Dado que adivino no soy no puedo saber cuánta ventaja le va a sacar Rajoy al PSOE en las próximas elecciones. Claro está que va a ganar, incluso a pesar de Rubalcaba, pero yo que el PP no echaría las campañas (digo bien) al vuelo. El votante puede entender que el PSOE ya ha recibido el castigo merecido en las pasadas autonómicas y volver, tal vez, a su ser natural: “¿Yo de derechas? ¡Vamos, anda!”. De eso, de un rejonazo en todo lo alto, se ha tratado en las pasadas elecciones.
Pero si Rajoy tiene que envolverse en mil pactos con los nacionalistas para poder gobernar con comodidad, ¿cuánto aguantará el PP? Me pregunto dónde estará el punto que haga que Rajoy abandone, cuál será el porcentaje que los barones baronesas, líderes y lideresas, del PP estimen como límite de su paciencia. Porque… ¿detrás de Rajoy quién está? ¿Quién podrá sustituirle si por tercera vez no obtiene el resultado apetecido?
Que un subordinado de Felipe González sea el sustituto de Zapatero no es muy favorablemente sugerente sobre la regeneración de los partidos políticos españoles. Que nos presenten ahora a Rubalcaba como renovación, como el futuro, como la novedad, como la solución que el PSOE necesita resulta triste, penoso, lamentable. Que para ganar las elecciones, o no fracasar demasiado, necesiten los candidatos llegar a posiciones demagógicas, populistas y antañonas entristece a los pensamos que el 15M podría haber dado qué pensar a nuestros dirigentes. Digo yo si será que no tenemos solución.
¿Dónde están los futuros líderes políticos de España? ¿Trabajando de arquitectos en Alemania? ¿De médicos en Inglaterra? ¿O estarán también en edad próxima a la jubilación?