, si los ha pasado de manera efectiva, sin redenciones excesivas, sin permisos estrafalarios, sin salidas irregulares, cuando salga será otro hombre, otra persona sin conexión con la que cometió el delito tantísimos años atrás, tanto tiempo no pasa en balde. Habrá pagado, insisto en que digo si lo ha hecho de manera real, sin alegrías ni generosidades legales, sus culpas, purgándolas completamente, poniendo a cero el contador de su deuda con la sociedad.

Cierto que estamos excesivamente acostumbrados a que algunos presos (los casos de determinados violadores o de asesinos de niñas son muy conocidos) salgan de la cárcel a convivir en sociedad sin estar debidamente reinsertados y cometan delitos durante sus “vacaciones” carcelarias. Evitando determinadas alegrías de ese tipo se evitarían reincidencias crueles.

No es menos cierto que todos reclamamos un cumplimiento más estricto de las penas, todos hemos oído miles de veces eso de “entran por una puerta y salen por la otra” refiriéndose a detenidos que visitan fugazmente las oficinas policiales. Eso es algo muy duro de aceptar para quien acaba de ser atracado o para quien ha sufrido en su familia una violencia feroz.

Pero a ello no pone remedio una cadena perpetua, eso no nos hace más eficaces contra el crimen, ello no supone que bajen los delitos. Sí, ciertamente satisfaría infinidad de ansias personales y calmaría la tensión nerviosa de muchos ciudadanos pero no nos haría más civilizados. Para ello bastaría con un funcionamiento más adecuado de las instituciones encargadas, bastaría con revisar con detenimiento el código de Justicia y proporcionar menos alegrías a los delincuentes reincidentes.

Casos paradigmáticos de la situación de la Justicia como el de “Rafita” o la perversidad y crueldad de los presuntos asesinos de Marta del Castillo no justifican la cadena perpetua, simplemente reclaman un mejor y más estricto funcionamiento de las instituciones. No obstante recordemos que todavía no se ha inventado un sistema penal que evite por completo la delincuencia, cerrando por tanto tribunales y cárceles. Por desgracia siguen siendo imprescindibles en todos los países.

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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