El pesebre.
En La Moncloa, para periodistas adictos al régimen sanchista y con pienso abundante.
En forma de tertulias, subvenciones, campañas de publicidad y cargos bien remunerados.
España atraviesa una de sus etapas más turbulentas en el ámbito político y mediático.
El batacazo del fiscal general, condenado por la Sala Segunda del Tribunal Supremo, ha puesto de manifiesto la profunda crisis que atraviesan nuestras instituciones y el papel que desempeña el Gobierno de Pedro Sánchez en este proceso de deterioro de los derechos y libertades.
En este contexto, una parte considerable de la población afronta la sucesión de escándalos con resignación, como si se tratara de un mero trámite que se resume en un: «Bueno, otra más, ¿y..?».
Este cúmulo de despropósitos ha creado una coraza de apatía y desinterés social.
El gran triunfo del Gobierno Frankenstein es esa anestesia colectiva: la sociedad parece ignorar lo que sucede a su alrededor, atrapada en cortinas de humo que desdibujan cualquier escándalo en el debate público.
La polarización no solo no moviliza, sino que empuja a los extremos, anula a los moderados y desconecta a la mayoría del hilo informativo.
Las encuestas reflejan una ciudadanía cada vez más fragmentada y escéptica ante lo que ocurre.
En medio de esta situación compleja resuena con fuerza una pregunta inquietante: ¿Quién nos va a pedir perdón?
Recordando lo que en un derroche de chulería dijo Sánchez desde Bruselas, cuando la UCO confirmó que no encontraba ‘pruebas‘ definitivas en el teléfono de García Ortiz, obviando que no se localizaban porque habían sido borradas o destruidas.
A nadie se le oculta que el marido de Begoña, urde siniestros planes de cara a próximas elecciones.
A la permanente tentación de hacer trampas, lo que no es fácil, se suman, como estamos viendo, la manipulación de las encuestas, las campañas de desinformación, la erosión del periodismo libre y el asalto a Justicia.
La degradación institucional junto con esa erosión mediática exige responsabilidades claras así como una reflexión sincera sobre qué rol juega hoy día nuestra prensa respecto a cuestiones éticas e informativas además del resguardo fundamental hacia derechos ciudadanos imprescindibles.
Mientras persista esa anestesia colectiva tan peligrosa seguiremos librando una batalla crucial por verdad legítima frente al abuso sistemático del poder.
La historia no concluye aquí: cada jornada trae consigo nuevas sorpresas desde ese régimen, pero aún hay quienes continúan buscando respuestas claras, exigiendo explicaciones contundentes.
La “torrentización” del poder y la ocupación de las instituciones
Desde que Sánchez accedió a La Moncloa tras la moción de censura, ha llevado a cabo una ocupación sistemática de espacios institucionales.
La alineación de RTVE con el Gobierno, el desprestigio del CIS, el uso partidista del fiscal general y el respaldo legal a acuerdos legislativos por parte del Tribunal Constitucional son solo algunas muestras.
Las empresas públicas han pasado a ser refugios para familiares y amigos del partido, en un proceso donde la corrupción se normaliza y los principios éticos quedan gravemente dañados.
El asunto del fiscal general destapó cómo se utiliza la Fiscalía para intereses partidistas y familiares, implicando al propio Ejecutivo en una guerra sucia contra sus adversarios políticos.
La respuesta del Gobierno no ha sido asumir responsabilidades; más bien se traduce en ataques al Poder Judicial y en perpetuar un relato victimista: cualquier decisión adversa se presenta como parte de una conspiración judicial orquestada por la derecha.
Periodismo en la España de Sánchez: entre la sorpresa y la depresión
Ser periodista en esta etapa es interesante porque cada día el régimen sanchista sorprende con acciones dignas de mención. Sin embargo, también es profundamente deprimente debido a la constante degradación del sistema y a la indiferencia social hacia el deterioro de derechos fundamentales.
La llamada “Brunete Pedrete mediática”, formada por medios y comunicadores afines al Gobierno, recibe recompensas que se traducen en cargos, subvenciones y beneficios diversos, consolidando así una red de intereses entre el poder político y mediático.
Esta instrumentalización tiene consecuencias graves: por un lado, pone en riesgo la credibilidad de los medios al estar tan cercanos al poder; por otro lado, amenaza al periodismo independiente con presiones constantes, ataques directos y marginación dentro de un entorno donde informar se convierte en un arma arrojadiza.
Ética y credibilidad informativa: ¿quién verifica a los verificadores?
El último Digital News Report España 2025 revela que un 75% de los españoles apoya el papel democrático del periodismo, pese al aumento de desinformación y desconfianza. Sin embargo, fenómenos como la fragmentación informativa o el distanciamiento ante las noticias son cada vez más comunes.
Un 37% evita deliberadamente estar al tanto de lo que sucede principalmente por falta de confianza en los medios, saturación informativa o las repercusiones emocionales negativas que provoca recibir información constantemente.
La televisión sigue siendo el canal predominante para acceder a noticias; sin embargo, su influencia disminuye frente a las redes sociales, las cuales son ahora utilizadas como fuente principal por un 28% de los ciudadanos. En apenas seis años, los diarios impresos han visto reducida su audiencia a casi la mitad.
Tanto las emisoras radiofónicas como las ediciones digitales también sufren caídas significativas mientras formatos audiovisuales y algoritmos crecen sin parar.
Un 57% identifica a los políticos como fuente principal de desinformación; es un dato alarmante si lo comparamos con otros países analizados. Las redes sociales han tomado fuerza como canales para difundir noticias falsas; además, muchos opinan que es crucial que estas plataformas eliminen contenidos engañosos o perjudiciales.
El papel de la prensa frente a la desinformación
El Barómetro 2025 elaborado por UTECA junto con otros estudios recientes corroboran que tanto prensa escrita como digital son vistas como el principal baluarte contra la desinformación. Un abrumador 93% sostiene que sin televisión, radio ni prensa circularían aún más bulos. Contrastando información con medios profesionales es considerado por muchos como el método más eficaz para validar datos dudosos. No obstante, hay una percepción generalizada sobre una falta de confianza hacia las noticias: un 40% afirma desconfiar dela información recibida aunque esta confianza aumenta cuando se trata del contenido que cada persona consume personalmente.
La alfabetización mediática sigue siendo insuficiente: solo un 18% dice haber recibido formación sobre cómo manejar información adecuadamente. A pesar de esto, más de la mitad está preocupada por su capacidad para distinguir entre lo verdadero y lo falso en esta era digital.
La “Brunete Pedrete mediática” y las recompensas del régimen
En los últimos años ha crecido notablemente la conexión entre medios afines al Gobierno y este mismo. Cargos públicos, dádivas e incluso fondos europeos fluyen hacia comunicadores y empresas mediáticas cercanas al poder; esto fortalece una estructura que favorece narrativas oficiales mientras penaliza cualquier crítica válida. Aquellos periodistas que resisten esta dinámica enfrentan presiones crecientes junto con amenazas e incluso marginación dentro del ecosistema informativo.
El éxito del régimen sanchista radica en mantener al pueblo narcotizado mediante ruido informativo constante e incontables cortinas de humo. La población tiende a alejarse cada vez más del panorama noticioso mientras medios afines refuerzan incansablemente el relato gubernamental; todo esto debilita aún más el papel fundamental que debe ejercer la prensa como contrapeso democrático.
Polarización, desinformación y la paradoja de la credibilidad
La polarización genera un efecto triple: radicaliza posturas extremas, anula voces moderadas e impide conectar con una mayoría silenciada. El Informe Kreab 2025 pone sobre la mesa cómo cambia nuestra percepción sobre los medios dentro este contexto lleno de fragmentaciones e inundaciones informativas engañosas. Así las cosas, está en juego no solo nuestra confianza sino también la sostenibilidad misma de formatos tradicionales frente a unas dinámicas nuevas e inusitadas.
El periodismo español enfrenta hoy enormes desafíos para mantener altos estándares éticos mientras lucha por preservar su credibilidad en medio de este entorno hostil. La presión política constante junto con influencias provenientes desde redes sociales sumadas a las fake news producidas incluso por inteligencia artificial ponen seriamente a prueba tanto los principios profesionales como nuestra capacidad para verificar información verazmente.
