La huelga de funcionarios del pasado martes fue todo menos un éxito. A la mayoría de funcionarios no podía olvidársenos el triste papel de comparsas de Zapatero que durante años siguieron las dos uniones sindicales mayoritarias y la huelga se celebró casi contra ellos: todos, o la mayoría, en el puesto de trabajo. Y conste que me refiero exclusivamente a los sindicatos generalistas, no a los de funcionarios propiamente dichos, que carentes de las dimensiones de CCOO o UGT se han limitado durante este tiempo a hacer lo que podían.
Tomásemos la postura que los funcionarios tomásemos siempre sería interpretada por unos o por otros a su favor. Si acudíamos al trabajo el gobierno aludiría necesariamente a la seriedad y responsabilidad de los empleados públicos que comprenden que el Gobierno no sólo ha emprendido el camino correcto sino que está de su parte a pesar del recorte de salarios. Si no acudíamos al trabajo y secundábamos la huelga, UGT y CCOO, que durante años han aplaudido con las orejas la disparatada política zapateril cuya extrema prodigalidad monetaria ha colaborado con la crisis para llevarnos a la actual situación, considerarían que no nos hemos percatado de que ellos son corresponsables de la actual situación en calidad de aplaudidores, palmeros y tiralevitas.
La huelga no fue huelga, sino huelguita, y los que aparentemente apoyamos a Zapatero en realidad lo que hicimos fue preguntarles a los dos principales sindicatos dónde estaban hace tan sólo un año, tan sólo un año, cuando el Gobierno regalaba 400 € a cada contribuyente, subvencionaba a homosexuales de Zimbabwe o se gastaba miles de millones que ahora hemos de pagar con nuestro sueldo para levantar tapias nuevas en los cementerios de media España, pintar casas consistoriales o construir peligrosos carriles bici que nadie con buen sentido usa.
Zapatero no inventó la crisis, pero la negó sistemáticamente, intentó tomarnos el pelo y convencernos de que sin hacer nada, sin tomar decisiones y sin mojarse todo se solucionaría, que ya vendría tita Ángela y lo remediaría. Bien, pues ya ha venido, quizá demasiado tarde también, y así nos vemos. Con Zapa ya arreglaremos cuentas en las próximas elecciones.