El debate sobre los Presupuestos Generales está animado con el reconocimiento por Eurostat de que el Gobierno socialista de Zapatero mintió a todos, españoles y europeos, sobre la cuantía del déficit, pero los socialistas no están avergonzados, como razona Ignacio Camacho:
«No sienten un asomo de culpa. Más bien al contrario, los socialistas creen en realidad que Zapatero fue demasiado lejos en su lánguido ajuste y no tienen pizca de remordimiento por haber incumplido los compromisos de déficit. Su conciencia está tranquila.»
Los paladines del PSOE salen en su defensa, incluso contra la propia Unión Europea. En su blog de El País, José María Izquierdo pierde toda compostura y llama tontos y copiones a sus compañeros de foro:
«Si un ministro es capaz de decir impunemente y con toda la cara en el Parlamento que el Gobierno del PSOE mintió sobre las cuentas de 2011, cuando sabe perfectamente que no fue así -excúsenme de ofrecerles de nuevo las explicaciones, se lo ruego-, cómo nos va a extrañar que toda la cohorte de palmeros, tan ignorantes de cuentas como de otras muchas cosas, digan lo que dicen, que se limitan a repetir, con mayor o menor acierto, lo que oyen en casa.»
Argumentos o datos, ninguno, que los viejos progres están exentos de ellos a la hora de escribir. Y pensar que cuando está tranquilo, Izquierdo pide respeto a los demás.
En ElConfidencial, Antonio Casado pide que el PP deje de recordar la herencia recibida del PSOE:
«No digo que el Gobierno Zapatero hiciera bien las cosas en este terreno. Digo que el argumento es fungible. Se desgasta con el uso y tiene fecha de caducidad. ¿Cuándo dejará de ser coartada de un durísimo plan de recortes para convertirse en excusa de mal pagador en la percepción de los ciudadanos?»
¿Qué habrían hecho los columnistas progres entre 2004 y 2011 si no hubiesen podido escribir o perorar sobre José María Aznar y sus conspiraciones?
Enric Juliana confunde la parte por el todo. Para el corresponsal de La Vanguardia Ex Española en Madrid, los votantes del PP detestan a los catalanes. En el patrio de columnas español (perdón), Juliana es lo más parecido que hay a un tonto con una lata de gasolina y una cerilla.
«Seamos claros: buena parte del público del PP no ama a los catalanes. La inflamación contra el Estatut ha dejado secuelas casi imposibles de borrar. El país está estropeado.»
Como establece el argumentario catalanista, la culpa siempre es de los demás, nunca de los catalanes. Si no se les quiere no es porque sean antipáticos, o groseros, o ladrones, sino porque se les tiene envidia.
La señora de Antonio Casado, Carmen Rigalt, escribe los argentinos con motivo de la confiscación de YPF. Nos confiesa que ella no es patriota, porque el patriotismo le parece «uno de los sentimientos más estúpidos que existen» y que lloraba con Els Segador, el God Save the Queen y el himno del Real Madrid, de modo que se pasa al sentimiento contrario: en vez de ensalzar todo lo que hace o tiene tu país, denigrarlo.
«el corralito nos trajo nuevas oleadas de argentinos. Los he visto trabajar y dar ejemplo, salir adelante. Son jóvenes y vitalistas, mucho más espabilados y creativos que nosotros. Gente de patria grande en la que cabe todo el mundo.»
Hombre, Carmen, habrá algún argentino que sea peor que el mejor de los españoles. Te doy una lista: Cristina Fernández de Kirchner, los miembros de La Cámpora y los piqueteros. ¿Cuándo nos regalará Rigalt una columna en la que nos describa sus lágrimas porque a los inmigrantes ilegales el Gobierno les retira la sanidad?
También en La Vanguardia encontramos a Florencio Domínguez, que expone
«El arrepentimiento, incluso expresado a modo de autocrítica en términos políticos, es palabra maldita en ETA desde que la rama político-militar abandonó las armas en 1982. Los milis eligieron el concepto de arrepentidos como arma arrojadiza contra quienes renunciaron a la violencia. ‘No pedimos perdón ni medallas’, proclamaron al anunciar la tregua de 1998. Pero piden impunidad para que los presos salgan de la cárcel»


