"Sánchez e Iglesias saben que la ciudadanía los echaría a patadas"

Los ‘5 minutos de oro’ de Santiago Abascal, presidente de VOX

Cuando conocí a Santiago Abascal, acababa de cumplir los 20 años y ya había un constante en su vida: los terroristas de ETA lo tenían en la mira.

Era un chaval, recién ingresado en la Universidad de Deusto para estudiar Sociología y nos encontramos en la tienda de su familia, la misma que atacaron hace unos días los facinerosos.

Siempre que había elecciones generales en España, Pedrojota Ramírez, por aquel entonces director de ‘El Mundo‘, me hacía volver de ultramar y me encargar hacer una serie de reportajes a lo largo y lo ancho de la geografía española, pulsando el ambiente, las sensaciones, las quejas, pesares, ilusiones y sentimientos de la ciudadanía.

Tenía total libertad para elegir temas y escenarios.

En el País Vasco, en aquella ocasión, elegí Alava porque me llamó la atención la peripecia de Santiago Abascal Escuza o Abascal padre, un hombre afable, que llevaba décadas siendo objetivo etarra, y no desfalleció nunca pese a que fue perseguido con ahínco por los asesinos del hacha y la serpiente.

Dueño de una tienda de ropa en Amurrio, un pequeño pueblo del Valle de Ayala, pasó buena de su vida con escolta, para que un tiro en la nuca no se la robase, viendo dianas con su nombre por casi toda Álava.

Pero a la hora de la verdad, no fue tanto la figura del padre en la que centré mi artículo, sino en la del hijo, quizá porque me era más sencillo imaginar lo que pasaba por el corazón del chaval cada día que acudía a clase y además, siempre sonreía.

Temor, solo de Dios como los soldados de los Tercios españoles.

No tenía entonces Santiago Abascal ese corpachón de atleta ni ese perfil barbado, que recuerda a los osados que hace cinco siglos se encaramaban a una carabela y se iban al otro lado del mar a hacer las Américas a mandobles y espadazos.

Hacía apenas unas horas que los abertzales de HB, ahora Bildu y socios del PSOE y del Gobierno Sánchez, habían pintarrajeado sus caballos con groseras amenazas, pero no parecía Santiago estar alterado ni tener miedo.

De hecho, fueron unos meses después cuándo -porque no había gente dispuesta a arriesgarse y el PP necesita como fuera candidatos- se presentó a las elecciones municipales y obtuvo su primer cargo público, al ser elegido concejal del Ayuntamiento de Llodio.

Tenía entonces Santiago Abascal 23 años, casi la mitad justo de los 44 que cumplió el pasado 14 de abril y en muchos sentidos, ha cambiado poco, aunque por el camino haya habido un divorcio, dos mujeres y cuatro hijos, además de la gesta de poner en pie un partido llamado VOX, que con 52 diputados es la tercera fuerza política de España.

 

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