La imagen mata cualquier atisbo de españolidad que intente vender el PSOE a sus electores. Mucho vender la idea de una España fuerte, capaz de hacer frente al nacional-separatismo catalán, pero a la hora de la verdad se oculta la palabra ‘España’ de los mítines socialistas en cualquier localidad de Cataluña.
Álvaro Martínez, en ABC, resalta la doble imagen que ofreció el PSOE durante el 30 de octubre de 2019. Dos mítines, uno de Carmen Calvo en Badajoz y otro de Pedro Sánchez en Barcelona. ¿Ven ustedes algo extraño? Efectivamente, toda mención visual a España está escondida aviesamente en el acto del presidente del Gobierno en funciones.
Así lo detalla el columnista del diario de Vocento:
‘Ahora, España’, en Badajoz; en Barcelona, ‘Ahora, sí’. He aquí la esencia (o en realidad el drama) del sanchismo, la última erupción ideológica que le ha salido al PSOE y quizá la más ajena a la última letra de la histórica sigla, ese desconcertante brote que le lleva, por ejemplo, a que en el atril de Extremadura ponga una cosa y en el de Cataluña otra. Y una tercera quizás en Baleares, y una cuarta en Galicia y una quinta en el País Vasco, donde su lideresa local brinda con Otegui, aquel que seguramente en su día aplaudió los cinco tiros que un pistolero etarra descerrajó a Isaías Carrasco, o el disparo en la nuca (siempre tan cobardes) que acabó con la vida de Fernando Múgica, ambos militantes socialistas.
Y añade:
España pasa a un lugar secundario cuando Sánchez viaja a Viladecans (Barcelona) o a cualquier otro municipio catalán. Está, pero de lejos. Porque allí, en ese socialismo, quien manda es Iceta y quien obedece y baila a su compás es el que mande en Ferraz. Ayer, el primer secretario del PSC se ufanaba en Twitter de haber forzado a Sánchez a incluir el asunto de la plurinacionalidad y el federalismo de España entre los objetivos que aparecen en el programa electoral con el que el doctor comparece a las elecciones del 10-N.

