Todos nos hemos acostumbrado a los sondeos, quién sabe si debemos creerlos a pies juntillas o no, hasta formar parte habitual del paisaje periodístico. Personalmente estoy convencido de que no son inocentes ni neutrales, sino que de alguna manera responden a los deseos del que los paga. Incluso aunque los pague Prisa y sean contrarios al actual Gobierno. O precisamente por eso.
La gran vencedora del sondeo nuestro de hoy ha sido Rosa Díez. Dice, y dicen los medios, que es consecuencia de lo hartos que estamos de nuestros actuales líderes, que ninguno nos llena, que ninguno nos vale, que suspendemos a los dos más importantes por lo menos. Y en esa catástrofe surge la líder de la nueva izquierda, ella: Rosa Díez.
No soy adivino así que ignoro cuál es su futuro, pero me planteo si es de correcta aplicación aquel refrán que dice lo del tuerto en el país de los ciegos, que UPyD anda envuelta en numerosos problemas y con sus propios militantes, unos se van y a otros los echan. Si Rosa Díez quiere alcanzar en las próximas Cortes esos diez diputados de los que presume antes ha de solucionar por la vía rápida y silenciosa las contrariedades internas que la acechan.
Y luego le vendrán los problemas tradicionales de la izquierda, no se nos olvide que el suyo es un partido de izquierdas y España está gobernada por otro partido de izquierdas que nos dirige a la ruina económica y moral. UPyD, llegado el momento del contacto con el poder o sus proximidades, deberá mostrarse más generosamente abierto que lo que suele ser habitual en la izquierda, esperemos que no se proponga combatir el paro con memoria histórica, la crisis con leyes abortistas, la caída de la bolsa con leyes laicistas o con anticlericalismo casposo.
La cerrazón sectaria y la mezquindad leirepajinista del PSOE nos ha llevado a un camino sin salida, a un escenario de enfrentamiento ideológico permanente en el que los valores izquierdistas han tenido más importancia que la realidad social o económica y han servido para enfrentar y radicalizar a la sociedad. UPyD debe situarse en los antípodas de esta situación, mostrar al pueblo valores democráticos y de respeto con los rivales ideológicos, algo que el PSOE ha desterrado de la realidad política española. El PSOE ha confundido la legitimidad democrática para gobernar con el autoritarismo y la imposición. Rosa Díez y los suyos han de enseñarnos que hay otra izquierda que huye del sectarismo, del enfrentamiento social y del rédito electoral del guerracivilismo.
Si es que la hay actualmente, que está por ver. Si es que UPyD llega a los diez diputados, que está por ver.
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Parece que se debe puntualizar que el gran valor de UPyD no es sólo su posición de izquierdas, sino sobre todo su enfrentamiento a los poderes establecidos, a la manera tradicional de hacer política de los grandes partidos, a su falta de claridad, de trasparencia, de solidaridad, a su mercadeo por un puñado de votos. Rosa Díez debe tener en cuenta que muchos españoles valoran su partido porque no tiene posiciones relativistas, sino contundentes; sus opiniones, sus votos, sus decisiones no parecen depender, al menos de momento, del nombre o la ideología de sus destinatarios. No sé si quienes en este foro intervienen son conscientes de que, por contraposición con PP y PSOE, ése se ha convertido en uno de los grandes méritos de UPyD.
Esa supuesta diferencia con los dos grandes partidos, ese mérito diferencial, se viene abajo si los enfrentamientos internos toman a saco el partido supuestamente renovador, si las luchas internas se ceban en los militantes de UPyD será difícil hacer creer a los votantes todo aire de renovación, toda apariencia de cambio, se borrarán las más grandes señas de identidad de quienes pasarían a ser unos recién llegados más. Otros más a chupar del bote. Y sería su fin.