OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Pablo Sebastián dice que Aznar eliminó a Rato porque conoció sus chanchullos

Arcadi Espada advierte a Moncloa que la Generalitat compra a los grandes periódicos internacionales, como el New York Times

Ruiz-Quintano recuerda que Pablo Iglesias, que tanto carga contra Caja Madrid, recibió una beca de manos de Blesa

Querido lector, le voy a hacer empezar el 16 de octubre de 2014 con una sonrisa, espero que tan grande como la que me produjo a mí leer la primera frase de la columna de Ignacio Ruiz Quintano (ABC):

Me gusta el olor a tinta por la mañana: huele a prehistoria.

Agradezco que algún columnista, en vez de lamentarse sobre el fin de la prensa de papel (por culpa de los lectores, nunca de los periodistas y los editores, claro), emplee su ingenio en elaborar alguna frase memorable.

Y la columna sigue sembrada, al diseccionar al funcionario revolucionario Pablo Iglesias, el que recibió de Caja Madrid no una tarjeta black, sino una beca, privilegio de segunda categoría, pero privilegio:

Pablo Iglesias, el tipo que reparte los «Nihil Obstat» en España

Las causas hacen extraños compañeros de viaje, pues Santín e Iglesias (¡debe de ser ésta la España que dejó de ser católica!) son caminos cruzados: Iglesias pasa por una beca de la Caja de Blesa y llega a la jefatura del «comunismo amable», mientras que Santín pasa por la jefatura del «comunismo prosoviético» y llega a la vicepresidencia de la Caja de Blesa. Mas, como dijo Yogi Berra, el Mariló de Missouri, cuando uno llega a una encrucijada… debe seguir adelante.

La base del régimen español es el consenso, e Iglesias es persona de consenso: para Gran Manitú de su programa económico ha fichado a Vicenç Navarro, quien hace sólo un año le parecía «un caradura».

¿Y por qué la prensa de papel huele a prehistoria? Quizás porque es comprable (touchable, como se dice en el eufemismo inglés). Quienes hemos conocido y padecido a los nacionalistas ibéricos sabemos de su capacidad incansable para trabajar por su causa, hasta agotar a los demás, seguramente porque cobran muy bien de ella.

Aunque no es el primero en hacerlo, Arcadi Espada (El Mundo) alerta a Moncloa de que la Generalitat está comprando voluntades en la prensa 

He pensado en el editorialista que el martes, y en el Times de Nueva York, se acomodó en su silla, se mesó los cabellos y declaró: «Se van a enterar en Moncloa». He pensado en él con ternura, incluso, porque siempre he creído que algo de esa candidez es necesaria para escribir en los periódicos. Y también con algo de la satisfacción que da ver confirmados los juicios de valor propios: una vez más se demuestra que el Times es un gran diario de provincias.

El editorial se refería, naturalmente, a la cuestión catalana y exhibía la tesis taxista de que hay que votar, como en Escocia, y arreglao. Y si no se puede votar pues que se le suba el sueldo a Cataluña, que para eso ingresa 19 y recibe 9. La indigencia argumental en apoyo del pacto tercerista era manifiesta. Pero lo puramente increíble estaba en este párrafo: «Algo tan complejo y emocional como la identidad nacional no puede reducirse a una cuestión estrictamente jurídica; requiere soluciones políticas. La larga lucha contra los separatistas vascos terminó sólo cuando ambas partes acordaron negociar».

¿Pero cómo puede calcularse el daño que causa que el único diario realmente global (¡y tan local!) del mundo participe en un delicado debate político con semejante ignorancia?

Y aquí la acusación a la Generalitat y la reprimenda a Moncloa (y a Carmen Martínez Castro)

La cantidad de errores, cuando no de mala fe directamente subvencionada, que la prensa internacional de mayor prestigio está vertiendo sobre el asunto catalán, adquiere ya un volumen considerable. Sin duda, y en primera instancia de responsabilidad, se trata de un problema periodístico. Pero el Gobierno debería recordar que cualquier problema significativo de los periódicos es inmediatamente un problema político. O sea que espero que Moncloa se acabe enterando.

Tal vez eso de «la mala fe subvencionada» explique lo que escribió el día 14 Enric Juliana en la versión digital de La Vanguardia:

Una foto de portada para The New York Times, el principal diario del mundo, atento a la cuestión catalana estos últimos meses.

José Oneto comenta (republica.com) el editorial de un periódico alemán, quizás trabajado por la Generalitat.

Son los periódicos alemanes los que tratan el conflicto con mas extensión hasta el punto que el periódico Frankfurrter Rundschau sostiene que «los gobiernos europeos deberían lanzar señales hacia los catalanes de que nunca aceptarían una declaración unilateral de independencia, y por el contrario, empujarles a negociar con Madrid para superar su malestar por una vía que no sea la secesión. Una desintegración de España no sería una buena noticia para Europa».

«Pero la peor de las noticias – parece completar la crónica de la situación el Frankfurter Allgemaine Zeitung – sería que Europa no se interesara por esa posible desintegración. Fuerzas sensatas en Cataluña no deberían optar por la tozudez, sino buscar un compromiso políticamente aceptable junto al Gobierno central español. Madrid, por su parte, no debería hacerse ilusiones: las fuerzas decisivas en Cataluña no renunciarán al deseo de independencia. Al contrario: podría ser el inicio de una radicalización».

FRANCESC DE CARRERAS: MAS CONVIERTE LA DERROTA EN VICTORIA

En ‘Cargarse de razón’, Francesc de Carreras (El País) explica el arte de los nacionalistas catalanes de convertir las derrotas en victorias.

Se trata de una etapa más en el camino que los nacionalistas catalanes emprendieron hace muchos años y que ha pasado, y seguirá pasando, por fases distintas y variadas, todas ellas previstas dentro de una estrategia bien trazada y que les está dando óptimos resultados. Una estrategia a la que podríamos denominar «tener paciencia e irnos cargando de razón».

En efecto, la consulta que se pide es un mojón en este perseverante camino. Pero la consulta no es sólo un medio cuyo único fin es llevarla a cabo para así acceder a la soberanía, también tiene otros objetivos colaterales para que -si el resultado de la misma, en caso de celebrarse, fuera negativo- fuera útil para el proceso de construcción nacional que se está llevando a cabo en Cataluña desde, por lo menos, 1980.

Desde hace muchos años, el victimismo ha sido la gran arma de los nacionalistas. Las fuerzas políticas de ámbito estatal consideran como victorias acontecimientos que después son capitalizados por las fuerzas nacionalistas. La suspensión de la consulta no es una derrota de Mas, sino el comienzo de una nueva etapa en la que espera seguir llevando la iniciativa frente a un Gobierno central a la defensiva.

La doctora Pilar Rahola da la razón a Carreras en su columna de La Vanguardia.

¿Qué validez internacional tendría una DUI sin haber consultado previamente a los catalanes? Lo cual vuelve a ser más ruido político que otra cosa. Estábamos en un callejón sin salida y ahora tenemos un atajo tortuoso. No es lo mejor, sin duda, pero es lo posible. Y el atajo puede convertirse en una sinergia colectiva de grandes proporciones, a la espera de las necesarias elecciones. De ahí que la postura de ERC y CUP sea impecable.

Abel Hernández (La Razón) es uno de esos opinadores madrileños que conocen muy poco a los nacionalistas, tan poco que los considera capaces de virtudes como la lealtad y la sensatez.

O sea que, en contra de opiniones interesadas o mal informadas, el diálogo subterráneo con la Moncloa no se ha interrumpido nunca. Tanto los nacionalistas democristianos como los dirigentes socialistas de aquí y de allá proponen a Mariano Rajoy una salida negociada, en busca de una «tercera vía» con las reformas constitucionales que hagan falta. Si cuajara este cambio de alianzas en Cataluña, la mesa de las negociaciones estaría dispuesta inmediatamente en la Moncloa

Otro de esos opinadores madrileños que no se enteran de nada (o lo fingen) es el gallego Fernando Ónega (La Vanguardia).

Observaréis que no me detengo en el singular oreo de urnas el 9-N por una razón muy vulgar: tal como está planteado ese ejercicio de participación, sin convocatoria formal, sin censo, sin representantes de partidos en las mesas y sin elementales garantías democráticas, tendrá menos credibilidad que Blesa hablando de cajas de ahorros. Dice Artur Mas que votar así es la única forma de votar, y tiene razón; pero también es la forma más inútil, que entiendo que sólo sirve para que él, Mas, pueda defenderse de dos aguijones: el que le acusa de engañar diciendo que haría la consulta cuando sabía que no se podría hacer, y el que le amarga la existencia acusándole de no cumplir su palabra. Si Rajoy no fuese tan meticuloso con las leyes, ni siquiera se molestaría en impugnar nada.

Pero como escribe en La Vanguardia, Ónega propone un Estado federal:

Pese a todo, en vez de invocar tanto el diálogo, lo podrían intentar y, desde luego, intentarlo antes de que sea más tarde. «Hablando se entiende la gente», le dijo el rey Juan Carlos a Carod-Rovira en celebrada ocasión, y ese clásico refrán casi nunca ha sido desmentido. Se podría intentar incluso la propuesta del profesor Muñoz Machado de redactar un nuevo Estatut, que es una idea tan razonable como la de llamar Estado Federal al actual Estado de las Autonomías. Como no se arreglan las cosas es proclamando un adversario poderoso, por mucho que lo exija la épica del guion del señor Mas.

Joan Tapia (Elconfidencial.com), ex director de La Vanguardia, ha cambiado, y ha pasado de acusar a Madrit, al PP y a los españoles de la desafección catalana a repartir las culpas.

Lo que pasa hoy es consecuencia de una clase política española que -a diferencia de Adolfo Suárez y Martín Villa en 1976, 77 y 78- no ha atendido a su obligación de entender Cataluña. Y de una clase política catalana en la que, con la excepción del PSC -muy castigado por la sentencia del Estatut ya que siempre apostó por más autogobierno dentro de España- ha predominado la irritación o el orgullo (muchas veces no justificado). Los políticos catalanes actuales tienen poco que ver no sólo con Tarradellas, un viejo republicano que sabía lo que es perder, sino con los Jordi Pujol, Miquel Roca, Joan Reventós o Jordi Solé Tura, que en la Transición querían hacer de España una democracia europea.

No sé si Ignacio Camacho (ABC) está preparando el camino para que los españoles aceptemos la conversión de España en Estado confederal siempre que votemos todos, porque en su columna no queda claro lo que opina, salvo que aprueba el Estado de las Autonomías.

Lo que nadie parece contemplar -salvo el Gobierno, y no siempre- es que las cosas se queden como estaban antes de que los soberanistas creasen a gritos un problema inexistente. Hay que avanzar, se dice, hallar una salida de ingeniería constitucional frente al «inmovilismo». Y esa salida ha de ser por fuerza la concesión a Cataluña de un statu quo particular que le dé prevalencia sobre el resto.

Como andaluz me alcanzó por poco la edad para votar en el referéndum de febrero de 1980. Aquella consulta -derecho legal a decidir- redefinió el modelo territorial de España y evitó una nación de dos velocidades que hubiese quebrado la igualdad esencial de los ciudadanos. El famoso «café para todos», hoy tan denostado, no fue un error sino un acierto que permitió establecer un proyecto común cohesionado; el error llegó después, también en Cataluña, con el abuso, la elefantiasis administrativa, el despilfarro autonómico.

Cataluña ya es distinta: su diferencialidad está reconocida en la Constitución y recogida en un Estatuto casi confederal. La entrega de nuevas franquicias políticas -otra cosa es negociar inversiones y un trato financiero justo- equivaldría a rozar la médula solidaria del sistema y arrebatarle o menguar derechos a los demás españoles. Es dudoso por ende que atempere a un Artur Mas en plena fuga hacia adelante ni que aplaque la crecida sentimental del independentismo. El debate soberanista no es una cuestión catalana, sino española. Es sobre España lo que toca decidir: sobre su cohesión social y su integridad democrática.

Algo parecido dice en la columna vecina Isabel San Sebastián (ABC).

En una cosa estoy de acuerdo con Artur Mas; solo en una. Llegados a este punto, la única salida que nos queda es votar. Pero no votar únicamente en Cataluña, ni mucho menos hacerlo con arreglo al manual de la señorita Pepis que se ha sacado de la manga el presidente de la Generalitat, sino acudir masivamente a las urnas en unas elecciones generales anticipadas que planteen a la ciudadanía propuestas realistas para afrontar las amenazas que se ciernen sobre nosotros.

¿Y con qué propuestas irían el PP y el PSOE?

‘MARCELLO’ DESTAPA ALGUNOS SECRETOS DE RATO

Marcello (Republica.com) le hace una biografía a Rodrigo Rato que va a traer cola. Aznar no le nombró sucesor porque conocía sus negocios.

Quién lo ha visto y quién lo ve. El todopoderoso vicepresidente de Economía en los gobiernos de José María Aznar está inmerso e imputado en varios procesos judiciales y a punto de ser expulsado del Partido Popular (…) dotado de una buena cabeza, pero también de una soberbia monumental

Pero la cosa viene de lejos, porque hay dos incógnitas que están por desvelar en la biografía de Rodrigo Rato: ¿por qué Aznar no lo nombró su sucesor y eligió a Rajoy, cuando todos en el PP daban por seguro de que sería Rodrigo?; por qué se fue Rato de la Dirección del FMI, a mitad de su mandato y en vísperas de la gran crisis financiera internacional?

La sucesión. Aznar no eligió a Rato porque desconfiaba de sus manejos económicos en el proceso de las privatizaciones de empresas públicas, pero sobre todo porque Rodrigo hizo mangas y capirotes, siendo vicepresidente económico del Gobierno, con motivo de la quiebra de su empresa familiar Rebecasa. Empresa cuyas altas deudas él pretendió cubrir con ayudas que sonaban a regalos, donaciones o tráfico de influencias, amén de créditos por doquier e imposibles de pagar, lo que alertó a Aznar. Quien, al parecer, le preguntó a Rodrigo sobre sus problemas económicos privados y Rato escurrió el bulto como pudo. Pero Aznar, que tenía todos los datos del caso, dijo en privado: ‘Rodrigo no me ha dicho la verdad’. Y el dedo aznarí señaló a Rajoy.

¿Le ocurrió algo en el FMI que le obligaría a dimitir, guardando la organización máxima discreción para no dañar su prestigio? Ése es el rumor.

Raúl del Pozo (El Mundo) sigue enganchado a Podemos, aunque hoy, que es día par, le toca darle un palo.

Podemos ha hecho un buen diagnóstico de la decadencia del sistema, pero las terapias que propone son las sanguijuelas.

Como los españoles se han vuelto algo mansos, pero más astutos, cuando vena las plazas de puño se refugiarán en la triste moderación y las promesas de bajadas de menos impuestos.

USSÍA DERRIBA A UN CICLISTA EN LA GRAN VÍA… Y SE ALEGRA

Regreso al humor, que, junto con el tabaco y el café caliente, es de lo poco que me ayuda a soportar este mundo.

David Gistau, brillante, asegura que Ana Mato es para Rajoy como el huevo de Adelina para Pujol: un recipiente para recoger el veneno. Así la vio ayer en el Congreso.

Es difícil obtener una imagen de la soledad y el desamparo más explícita que la ofrecida por Ana Mato durante su turno de preguntas, que algo tuvo de fusilar un cadáver, como en «Senderos de gloria» . Ni un solo ministro se quedó a arroparla. Desbandada general. Jorge Bustos hasta hizo la broma de que ningún colega de gabinete se acercará ya a ella sin ponerse primero el traje de aislamiento. Daba la impresión, mientras Ana Mato hablaba con una vocecilla claudicante, tristísima, de que en cualquier momento entraría en el hemiciclo un par de ujieres con una carretilla para llevársela agarrada a su folio.

Como si Ana Mato, en lo que le quede en el cargo, fuera a ser como el huevo que la bruja le pasaba por la espalda a Pujol: un recipiente desechable en el que purgar todas las podredumbres. Acabará en el «tupper» donde Rajoy guarda las almas exprimidas.

Alfonso Ussía (La Razón) se alegra de haber sido la causa de la caída de un ciclista en la Gran Vía.

Otro individuo alejado de la higiene y ciclista para mayor turbación, al pasar junto a mí me ha saludado con un grosero «adiós, facha». Le he respondido con un elogioso «adiós, Indurain», y por fas o por nefas, se ha distraído con el saludo y ha caído al suelo. Un municipal ha asistido a la caída y a punto ha estado de hacerme responsable del trompazo del ciclista. Con toda probabilidad, uno de los agentes de Movilidad que empapelaron a Esperanza Aguirre. Al final, unos honestos testigos han puesto las cosas en su sitio y el municipal se ha quedado con las ganas de proceder a mi detención. Sucede que el optimismo ya no era el mismo que me había llevado hasta la Gran Vía, y había pasado de ser un tonto con buena intención a un perro con deseos de morder a un buen número de homínidos viandantes.

Y Salvador Sostres (El Mundo) trata a los mandamases de CiU de criados que se han hecho con el castillo.

(A Quico Homs) Le tenían por un ser tan insignificante que nadie se preocupó de cortarle las alas. ¿Qué alas? Le llamaban «el ceporro» y se ocupaba de los recados. Pero cuando David Madí dejó la política se cumplió la terrible ley de que un mediocre se rodea siempre de gente todavía más mediocre que le haga sentir bien, y así el ya presidente Artur Mas convirtió a Francesc Quico Homs en su persona de confianza.

La última degradación de una sociedad se produce cuando el servicio toma el poder. Mas era también una de las chachas de Pujol, y después de arruinar primero su negocio familiar, y al cabo de un tiempo una de las empresas de Lluís Prenafeta, ha arruinado su carrera política y el proyecto político de Convergència.

Quico y las flores. Mas y sus compulsivos hundimientos. Por eso yo soy, antes que cualquier otra cosa, jerárquico. Y clasista. Son adjetivos que se usan como un insulto pero el mayor enemigo de la libertad es el caos y mira lo que pasa cuando el orden salta por los aires. Hace años que en Cataluña los dueños veranean y la casa la gobiernan los criados.

LLAMAZARES: DEL ‘SELFIE’ AL ‘TELESELFIE’

Gabriel Albiac (ABC) reprocha el pacifismo de Barack Obama y sus planes para derrotar al Estado Islámico.

El presidente de una primera potencia mundial no puede hacer proclamas pacifistas. Sin llevar a todo el mundo al desastre. Así fue. A un altísimo coste material y humano, Bush había logrado ganar la guerra en Irak. Que el Ejército estadounidense permaneciese sobre el territorio era de lógica militar básica. El día en el que Obama dio la orden de retirar esas tropas dictó también la sentencia de muerte para una población atravesada por el odio religioso. No hubo sorpresa luego. Y la guerra que ganó Bush se convirtió en la guerra perdida que se está tragando a decenas de miles de civiles a manos de la forma más bestial del en sí bestial islamismo: el Califato Islámico de Abú Baker al-Bagdadí.

Al error se suma ahora el ridículo. Obama retorna a la guerra. Para eludir malas imágenes internas, lo hace tan solo desde el aire. Para eludir malas imágenes internacionales, lo hace de la mano de una coalición muy amplia, a la cual encomienda esas operaciones de infantería sin las cuales el trabajo de la aviación es poco más que fuego fatuo. Que de la coalición formen parte el mismo Qatar que financia al Califato Islámico y la misma Turquía que apuesta por que el Califato Islámico le extermine gratis a los odiados kurdos, no parece contar demasiado para el pacifista de la Casa Blanca.

¡Gracias a Dios! Por fin una columna en la última de El País que no consiste en los desequilibrios emocionales del autor (autora, por lo general). Julio Llamazares critica la fiebre de los selfies, cuya nueva evolución es el teleselfie.

Vengo de Italia sobrecogido. En la mutación continua que como especie estamos experimentando los humanos desde la aparición del teléfono móvil, ese aparato que acerca a los que están lejos y aleja a los que están cerca y que últimamente sirve incluso para hablar, el último escalón ya no es el selfie (autofoto en español) sino el teleselfie o autofoto a distancia, algo que se consigue con ayuda de un nuevo aparato, una especie de bastón articulado al estilo de los de los montañeros en cuya punta lleva un resorte en el que se encaja el móvil y que permite una visión panorámica del fotografiado. O sea, de uno mismo.

El teleselfie obliga a estar de espaldas al monumento u objeto de nuestro interés, ya sea este el Coliseo, el balcón del Vaticano o la Fontana de Trevi. Con lo que ahora los sitios turísticos no solo están atestados de japoneses que lo fotografían todo, sino que la mayoría lo hacen de espaldas, dándole la vuelta a un mundo en el que de repente uno queda descolocado de nuevo.

La columna insulsa del día la firma César Vidal. Lea usted, amigo lector, la primera frase de su columna en La Razón.

Llevo diciéndolo décadas y, como en tantas otras cuestiones, contemplo con dolor que el tiempo me da la razón.

Como decíamos de críos, los hay que no se besan porque no llegan.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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