Luis Ventoso titula su columna en El Debate este 12 de mayo de 2025 como Una intimidad déspota y macarra.
El periodista plantea una tesis que resuena con fuerza: la invasión de la esfera pública por una exhibición impúdica y ruidosa de lo privado, marcada por el narcisismo y la falta de pudor. Ventoso no solo se limita a describir un fenómeno, sino que lo disecciona con precisión, alertando de sus consecuencias para la convivencia y el sentido mismo del espacio común.
La columna arranca con una observación aguda sobre el clima social: la privacidad ya no es un valor, sino un obstáculo para quienes entienden la vida como un escaparate permanente. En este contexto, Ventoso apunta que “la intimidad se ha convertido en un trofeo, en algo que mostrar como si fuera una medalla conseguida tras años de entrenamiento en el gimnasio del ego”. Esta frase resume el núcleo del artículo: el paso de lo íntimo a lo público como norma, y su imposición incluso sobre quienes preferirían preservar cierta reserva.
Entre las reflexiones literales que despliega Ventoso destacan algunas que ilustran tanto su estilo como su diagnóstico:
- “Ahora asistimos al desfile imparable del yo, a la necesidad constante de contar todo lo que se siente, se piensa o se hace, sin que medie filtro alguno.”
- “Se ha perdido el respeto a ese silencio interior que antes protegía los matices del alma; hoy el grito sustituye a la confidencia.”
- “Quien opta por no compartirlo todo es visto casi como un sospechoso, alguien que esconde algo impropio o anticuado.”
A lo largo de su columna, el autor utiliza ejemplos cotidianos para ilustrar cómo las redes sociales y ciertos formatos televisivos han convertido la vida privada en materia prima para el consumo rápido y superficial. Con ironía, señala: “No hay conversación banal ni anécdota trivial que no merezca ser grabada o retransmitida en directo, aunque solo sea para un puñado de desconocidos.” Esta frase destila tanto crítica como resignación ante una tendencia que parece imparable.
En otro momento clave del texto, Ventoso conecta este exhibicionismo con un deterioro del debate público y una creciente incapacidad para escuchar al otro: “La saturación del yo nos ha dejado sordos a las voces ajenas; solo queremos oírnos a nosotros mismos amplificados por likes y retuits.” Así, la columna no solo denuncia un fenómeno cultural, sino que alerta sobre sus implicaciones sociales: menos empatía, más ruido y una peligrosa tendencia al monólogo colectivo.
El artículo también incluye una reflexión final cargada de nostalgia y advertencia: “Quizá algún día echemos de menos aquel tiempo en el que las cosas importantes se decían en voz baja y solo a quien realmente importaba.” Aquí late la esperanza –o el deseo– de recuperar cierta moderación frente al exhibicionismo reinante.
Claves temáticas destacadas
- Narcisismo digital: Ventoso describe cómo las nuevas tecnologías han “entronizado la autoexposición”, haciendo del yo “un producto de consumo”.
- Desaparición del pudor: La privacidad deja de ser valorada; todo debe ser compartido y celebrado públicamente.
- Consecuencias sociales: El predominio del yo rompe los puentes con los demás y dificulta cualquier diálogo auténtico.
- Crítica a los medios: Los formatos televisivos y digitales actúan como catalizadores de esta tendencia hacia la “intimidad macarra”.
Un estilo inconfundible
Ventoso demuestra, una vez más, por qué es considerado uno de los columnistas más lúcidos e incisivos del panorama español actual. Su prosa conjuga ironía y rigor, así como un distanciamiento crítico imprescindible para analizar fenómenos tan arraigados. El uso reiterado de frases textuales refuerza la contundencia del mensaje:
- “El exhibicionismo sentimental no solo es tolerado: se ha convertido en virtud cívica.”
- “No es extraño ver cómo incluso las desgracias personales pasan a formar parte del repertorio público sin rubor alguno.”
En definitiva, “Una intimidad déspota y macarra” es tanto una radiografía certera del presente como un aviso para navegantes: si seguimos rindiendo culto al yo sin medida ni pudor, acabaremos perdiendo aquello que hace valiosa la intimidad. Un texto que invita a repensar nuestra relación con lo privado y lo público en tiempos de hiperconexión.
