ESPAÑA Y SUS HEROES

Pérez-Reverte se lia a mandobles en defensa de Blas de Lezo ante las idioteces de la «presunta izquierda»

Pérez-Reverte se lia a mandobles en defensa de Blas de Lezo ante las idioteces de la "presunta izquierda"
El escritor Arturo Pérez-Reverte. EP

Se le esperaba y ha acudido a la batalla (Pérez-Reverte deja en ridículo a Pedro Sánchez con una sola palabra por la guerra de Bosnia).

El debate que se ha generado en torno a la petición de Vox de rodar una película sobre el marino vasco Blas de Lezo, el héroe español en la defensa de Cartagena de Indias ante el ataque de la fuerza naval inglesa del almirante Vernon registrado en 1741, tiene cada vez más protagonistas (El pastizal que Cobeaga ha recibido en subvenciones y que explica su estúpida burla a Blas de Lezo ).

La polémica, como todas, presenta dos bandos enfrentados: la que expone la necesidad de dar a conocer la épica historia del Almirante Patapalo y la que ha utilizado esta reivindicación para hacer sátira con ella (Ussía le mete una brutal cornada al «burro, zafio y sectario» cineasta que se burló de Blas de Lezo: «Usted es gentucilla»).

Eso ha molestado especialmente al escritor Arturo Pérez-Reverte, que siempre tiene cargado su fusil de la palabra para disparar en las redes sociales.

El académico de la RAE se refiere a bromas tales como «Blas de Lezo tuvo muy mala pata» -al marino se le conocía como Medio hombre al quedar cojo, manco y tuerto a los 26 años a causa de los enfrentamientos marítimos-, y propone a esa «presunta izquierda» que sea tan ingeniosa con Buenaventura Durruti, el dirigente anarquista que murió durante la defensa de Madrid en la Guerra Civil al pegarse un tiro de forma involuntaria.

El pasado domingo, el escritor, que publicará próximamente un libro que recopila sus columnas periodísticas sobre acontecimientos de la historia de España, recuperó un texto que había escrito hace ocho años sobre Blas de Lezo, en donde asegura que «sus compañeros de la Real Armada lo llamaban Medio hombre, por lo que quedaba de él; pero los cojones siempre los tuvo intactos y en su sitio. Como los del caballo de Espartero».

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