La obsesión censora de Pedro Sánchez es paradigmática.
Agobiado por el goteo de revelaciones sobre la corrupción del PSOE, los apaños de su mujer, las pifias de su hermano y otras tropelías, el marido de Begoña ha optado, sin frenos, por acabar con el periodismo digno de ese nombre.
En el turbulento panorama político español, el socialista Sánchez parece haber encontrado un nuevo enemigo: las redes sociales.
O más bien, aquellas que no puede controlar.
La reciente derrota parlamentaria del llamado «decretazo onmibus» deja al descubierto una agenda oculta del Gobierno Frankenstein para amordazar las plataformas digitales.
Un intento desesperado por silenciar las voces críticas.
El fracaso del decreto ómnibus, tumbado por la oposición del PP y Junts, ha revelado la verdadera intención del Ejecutivo: implementar medidas de control sobre las redes sociales bajo el pretexto de combatir la desinformación.
Esta estrategia, lejos de ser nueva, se enmarca en una tendencia preocupante del Gobierno Sánchez por acallar el disenso y manipular la opinión pública.
La obsesión del amo del PSOE por regular el ecosistema digital no es casual:repitiendo como una letanía palabras como ‘fake‘ o ‘desinformación‘, las redes sociales son el chivo expiatorio perfecto para desviar la atención de la corrupción de su entorno y de los problemas reales que aquejan a España.
El punto álgido de esta cruzada llegó con el anuncio de Sánchez en el Foro de Davos, donde propuso tres medidas drásticas:
- Acabar con el anonimato en las redes sociales
- Forzar a las plataformas a revelar sus algoritmos
- Hacer penalmente responsables a los propietarios de las redes por el contenido que se publica en ellas
Estas propuestas, que Sánchez pretende llevar a la Unión Europea, han sido recibidas con escepticismo y preocupación por periodistas dignos de ese nombre y expertos en libertad de expresión.
«Lo que Sánchez propone es ni más ni menos que un sistema de censura previa», advierte Juan García, analista de políticas digitales.
La obsesión del Gobierno socialcomunista por controlar las redes sociales contrasta con su propia estrategia de comunicación.
El PSOE es, paradójicamente, el partido que más utiliza Twitter (ahora X), con 1,7 millones de posts, medio millón más que el PP.
Esta contradicción no ha pasado desapercibida para la oposición, que acusa a Sánchez de hipocresía.
Elon Musk, propietario de X y blanco frecuente de las críticas de Sánchez, se ha convertido en el villano perfecto para la narrativa gubernamental.
Los socios del Ejecutivo, como ERC, han llegado al extremo de acusar a Musk de «propagar el neonazismo» a través del algoritmo de la plataforma.
El afán de control del Gobierno Sánchez va mucho más allá de las redes sociales.
La televisión pública, RTVE, es un sumiso altavoz del Ejecutivo, con nombramientos estratégicos y sueldos opulentos a fieles sicarios como Angélica Rubio y otros.
que han levantado sospechas de parcialidad. Cadenas privadas y medios escritos también se han visto beneficiados por generosas partidas de publicidad institucional, lo que ha llevado a muchos a cuestionar su independencia editorial.
El caso más llamativo es el de El País y la Cadena SER, medios históricamente cercanos al PSOE que, pese a sus gigantescos problemas financieros, no sólo mantienen una línea editorial favorable al Gobierno, sino que reproducen obedientes todas las consignas que les mandan desde La Moncloa.
La reciente adquisición de una participación en Telefónica por parte del Estado es también un movimiento para aumentar la influencia gubernamental en el panorama mediático, dado que la compañía es el sexto anunciante más importante del país.
La estrategia de Sánchez parece clara: controlar el mensaje a través de todos los canales posibles.
Sin embargo, esta táctica podría resultar contraproducente.
Como señala María Rodríguez, profesora de Comunicación Política, «cuanto más intenta el Gobierno controlar la narrativa, más sospechoso se vuelve a ojos de la ciudadanía».
El paquete de ayudas de 100 millones de euros para la digitalización de los medios, anunciado por Sánchez y repartido por Oscar López, es un simple ‘fondo de reptiles’.
«Es un caramelo envenenado», comenta un editor que prefiere mantener el anonimato.
«Nos hace más dependientes del Gobierno y, por tanto, más vulnerables a presiones editoriales».
Datos:
- El Gobierno español gastó en 2024 más de 200 millones de euros en publicidad institucional, un aumento del 30% respecto al año anterior.
- La cuenta de Twitter del PSOE publica, de media, un tuit cada 3 minutos, las 24 horas del día.
- El 70% de los periodistas españoles considera que la independencia de los medios está en riesgo debido a presiones políticas y económicas.
- Un estudio reciente reveló que el 80% de las noticias positivas sobre el Gobierno en televisión se concentran en la franja horaria de mayor audiencia.
- El término «Brunete Pedrete», usado por Periodista Digital para referirse a los medios amarrados al pesebre del Gobierno Sánchez, se ha convertido en trending topic en X al menos una vez por semana en el último año.
