Màrius Carol aprovecha un editorial del Financial Times para reclamar una "tercera vía"
Abro el Twitter antes de hojear la prensa y me encuentro con una frase de uno de los blogueros de Periodista Digital, Pedro Fernández Barbadillo: «Menudos gin-tonics deben poner en la SER». ¿Qué habrá pasado en la SER? A continuación, leo las declaraciones de Elena Valenciano sobre su adolescencia y su, llamémosle, peregrinar espiritual. Impagables: sus ídolos han sido Jesucristo, el Che y Felipe González.
La prensa viene colmada de columnas sobre las palabras de la candidata socialista, y con razón. Ha sido como ponerle un elefante en un pasillo a un cazador con la escopeta cargada.

La columna de David Gistau (ABC) se titula ‘Valenciano Superstar’.
Dice Elena Valenciano que Jesucristo y Felipe González son parecidos porque ambos salieron a «defender a los demás». O sea, como Batman, como los gruistas del seguro, como la Pimpinela Escarlata y como Robin Hood. A aquellos a los que la reflexión sobre la dimensión histórica de Jesucristo que hace Valenciano pueda parecerles un poco superficial, hay que advertirles de que la propia candidata socialista reconoce que su conocimiento del nazareno no fue adquirido leyendo los Evangelios, ni estudiando Teología, sino asistiendo a una representación de la ópera rock «Jesucristo Superstar» durante la cual, entre otras cosas, la situación de María Magdalena le inspiró una epifanía feminista. ¿Qué puede añadir a esto el columnista? ¿Cómo superar esta genialidad? Lo raro es que Elena Valenciano no haya dedicado su vida a adorar a Camilo Sesto o a Pablo Abraira, en vez de forrarse la carpeta con retratos de Felipe González.
La de Federico Jiménez Losantos (El Mundo), ‘La chica de anteayer’, ya que juega con la canción ‘La chica de ayer’, de Nacha Pop, a cuyos ensayos en el bar Penta Elenita se escapaba.
Dice que descubrió a Jesús en Jesucristo Superstar; ah, y a María Magdalena, «tan orillada por la historia oficial». Pues que nos la desorille la cristóloga.
Barrunto que como su evangelio fue aquella ópera, se sintió Magdalena entre Camilo Sesto disfrazado de Che y Teddy Bautista, o sea, Judas, anunciando a Felipe González. Y optó por las 30 monedas. O sea, que ni del Penta ni la chica de ayer; la de anteayer y, me temo, la de pasado mañana.

Pablo Molina (Libertaddigital.com) arremete contra el musical que sedujo a la púber Elena y, de paso, contra parte del clero.
La culpa de esta confusión del catolicismo con el marxismo a la violeta la tiene Jesucristo Superstar, la mayor horterada que jamás se ha visto en un escenario, responsable de haber convertido a miles de jóvenes solventes en meapilas insufribles, la inmensa mayoría de los cuales acabó al poco tiempo, como nuestra protagonista, mandando al carajo la religión. Elena Valenciano dice que conoció a Jesús a través de ese infame musical y que pasó «de Jesucristo a la revolución con poca distancia», porque para ella «fue un poco lo mismo». Para ella y para muchos curas y monjas, y algún obispo emboscado, como demuestran algunos ejemplos de la actualidad. Raro será que no la hagan el año que viene pregonera de la Semana Santa de su ciudad.
A Manuel Jabois el palo a Valenciano le sirve para pergeñar una columna coherente de principio a fin.
Yo no sé qué campaña se ha propuesto Elena Valenciano ni si a los socialistas les dará tiempo a entenderla antes de que acabe. Pero no creo que haya culpas muy definidas. La política Valenciano es un producto muy refinado de la mercadortecnica socialista
Es una generación que ha aprendido a mentir tarde, lo cual es una desgracia. Todos sus pequeños hechos, incluyendo esa etapa mística a los 13 años que logró salvar con más dignidad que Tamara Falcó, llevan a las hechuras socialistas de ofrecerse al prójimo. Hasta en la disparata pubertad ya estaba pensado en ganar las elecciones europeas.
José Antonio Álvarez Gundín (La Razón) especula sobre las consecuencias de las revelaciones íntimas de la señora Valenciano.
El vuelco electoral que puede provocar este deslumbrante autorretrato intelectual invalida el barómetro del CIS y esteriliza sus previsiones. Ya nada será igual, al menos para el PSOE, que sale muy desfavorecido en la foto.
Al lado de Elena Valenciano, Mortadelo parece Bismarck. Bueno, en realidad, cualquiera parece Bismarck. Hay que agradecerle al PSOE esta candidata que tanto hace por la autoestima de los españoles.
La suerte del PP
Habrá que contar algo sobre otros asuntos, ¿no? Por ejemplo, la encuesta del CIS.

José Alejandro Vara (VozPopuli.com) se centra en la buena suerte del PP.
Ha entrado Arias Cañete con buen pie en su precampaña electoral. Tarde pero seguro. El retraso de Rajoy en diseñar las listas y el embrollo con Aznar casi se han olvidado. Cañete parece haberse incorporado al carro de las europeas con varios panes debajo del brazo.
A Ignacio Camacho (ABC) le llama la atención el desánimo de la gente.
La entrega no tiene muchas sorpresas: un pesimismo ya casi estructural, desconfianza en las instituciones y pésimo concepto de la política y los políticos. Aún no hay atribución de escaños y aunque el ignoto modelo de estimación de voto, la célebre «cocina», siempre resulta discutible en sus resultados, la tendencia es más que verosímil: el desgaste del Gobierno aún no parece suficiente para perder frente a un PSOE incapaz de remontarse a sí mismo.
Julián Cabrera (La Razón) comenta el error del PSOE de lanzar a Elena Valenciano a la arena (o al sanedrín) en febrero.
Esa precampaña ha demostrado dos cosas: que no por antes saltar al cuadrilátero se golpea primero y que la opinión pública no traga con discursos oportunistas como el esgrimido por la número uno de la lista socialista hace casi tres meses en favor de la mujer y en plena polémica sobre la reforma de la ley del aborto, como si sólo pasara por ahí nuestro futuro dentro de la unión.
«Luna de miel» entre Moncloa y Prisa
Sobre las tribulaciones de la prensa, dos columnas, ambas en Republica.com.

Marcello escribe sobre la sumisión de Prisa a Rajoy.
La luna de miel entre la Moncloa y el Grupo Prisa es una realidad.
¿Qué pasa en PRISA? Pues que manda Botín, y le deben hasta para callarse, porque no les salen las cuentas sino las deudas (de más de 3.000 millones de euros). Y porque el mejicano Alcántara de los autobuses no apoquina, Fernando Abril está hasta el gorro, Gregorito Marañón no da pie con bola, el astuto Matías Cortés se dio a la fuga, y Cebrián se ha pasado de la rusa a la rumana y no sabe qué hacer ni por dónde tirar, y rezando está a la virgen del Perpetuo Socorro -de Ruiz Mateos- para que alguien le compre lo que todavía les queda de Sogecable, el penúltimo cartucho antes de la caída de Santillana.
Y José Oneto se queja de que Rajoy arremeta contra la prensa por no reconocer la fulgurante recuperación económica española.
El Presidente del Gobierno, tan prudente en todo, y tan cuidadoso de su lenguaje, ha confesado públicamente que está cabreado.
No, su cabreo, el cabreo del Presidente del Gobierno, es con la prensa, con los que, según él, no reconocen los datos positivos de la economía española, esa recuperación que, efectivamente se está produciendo, y de la que hay numerosas muestras, aunque esa recuperación no se desarrolle con la fuerza que viene vendiendo el Gobierno, especialmente desde que se inició la precampaña electoral para las europeas del 25 de Mayo.
Rajoy dice en una amplia entrevista que este martes ha concedido a la cadena SER con motivo de los buenos datos del paro que bajó 111.565 personas en el mejor mes de abril de la serie histórica, que ve demasiado pesimista a la prensa y que existe un gran negativismo en la oposición y en los medios, ya que solamente reflejan lo negativo. «Llevo muchos años en la vida política, y creo que todos los que nos dedicamos a esta profesión, tan vituperada hoy, intentamos acertar. El mundo del periodismo también tiene sus cosas. Yo siempre intento ser justo».
Rosa Díez es «el plumero» según Ussía
Dos columnistas sobre la tabarra catalana.
Alfonso Ussía carga contra el presidente del Congreso por aceptar presentar un libro del separatista y republicano Alfred Bosch.
Es persona cordial y con buenos resultados de gestión en su pasado político. Pero don Jesús Posada se ha comportado como un tonto institucional. El Congreso de los Diputados no puede ser el escenario de la presentación de un libro separatista aunque su autor sea diputado.

También se lleva lo suyo Rosa Díez, a la que Ussía no da ni la limosna de la vaselina que ha recibido antes Jesús Posada.
Acompañará a Posada en la presentación del libelo Rosa Díez, pero ese detalle no resulta escandaloso, porque Rosa Díez, en cuestiones de principio y coherencias es más que rarita.
A Rosa Díez no es que se le haya visto el plumero. Es el plumero. Cincuenta por ciento de marabú y cincuenta por ciento de avestruz.
Más interesante el billete de Màrius Carol (La Vanguardia) que glosa un editorial del Financial Times en que propone que Madrid cede más competencias a Cataluña a costa de violentar la Constitución.
Zapatero comentó en una ocasión que un editorial del FT podía hacer que subiera la prima de riesgo o bajara la bolsa. El de ayer no pasó desapercibido en la Generalitat ni en la Moncloa. La apelación a la tercera vía, tantas veces denostada por el mundo sobreanista, es una llamada al pragmatismo que deberían reconocer quienes rtecomendaban su lectura.
Los dependientes de antes sí que eran dependientes
Hoy concluyo sin mencionar columnistas ni tribunos de El País porque no escriben sobre nada ni entretenido, ni novedoso, ni divertido: los lloros de Leila Guerreiro en la última, cátedros pontificando sobre Unasur y la OTAN… Lo mismo ocurre en La Vanguardia, de la que sólo se salva el billete de Carol… y una columna de Joaquín Luna sobre el 60º aniversario de la batalla de Dien Bien Phu, que sólo recordamos los lectores de novelas de la Legión Extranjera. Ambos periódicos, cada día más aburridos, anulan en mí el efecto que me causa el café matutino.

El premio para la columna ridícula lo ha ganado Antonio Burgos, que firma un elogio a los buenos y viejos dependientes de los comercios.
Sí, los grandes comercios tenían dormitorios y comedores para sus empleados, que allí aprendían el oficio hasta que muchos de ellos se establecían por su cuenta en los barrios o los pueblos.
Esos dependientes ya no existen. Ahora dices «dependiente» y la gente nunca cree que estás hablando de uno como García o Bautista, sino de un señor de edad en silla de ruedas con un poquito de Parkinson, o de una señora mayor con la cabeza perdida la pobre. Con estos dependientes que no despachan nada ni están colocados en comercio alguno fue con los que ZP se hartó de hacer demagogia.
¡Pero qué antiguo, señor, qué antiguo! Sólo le falta añadir que con Franco sí que había dependientes como Dios manda, que te trataban de usted.
Y luego los editores y los columnistas se preguntan por qué los jóvenes, bueno, los menores de 40 años, no leen prensa de papel.







