El PP va a tener que aportar algo más que el llamado voto del miedo si quiere que el electorado le vote en masa el próximo 26 de junio de 2016, fecha de las elecciones generales. Este 12 de mayo de 2016, los columnistas de la prensa de papel coinciden en señalar que a Rajoy no le va a bastar con agitar el espantajo de Pablo Iglesias para movilizar a los ciudadanos. Le van a pedir razones y argumentos más allá del temor a los populismos.
Arrancamos con Ignacio Camacho en ABC donde asegura que si el PP lo fía todo al llamado voto del miedo, a depositar la papeleta a favor de Rajoy para evitar que salga Podemos, lo va tener bastante crudo. El electorado ya no sólo vota con las vísceras, también quiere que le den razones y argumentos de peso:
En la tradición electoral, el voto útil tiene un fuerte componente negativo: mucha gente vota a partidos que no le convencen para evitar que gobiernen otros que le gustan aún menos. Así mantuvo el poder durante décadas la Democracia Cristiana en Italia -«coprire il naso e votare DC»- contra la amenaza del Partido Comunista. Pero en España ese comportamiento ha afectado históricamente a la izquierda, mientras que en la derecha sólo funcionó cuando la catástrofe de la crisis devastó al zapaterismo en 2011 y arrastró una mayoría absoluta a los pies de Rajoy.
Señala que:
Sin embargo, ante el fracaso de la estrategia positivista de la recuperación, que no le sirvió en diciembre, el marianismo ha decidido apelar en esta campaña al voto del miedo, agitando el espantajo de Pablo Iglesias para movilizar a un electorado renuente. Así lo anuncia ese vídeo de La Moncloa en el que un presidente hierático, que parece un muñeco parlante con el rostro y la mirada inmóviles, enarbola los típicos valores conservadores de estabilidad, seguridad y experiencia frente a la amenaza de unos advenedizos «disolventes» y extremistas. El eslogan de «España en serio» parece convocar a los votantes experimentales, los que escaparon hacia Ciudadanos hastiados de corrupción o decepcionados de promesas incumplidas, para que vuelvan al redil ante el riesgo cierto de un Gobierno frentepopulista que estuvo a un tris de cuajar esta primavera. Sed sensatos y regresad a casa; tapaos la nariz y votad al PP.
Desde luego la inquietante posibilidad de ver a Iglesias al frente del CNI y a sus atrabiliarios colegas tocando al azar los mandos del Estado representa un motivo serio para votar a cualquiera que pueda impedirlo. Pero está por ver que ese resorte autodefensivo resulte eficaz entre la muy exigente clientela del centro-derecha español, acostumbrada a movilizarse por objetivos y principios más ambiciosos. Aunque puede servir para reagrupar el sufragio de ciertos sectores maduros -el PP es líder entre los mayores de 60-, es dudoso que estimule a los menores de 45 años que constituyen el grueso del soporte de C’s y que contemplan el liderazgo de Rajoy como una etapa amortizada. Ese segmento pide renovación, cambios, reformas, y se muestra remiso a la renuncia por pragmatismo. No tiene aún nada que conservar para ir a las urnas con mascarilla.
Concluye que:
Sin la complicidad de esos sectores, a los que sólo puede atraer con proyectos positivos, al PP le será muy difícil mantenerse en el Gobierno. Los necesita para evitar la pérdida de diputados que puede suponer la absorción de IU por Podemos porque en virtud de la ley D´Hondt la nueva coalición radical le va a quitar votos al PSOE y escaños a la derecha. Pero los tiene que atraer con ofertas positivas porque ni siquiera el voto del miedo, el que se administra con más vísceras que razones, se lo van a conceder a quien no se lo merezca.
Mayte Alcaraz le zumba palos a pares a la tal Anna Gabriel por su descabellada idea de tener los niños en tribus y no en familia. A este paso los bebés acabarán siendo como esos apartamentos multipropiedad. De traca:
Anna Gabriel es la política más valorada en Cataluña. No es broma. Rozó el clímax el día que, frisando el tiempo de descuento, consiguió echar de la Generalitat a Artur Mas. Demasiado burgués para liderar el tránsito de las masas -a las que ella dice representar- al «flower power» de la República independiente de Cataluña. Conocedora de que el alma de justiciera social que su abuela le inculcó solo adquiere fuerza con gestos frikies que aireen los telediarios (su compañero David Fernández lo probó con éxito sacándose un zapato en una comparecencia de Rodrigo Rato), consiguió ayer solo con su lengua el redoble de tambores. Cuando todavía nos estábamos recuperando de aquel incomparable «somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar» que alzó a la plaza pública, Anna animó a los catalanes a que tengan hijos en la tribu, compartidos por otros padres, para acabar, aclaró, con los pensamientos conservadores de que solo hay que cuidar a los vástagos propios.
Añade que:
Asaz modernidad, que recupera las comunas hippies de los años sesenta del siglo pasado, es todo el fruto que ha podido exprimirse de un cráneo tocado, además, por un peinado todavía más moderno que las ideas transgresoras que enarbola: un corte «a lo borroka» que popularizaron las nekanes batasunas hace una década. No me dirán que Anna no está a la última en todo.
Y es que una de las fuerzas motoras de grupos como la Cup, Podemos o Compromís es justamente vender como nuevo lo más vetusto, trasnochado y moribundo de las ideologías del siglo pasado. Qué decir de las esponjas lavables para la menstruación o de la okupación de la propiedad privada reclamadas como símbolos de la lucha social del siglo XXI. Pero bajo esas propuestas «novedosas» siempre subyace una intención aviesa y poco confesable: liquidar la libertad de los ciudadanos violando cada espacio de su autonomía personal y política. Primero entran en el recibidor donde constatan que el retrato del abuelo es el de un republicano asesinado por la dictadura; después en el salón, para controlar que el televisor solo esté conectado a las teles podemitas o, como mucho, a la pública, cuando el politburó la dirija; a continuación visitando el lavabo para sustituir los capitalistas tampones por toallitas de la abuela; y, finalmente, allanando nuestros afectos, el almario de nuestros sentimientos maternales, filiales o de pareja.
Y remacha:
Por eso Anna, que representa nada menos que a 350.000 catalanes que después de escucharla tendrán mucho que reflexionar, decidió ayer acabar de un plumazo con el más puro instinto paternal de protección a un hijo para dar paso a una especie de «socialización» del niño en la tribu; así todos le cuidarán y su padre no será tan «conservador» y egoísta de quererle por encima de los demás. Espero que José Antonio Marina, autor del delicioso trabajo «Aprender a vivir», en el que habla de otras tribus educativas y civilizadas, padeciera ayer sordera transitoria.
En El Mundo, Victoria Prego destaca la última ocurrencia de Pablo Iglesias proponiendo al PSOE ir juntos de la mano para el Senado y asegura que no será la última propuesta con la que Podemos intente enredar a Pedro Sánchez:
No ceja el señor Iglesias en esto de complicarle la vida al PSOE con una ocurrencia cada día. Porque no otra cosa es proponerle nada menos que una coalición para acudir en las próximas elecciones en listas conjuntas al Senado cuando el plazo para la presentación oficial de las coaliciones está a punto de cerrarse.
Pero el líder de Podemos pretendía que Sánchez le dijera que sí, a pelo, sin más reflexión ni más negociación, ni más confrontación de programas electorales. Ah, que eso no es lo importante, que lo importante es impedir que el PP vuelva a ser mayoritario en el Senado. O sea, que lo de los programas es lo de menos y que qué más da que, por ejemplo, el número uno de esas listas defendiera el referéndum de autodeterminación en varias comunidades autónomas -naciones, en su planteamiento- y el número dos se opusiera a semejante propuesta.
Se pregunta si:
¿Será esto a lo que Iglesias y los suyos se han empeñado en llamar «nueva política»? La verdad es que nueva sí es, en el sentido de que nunca habíamos asistido a una frivolización de ese calibre y a un desprecio tan descarado a las instituciones de nuestro sistema democrático.
Pedro Sánchez no podía decir más que lo que ha dicho, «no, gracias» a una propuesta que era en sí un escándalo político. Pero, como la opinión pública se está acostumbrando a aceptar eslóganes en lugar de ideas e imágenes en lugar de hechos, no sería de extrañar que sea el líder socialista quien acabe perjudicado en su reputación por no querer pactar con Podemos. Porque lo que queda después del disparate es que uno ha tendido la mano al otro y este otro ha dicho que no. Y eso es todo.
En realidad no es todo porque a Sánchez ha estado a punto de abrírsele una brecha interna de envergadura a cuenta de esta corriente pactista que en la izquierda española ya marca tendencia, como en la moda. Porque el líder socialista valenciano, Ximo Puig, estaba dispuesto a subirse con entusiasmo al carro de la lista conjunta porque él también sabe que, de no hacerlo así, el PP le volverá a comer la merienda al PSOE en esa comunidad autónoma, y mira que han pasado cosas en Valencia a cuenta del Partido Popular. Ha tenido que plantarse la dirección y decirle a Puig que se baje inmediatamente del carromato porque, de momento, quien decide la política de alianzas es Ferraz, que el federalismo está muy bien pero «a modiño» que se dice en Galicia, y que se atenga a las directrices emanadas de la dirección.
Remacha que:
Esta ocurrencia de Pablo Iglesias no es más que la enésima prueba de lo mucho que va a incordiar Podemos al PSOE hasta que se celebren las elecciones y aún después de celebradas. Una vez engullida Izquierda Unida se trata de acorralar al PSOE ante los posibles votantes de la izquierda para ir comiéndole los bordes del electorado. Y nada mejor que obligarle a rechazar muchas veces lo que sea, no importa qué. Pero que se vea que rechaza, que se niega a juntar sus esfuerzos con el otro partido que haría posible llegar el poder. Nada interesa más a Podemos que un PSOE inquieto, inseguro e incómodo con el papel que se le quiera adjudicar. Pedro Sánchez va a tener que entrenarse a fondo para devolver con éxito todas las bolas.
Casimiro García-Abadillo tiene claro que Pablo Iglesias ha conseguido hacerle el lío a Alberto Garzón (Izquierda Unida) y que el siguiente paso es hacer trizas al PSOE:
Alberto Garzón ha demostrado ser un pipiolo. Cuando se lee la letra pequeña del acuerdo firmado con Pablo Iglesias, se ve claramente que sólo hay un ganador: Podemos. Todo eran sonrisas en la Puerta del Sol en la tarde del lunes. Se anunciaba un acuerdo cuando sus ingredientes todavía estaban en la cocina de la negociación. Garzón cayó en la trampa tendida hábilmente por su amigo al aceptar un abrazo antes de tiempo.
Finalmente, el líder de IU se ha conformado con ser el número cinco de la lista conjunta por Madrid (¿sabe alguien como se llama el número cinco de la lista del PP o el de la del PSOE?) y colocar a cuatro de los suyos en puestos teóricamente seguros. ¡Y eso que IU aporta casi un millón de votos a un partido que, sin las confluencias, obtuvo poco más de 3 millones el pasado 20-D!
Recalca que:
Por no mencionar las renuncias ideológicas (república, nacionalizaciones, etc.) de las que nadie quiere hablar. Iglesias será el portavoz del grupo en el Congreso y cuando Garzón convoque una rueda de prensa tras el 26-J tendrá que pagar él los botellines si quiere que acuda alguien más que su responsable de prensa a escucharle.
Inmediatamente después de eliminado el peligro de dispersión de voto, tras el pacto/absorción con IU, Iglesias puso en marcha la operación para despedazar al PSOE. First we take Manhattan, then we take Berlin (Leonard Cohen).
Iglesias, con una estrategia bien planificada, propuso al PSOE un acuerdo para acudir con listas únicas al Senado. Tras una llamada de teléfono del líder de Podemos a Sánchez, y sin esperar respuesta, su organización se encargó de filtrar la propuesta para poner a Ferraz entre la espada y la pared.
Inmediatamente levantaron el dedo los que piensan más en sus corralitos que en el conjunto del partido. A pesar de que Sánchez, viendo claro el objetivo de la maniobra, dijo «no, gracias», algunos barones mostraron su disposición a aceptar el ofrecimiento. Sobre todo Ximo Puig, quien ya gobierna en Valencia gracias a la alianza con Compromís y a la aquiescencia de Podemos.
Argumenta el presidente de la Generalitat Valenciana que el Senado es una cámara territorial y que el PSOE es un partido federal para dar su visto bueno a la oferta de Iglesias, aunque luego, disciplinado, diga aceptar «lo que Ferraz decida».
Apunta que:
Sería de desear una mayor altura de miras de los dirigentes socialistas. Ahora, lo que está en juego es si Podemos concluye con éxito su operación para arrebatarle al PSOE la hegemonía de la izquierda. Ni más ni menos.
Al PSOE, mucho más que la alianza de Podemos con IU, lo que le hace daño es el ruido, la división interna. No se puede estar todos los días cuestionando al líder del partido y, al mismo tiempo, pedir el voto para él.
Sentencia que:
Queda mes y medio para las elecciones y Sánchez lo tiene francamente difícil. Tanto Podemos como el PP van a intentar polarizar al máximo la campaña, achicándole espacios al PSOE. Si algunos barones se empeñan en ponerle palos en las ruedas al secretario general, que luego no se quejen del resultado.
Como ya expliqué hace unos días, si Podemos logra el sorpasso, lo que menos va a importar es si Sánchez es o no defenestrado. El PSOE está en un momento crítico, pero parece que algunos de sus dirigentes ponen sus intereses particulares por encima del interés general.
En La Razón, Alfonso Ussía tira de finísima ironía para criticar al PP por poner en las listas, candidato a presidente incluido, a los mismos que fueron capaces de que hacer pasar al PP de 185 a 123 diputados:
Si hay algo que los partidos políticos envidian del Partido Popular es su asombrosa imaginación. La reestructuración electoral ha sido formidable. En vista de que Rajoy pasó de tener el apoyo de 185 escaños a no superar los 123, el PP ha reaccionado de forma contundente y ha designado a Rajoy como nuevo candidato a la presidencia del Gobierno. En los partidos políticos hay que actuar con determinación e inflexibilidad contra los que fracasan, y el nombramiento de Rajoy para superar a Rajoy es una incontestable muestra de lo que escribo. Es probable que, si Rajoy consigue 124 escaños, el PP reaccione con severidad y designe para futuras elecciones generales a Rajoy.
De la campaña electoral se encargará Moragas, que estará obligado a superar la gestión del anterior responsable de la campaña electoral de diciembre, que no acertó plenamente. El anterior responsable era Moragas, con toda probabilidad otro Moragas, aunque físicamente se parecen una barbaridad. Como Moragas fracasó en la campaña, el PP, que no se casa con nadie, ha decidido relevarlo de sus responsabilidades sustituyéndolo por Moragas, que este Moragas sí que vale, según me han informado mis caudalosas fuentes. En el PP hay fundadas esperanzas de que Moragas lo haga mejor que Moragas, y ha estallado el optimismo.
Y en la cocina del PP, al fin, no estará Pedro Arriola. Rajoy, que tiene bastante carácter y reconocida capacidad para adoptar decisiones de gran calado, no contará con Arriola para la próxima campaña electoral. Será sustituido por Pedro Arriola, del que tiene magníficas referencias. Se susurra -nadie se atreve a levantar la voz- que ha sido Celia Villalobos la que ha recomendado a Rajoy desplazar a Arriola y sustituirlo por Arriola, con el inteligente argumento de que no hay nada mejor en los momentos decisivos que resplandezcan caras nuevas con proyectos diferentes. Arriola ya no daba más de sí, y con Arriola hay fundadas esperanzas de obtener un resultado espectacular.
Destaca que:
Merece un comentario aparte la generosa actitud de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Existen sectores en el PP que no la soportan, y en vista de ello, para facilitar las cosas a los nuevos incorporados Rajoy, Moragas y Arriola, doña Soraya ha decidido apartarse voluntariamente del proceso electoral. A caras nuevas, nuevas ilusiones, y doña Soraya entregará el relevo de su influencia a una joven política del PP que se llama Soraya Sáenz de Santamaría, que viene arrollando con nuevas ideas, nuevos proyectos y una manera nueva de entender e interpretar la política. Preguntada Soraya Sáenz de Santamaría por la opinión que le merece su sustituta, Soraya Sáenz de Santamaría, doña Soraya Sáenz de Santamaría respondió. -Creo que es la persona adecuada para que continúe y mejore mi labor. El bien general está por encima del bien personal, y estimo que ha llegado el momento de dejar el paso libre a una mujer que, en mi modesta opinión, reúne todos los requisitos para sustituirme-.
Finaliza asegurando que:
El PP quiere dar en estas nuevas elecciones generales un ejemplo de imaginación positiva, y este relevo generacional y político lo confirma. Respeto por los que han trabajado anteriormente, y esperanza en los que lo harán en el inmediato futuro. Rajoy, Sáenz de Santamaría, Arriola y Moragas están obligados a reconocer los méritos de Rajoy, Sáenz de Santamaría, Arriola y Moragas. Y sobre todo, a no regatear agradecimientos a su generosidad.
La imaginación al poder, como dijo alguien cuya identidad, en este momento, no termino de recordar.

