A mí me daría vergüenza ser Amenábar

A mí me daría vergüenza ser Amenábar

A mí me daría vergüenza ser Amenábar, ser como Amenábar. Ser sectario, ver la realidad desde las anteojeras de un asno, no debe ser nunca ningún mérito, antes bien es una señal de decrepitud, de fanatismo, de escasa inteligencia, de falta de objetividad, cultura y actualización.

Ser maricón, llamémoslo en inglés, ser gay, o llamémoslo en castellano políticamente correcto, no es nunca un desdoro. A mí me la refanfinfla con quién tiene sus emociones este señor. O el de más allá.

 Es más, sospecho que mi panadero es maricón, gay u homosexual. O simplemente que es muy redicho, excesivamente educado o que le gustan las posturitas. Me trae al pairo entre otras cosas porque sospecho que mi pescatero es heterosexual, le gustan las tías o como ustedes quieran llamarlo. Tanto monta.

Pero ser Amenábar tiene que ser un castigo de Dios. O de la Naturaleza si son ustedes laicos. Tampoco me emociona. Allá cauno. Un castigo. Qué cansancio emocional tiene que ser ver a Franco por doquier, desde que te levantas hasta que rezas”cuatro angelitos tiene mi cama”. O “Cuatro Iglesias tiene mi chalé” si ustedes quieren. Franco, Franco, Franco. Con Franco me acuesto, con Franco me levanto, maldita sea mi estampa. Bueno, la suya. 

Amenábar ve a Franco en la sociedad actual, allá donde vaya. En los partidos independentistas: Franco. En su propio matrimonio con un hombre: Franco. En las elecciones ganadas por el Psoe: Franco. En la Justicia que condena a los hombres por ser hombres: Franco. En Rufián dando muestra de su preclara inteligencia: Franco. En las euskal kozinas por la libertad de la mujer, Franco.

Amenábar ve a Franco allá donde vaya. En el fútbol, en que haya autonomías de primera y de segunda. Sin embargo en que seamos de los países más descentralizados no ve nada, en que seamos de los países más generosos en la donación de órganos no ve nada, en que seamos de los países con leyes más favorables a las mujeres no ve nada, en que nuestra seguridad social, con tooooodas sus limitaciones, sea de las mejores del mundo no ve nada. Lloro, peno, aprieto los dientes y pienso, pero ¿por qué, Señor Dios (o por qué, señor Sánchez), no habrán querido los hados que naciera francés, ruso o  sudafricano? Así sabría lo que es el centralismo y el desprecio a las particularidades en Francia, así habría sabido lo que es ser homosexual bajo el régimen de Putin, así habría sabido lo que es el racismo anti blancos. Maldita sea su mala suerte, le tocó ser español.

Amenábar ve a Franco dese que se levanta hasta que se acuesta, con independencia de lo que desayune o se meta en el cuerpo. Franco, Franco, por siempre Franco. Tiene que ser angustioso combatir a Franco cuarenta años después de su fallecimiento. Del de Franco digo. Angustioso, muy angustioso. Vas a cruzar una calle y en vez del semáforo de peatones ves a Franco. Vas al fútbol y en vez de Messi ves a Gento. Ves la televisión y en vez de Matías Prats hijo ves al padre. Angustioso. Será por eso que cada vez que Amenábar nos amenaza con una nueva peli nos sepamos ya de antemano el argumento. Tiene que ser duro ser Amenábar y pensar solo en Franco. Y en cómo ser original dirigiendo la enésima película, siempre absolutamente original e inédita, sobre la guerra civil. Algo que jamás nadie había hecho. 

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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