Que se metan la guerra civil por el culo

La de ayer fue la octava o novena vez que he asistido a la representación de Carmen en l’Arena de Verona. Pero ayer me marché en el segundo acto. Que les den. No, esta no es una columna de critica musical. Mis escasos conocimientos me lo impedirán. Se trata de la guerra civil. Sí.

Sabido es que Carmen es una sucesión de tópicos amalgamados que el romanticismo tuvo a bien echar sobre nosotros, pobres españoles. Merimée y Bizet los dispusieron todos bien en fila, sus obras tuvieron éxito y Carmen no se baja nunca de los más grandes escenarios. Amenjesús, aceptamos pulpo como animal de compañía.

Lo de ayer fue un engaño, un timo orquestado con la estúpida intención y con la banal esperanza de complacer a los espectadores más brutos e ignorantes sobre España. Con la intención de hacerles cosquillas en las neuronas inexistentes a los más analfabetos espectadores. Alguien había decidido que la acción de la obra debía trasladarse a la guerra civil española. Como si hubiese un director de cine subvencionado por el ministerio de Cultura.

El escenario se presentaba como una plaza de toros, con barrera y burladeros incluidos, pero con el frente abierto para que los espectadores pudiéramos ver, desde antes del inicio, que había un enorme toro muerto en el centro del ruedo. ¿Merimée? No, algún inepto que previó que eso añadiría exotismo. Payaso. Para que todo quede claro el escenario de l’Arena estaba claramente ocupado por milicianos. Guerra civil española. ¿Por? Por exotismo y romanticismo, supongo. Payaso, repito. La primera escena, antes de que verdaderamente hayan sonado las primeras notas, consiste en levantar las barreras y burladeros que simulaban la plaza de toros. Todos los burladeros menos uno. De pronto, sin que aún haya pasado algo sobre el escenario, los milicianos arrojan contra ese burladero a alguien al que inmediatamente fusilan. Pataplán, pataplán suenan los fusiles. Más guerra civil. ¿Lo escribió Merimée o Bizet? Algún payaso, otra vez, que quiso representar así el momento histórico. España, tierra de muerte y violencia. Les debe “poner” mucho a algunos. Payasos. Sí, otra vez.

Solo ahora empieza en realidad la representación, camiones, coches y un sidecar de los años 30 del pasado siglo están en escena. Toma Bizet! Comienza la acción, de un lateral del escenario salen dos curas que son apalizados por los soldados, ¿puedo deducir por tanto que se trata del bando republicano? Mal deducido, que a continuación alguien iza una enorme bandera de España que permanece en el mástil todo el primer acto.

La obra sigue sus derroteros habituales, pero sin los soldados y policías diseñados por Bizet. Alguien ha pretendido mejorarlo y ha puesto soldados de 1936 sobre el escenario. Incluso hay boinas rojas similares a las carlistas. En el segundo acto la decoración ha cambiado, el escenario está lleno de carteles propios de la época, publicitando bebidas, visitas a Sevilla o espectáculos de toros. También veo carteles que contienen alusiones a las flechas símbolo de la Falange. Si Merimée levantara la cabeza pediría que se la cortaran…

Sigue la obra, Carmen convertida en una miliciana…Cuando acaba el segundo acto se despliegan seis enormes banderas republicanas y varias de la C N T. De improviso, de lado a lado del enorme escenario aparecen unas gigantescas pancartas sobre la mujer, la guerra civil, la lucha y las libertades femeninas. Por un segundo temo que por allí aparezca Echenique y su moto a echarnos un mitin a los infelices espectadores. Después me pregunto si no aparecerá de un momento a otro Irene Montero a encabezar la mani y sacar provecho…

Me voy, me piro aprovechando el descanso… estoy saturado de guerracivilismo, prefiero las habituales gansadas de nuestros directores de cine, Amenábar, Almodóvar y otros tíos del montón, todos ellos varias veces vencedores del franquismo. Los prefiero porque sabiendo que se trata de ellos y sus obras me quedo en casa disfrutando gratis del calor de hogar y del amor de mi mujer. Debo reconocer que estos italianos han jugado sucio, no me lo esperaba y me la han metido hasta la cruz. Cabrones los de la ópera. También puede ser que nadie les haya avisado de que la paleoizquierda española está permanentemente reviviendo la guerra civil, de que lamentablemente la guerra civil es todavía un tema presente entre nosotros, que en vez de ir apagándose está de plena actualidad gracias a los que no comprenden que la paleohistoria no interesa al común ciudadano. Yo podría haber disfrutado esta ópera si nuestros ineptos políticos hubieran dejado que la guerra muriera en paz.

PD. Por no entrar en la cuestión artística he dejado de lado que el director de la escenografía era Hugo de Ana. Argentino. Como Pisarello. Como sor Lucía Caram. Como Echenique. ¿Pero qué cojones tienen los argentinos contra nosotros, por qué nos envían a estos elementos, qué narices les hemos hecho?

(Amici italiani, non vi preoccupate, vi voglio bene, siete sempre bravi tutti. Tranne questi stronzi dell’opera di ieri. Mi dispiace.)

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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