ARTÍCULO EN ABC DE IGNACIO CAMACHO

‘¡Mátame camión!’ Queda al descubierto la jugada que escondía el trilero Sánchez desde la noche electoral del 28-A

"No te dejes engañar con cuentos ni baratijas. Frankenstein o elecciones: ésa ha sido desde abril la única alternativa"

'¡Mátame camión!' Queda al descubierto la jugada que escondía el trilero Sánchez desde la noche electoral del 28-A
Pedro Sánchez, el Frankenstein de la política española

No va más. Ignacio Camacho deja al descubierto la jugada que escondía Pedro Sánchez.

En su tribuna del diario ABC este 23 de junio de 2019, el autor deja bien a las claras a sus lectores que el presidente del Gobierno en funciones nunca tuvo la intención de pactar nada con los partidos moderados, sino que su idea era reeditar el Gobierno Frankenstein o bien, con el argumento de hacerse la víctima de no haber dejado gobernar al partido más votado, ir a la repetición electoral.

Apunta Camacho que desde la noche de las elecciones del 28 de abril de 2019 el jefe del Ejecutivo tenía todo pensado:

Cuando todo esto acabe –’esto’ es la comedia de los pactos, el mercado negro de los votos– te darás cuenta de que el final será el que estaba previsto desde el principio. Que los partidos, y en especial el PSOE, tenían tomadas sus decisiones en la noche del escrutinio, puede que incluso antes, y que durante estas semanas o meses sólo han pretendido encontrar el modo de justificarse a sí mismos.

Apunta que la idea es investirse con los votos de los de Pablo Iglesias y los golpistas con la amenaza de que si no es presidente se irá a una repetición electoral:

Desde que la política se convirtió en un asunto de marketing, la teoría de los marcos mentales se ha desarrollado hasta extremos paroxísticos, trasladándose desde la lógica disputa por las ideas dominantes a la de un combate entre consignas y argumentos nimios: que si tú no me apoyas, que si yo te veto, que si te vas con Vox yo me largo con Bildu, que si tus aliados son menos legítimos que los míos. Se trata de encontrar pretextos para simular un proceso de decantación que nunca ha existido; para envolver estrategias trazadas de antemano en la escenificación de un debate ficticio. Habrá investidura con Podemos y la colaboración del separatismo o nuevas elecciones, y jamás nadie ha contemplado la hipótesis de otro camino.

Recuerda Camacho que:

Porque fue Sánchez el que planteó las elecciones como un dilema: a un lado la foto de Colón, el trifachito, las tres derechas, y al otro él con su bloque de la moción de censura sin opciones intermedias. Ganó él, qué se le va a hacer, aunque la victoria se le quedó algo estrecha para permitirse el lujo de dejar, como le hubiese gustado, a los indepes fuera.

E insiste en que desde el PSOE ya tuvieron que frenarle los pies a sus coqueteos con el golpismo, aunque entonces fue más sencillo al tener un paupérrimo caudal de escaños:

Hace tres años, en 2015, sacó un resultado mucho peor e hizo las mismas cuentas, al punto de que los suyos tuvieron que defenestrarlo para que no armase la inquietante coalición que tenía en la cabeza. Ahora que es presidente gracias a ella y que lidera con claridad el bloque de izquierdas, quién podría ser tan ingenuo para imaginar en serio que sienta remilgos de reafirmarse en su idea. Si ya aceptó los votos de los golpistas y se sentó en Pedralbes a su mesa, como va a ver en su abstención un problema.

Dice que el único punto imprevisto del plan fue que de haberse apoyado en Ciudadanos, habría dado la suma para un Gobierno sin podemitas y golpistas, pero que Albert Rivera facilitó las intenciones de Sánchez con sus mensajes contra el candidato socialista en campaña:

El único detalle problemático del plan es que esta vez las urnas arrojaron la posibilidad de una mayoría entre socialistas y Ciudadanos. Pero Rivera le había puesto las cosas fáciles durante la campaña con su insistente rechazo: bastaba con organizar un clima de opinión que culpase al líder naranja de frustrar el pacto por su tozudo empeño de ir con el PP y Vox de la mano. Nada difícil cuando se dispone de fuerte apoyo mediático. Ya sólo queda blanquear a Bildu por si Junqueras baja el pulgar a última hora desde su encierro y es menester exportar a las Cortes el flamante modelo navarro. Ésa es la etapa actual: la ‘normalización’ de los chicos malos, aunque para el caso haya que cometer la tropelía de equiparar a Ortega Lara con sus victimarios.

Y advierte severamente a sus lectores:

No te dejes engañar con cuentos ni baratijas. Frankenstein o elecciones: ésa ha sido desde abril la única alternativa.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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