Todavía va uno por esos mundos y se encuentra que quedan personas convencidas de que ser de izquierdas es mejor, más honesto y beatífico que ser de derechas. Y viceversa: Que ser de izquierdas significa ser diabólicamente perverso. Si ustedes me permiten, hablo de aquellos que están convencidos de que la razón les pertenece siempre por el mero hecho de ser de derechas. O de izquierdas, tanto da.
El mundo está lamentablemente lleno de aquellos que consideran que siempre tienen razón, que nadie acierta tanto como ellos, que ellos están permanentemente maridados con la diosa Razón por tener tal o cual ideología. Zapatero es uno de ellos. Zapatero es un señor de León que pasaba por allí y es presidente del Gobierno de España porque a Pasqual Maragall le convenía un muñecote de trapo con el que parar los pies al centralista y españolista José Bono. Y se jodió España, ustedes perdonen. De no tener crisis porque estábamos en la Champions ligue hemos pasado a tener cuatro millones de parados. O más. Pero eso sí, a Zapa no se le nota, hay que conocerle muy bien para que sepamos cómo es ZapaHuero. Es de izquierdas pero está dejando hundidos a cuatro millones de obreros. Pobrico.
A Berlusconi en cambio se le ve venir, se le encuentran enseguida las limitaciones mentales, sus zafiedades intelectuales. Sus putas y sus cortijos en el sur de Italia “cantan” mucho y enseguida sale en todos los periódicos con toda su podredumbre al aire. Sea por fotos o sea por declaraciones a Berlusconi le conocemos todos. Ahora nos ha sorprendido con esas manifestaciones que he utilizado para titular. Es de derechas, se le nota demasiado, pobrico él.
No lo puede ocultar, no puede disimular, no puede, creo que tampoco lo quiere, hacerse pasar por alguien medianamente dotado para la Res publica. Algo hay que agradecerle: su claridad, lo diáfano de sus pensamientos, la ramplonería de su ideología.
De derechas o de izquierdas, con disimulo o a las bravas. Europa se merece otros dirigentes, se merece barrer del espacio político a los actuales dirigentes. Europa siempre fue grande, siempre lideró o colideró el mundo. Ahora estamos abocados al abismo.
O al ridículo, que es peor.
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La pregunta que subyace en este artículo es si los votantes italianos de Berlusconi tendrán capacidad para ser adecuadamente críticos con estas manifestaciones o como las ha realizado su amadísimo líder las aceptan sin más. Naturalmente la pregunta es traspasable a España: ¿Lo que diga Rajoy es aceptable por la masa votante del PP sin someterlo a ninguna crítica? ¿Y la tarea de gobernación de Zapa puede ser vista críticamente por los millones de españoles que le votaron o basta que provenga de la izquierda para que sea aceptada?