Nos tomaban por tontos

Nos tomaban por tontos

Es esta la primera vez que me alegro contundentemente de una victoria del PP. Alegrarse de la victoria de un partido, apoyarle o no, votarle o no, no añade ni quita ningún mérito a nadie, no se es mejor o peor persona por ello. Pero en esta ocasión voy a tomarme un buen vaso de vino de Ribera de Duero a la salud de Isabel Díaz Ayuso, que no del PP

De la victoria del PP de Madrid me alegra que haya servido para echar de la política el adanismo de Pablo Iglesias, su superioridad moral, las flagrantes contradicciones entre su discurso y su vida, su victimismo, su macarrería, perdónenme la palabra. La clase obrera a la que quería representar no tiene por qué ser tan barriobajera, tan chabacana, tan ordinaria y vulgar.

Me alegra también que haya derrotado al populacherismo, digo bien, de un gobierno que se salta la ética a su antojo, creyendo que nunca se le iba a pasar factura por su actuación, un gobierno que cree que firmar el BOE le da derecho de pernada, que nos trataba a todos como personal despreciable, estorbador, molesto, al que había que sortear como fuera para que no diese el coñazo, como si todos fuésemos ignorantes a los que había que servir pero no tratar como seres iguales. Episodios como el nombramiento de la Fiscal General del Estado, lo de Ábalos con Delcy en Barajas, lo de Tezanos y el CIS, demuestran la falta de conciencia crítica de un partido entregado atado de pies y manos a su secretario general. Y su desvergüenza.

Cuando nos hablan  de “españoles y españolas”, de “ciudadanos y ciudadanas”, de “amigos y amigas” se dirigen a las gentes más ideologizadas, (sí, y también a las más incultas, a veces) esas que tragan con todas las barbaridades con tal de que provengan de los suyos, esas personas que no saben, o prefieren no saber, que las manipulaciones del lenguaje tienen como destino las manipulaciones de la mente y, al final, del voto.

La derrota absoluta de esa izquierda que nos habla de la inminente irrupción del fascismo, que nos amenaza con el infierno fascista (fascista fue el PP hace años; luego lo fue Ciudadanos, a quien se negó el acceso a una manifestación, y ahora lo es Vox, esa abominable ultraderecha antifeminista) es la derrota, -debería serlo- de una torpe forma de hacer política a calderazos, de intentar pintar como Goya, Velázquez o Picasso con brocha gorda.

No digo que España sea un país culto y preparado para la alta política, un país que sea crítico con los mensajes trasmitidos del poder a la sociedad, un país que sepa distinguir entre Fernando Savater y Jorge Javier Vázquez, entre Belén Esteban y Emilia Pardo Bazán, no. Pero el empeño de dirigirse siempre a la masa más bruta, más acrítica y más asilvestrada trae a la larga consecuencias nefastas. A veces, solo a veces, la gente se siente maltratada moralmente.

De haber atacado a Madrid, de haber menospreciado, insultado y agraviado a los madrileños podremos hablar otro día. De momento déjenme confiar en que el PSOE cambie urgentemente de líderes y de modos, recupere la senda que nunca debió abandonar y no se convierta en el partido socialista italiano, francés o griego, dejando paso a los comunistas de Más Madrid que no se atreven a llamarse Más España porque eso es fascista, antifeminista, contravegano, antianimalista, franquista y anti LGTBIHKJÑW.

(Y mientras nos hablaban de “madrileños y madrileñas, de “hijos, hijas e hijes”, los más pobres, los desheredados, los obreros, los más indefensos quedaban con sueldos precarios o en paro los más desafortunados. Abandonados a pesar de frases tan publicitarias como aquella de “Nadie quedará atrás”. Ya.)

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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