UN VISTAZO RÁPIDO A LA PRENSA

Carlos Herrera avisa a Colau: «Esta pandilla de histéricos no nos impedirá la fiesta de los toros»

"Toda la parafernalia borrachuza y tabernaria de las autoridades catalanas está de más"

El País juega con la ambigüedad como es su costumbre pero el titular deja claro de qué lado está

Las portadas de periódicos de tirada nacional como ABC y La Razón sudan euforia con la anulación de la prohibición de los toros en Cataluña por el Constitucional. Pero los periodistas taurinos no se apuntan a la fiesta y muestran cautela ante una decisión que llega tarde y que encontrará muchas dificultades para hacerse efectiva.

Carlos Herrera en ABC intenta animar a los empresarios del toro a que dejen de lado sus miedos y vuelvan a traer la fiesta a Barcelona: «Si en Cataluña hubiese un empresario dispuesto a dar guerra y a jugársela con tal de revivir a Chamaco o a El Cordobés, convengamos que podrían darse choques de trenes saludablemente democráticos, pero la realidad dista mucho de ser esa. Pueden hacerlo difícil, pero no pueden impedirlo en función de criterios políticos o pretendidamente étnicos».

El enfoque más realista parece ser el de Andrés Amorós. «A los componentes del Constitucional no les hace gracia que el Gobierno les pase la patata caliente: ellos son poder legislativo, no ejecutivo. Es el Gobierno el que debe poner los medios para obligar a que una ley se cumpla. ¿Lo ha hecho en temas más graves, como la lengua española o el proceso independentista? Está claro que no. Pero algún ingenuo puede preguntarse: ¿para qué nos sirve un gobierno, si no es capaz de lograr que se cumplan las leyes?».

Zabala de la Serna, el gran crítico taurino de El Mundo, recuerda las líneas rupturistas de «los nacionalistas desbordados, el populismo desbocado, la izquierda montaraz, el socialismo bipolar, el animalismo salvaje en última instancia como la coartada que siempre fue. Un frente en contra con la altura de un tsunami que se levantó como un muro, piedra a piedra, en los años del pujolismo. El irrespirable ambiente ya se había extendido a la Barcelona que en los años 60 y 70 programaba más festejos taurinos que ninguna otra ciudad de España, Madrid incluida».

Es desalentador leer cómo el editorial de ABC asume que en España es muy difícil hacer cumplir algunas leyes: «Las leyes y la libertad asisten a empresarios y aficionados, pero la amenaza de las instituciones catalanas de no respetarlas seguirá presente porque, si sus planes pasan por forzar una futura declaración unilateral de independencia, la advertencia de que han incurrido en uso abusivo de una competencia autonómica les parecerá irrelevante».

Ignacio Camacho tampoco ve claro que vayan a volver los toros a Cataluña dado el laberinto competencial de autonomías y ayuntamientos hay suficiente letra pequeña para mantener en vigor el dicterio prohibicionista. «Y si no la hubiese da igual: el desacato se ha convertido en el procedimiento rutinario de un sistema político quebrado de lógica».

El País juega con la ambigüedad como es su costumbre pero el titular deja claro de qué lado está. «Barcelona reitera su veto a los toros pese a la sentencia del Constitucional».

O sea, ¿que la noticia es que la Barcelona de Colau sabrá desafiar las leyes que no le gusten como dijo en una entrevista a ese mismo diario? Que Colau se pasa las leyes por el forro lo sabemos desde que se destapo su pasado okupa, lo importante no es su desafío sino que no le queda más remedio que acatar la ley.

El editorial de La Razón se queja de lo mismo qu ese quejaba el periodista taurino de Periodista Digital Roberto Marbán en el videoblog Verdad Mentira: el retraso en la resolución, seis años después, es incomprensible y sólo ha servido para que el olvido haga muy difícil que puedan volverse a celebrar corridas en Cataluña.

«Pedir que se cumpla la Ley y se respeten las decisiones del TC es pedir demasiado en estos momentos de deriva radical y provocativa, pero el mundo del toro tiene ahora el derecho de expresarse libremente. La Fiesta debe continuar».

La Vanguardia esconde la noticia y hay que irse hasta la página 37 para encontrarla. Es como si no le dieran demasiado importancia, como si supieran que la decisión del TC no va a ningún lado. «El TC se basa en el valor cultural de los toros para impedir que se prohíba», titula. En medio de la omertá godoniana, se cuela un magnífico Joaquín Luna:

«Ser aficionado a los toros en Catalunya es una cruz: te insultan, te tachan de «españolista» -nunca he hecho mío eso de la «fiesta nacional»- y todo quisqui se siente autorizado y con derecho a darte lecciones de superioridad moral.

«No vamos a un choque de trenes, vamos camino de acabar a tortazos. Así terminan todos los pueblos -y este no será distinto- cuando el poder se salta la legalidad: yo tengo que acatar una prohibición adoptada por 68 votos contra 55 y ellos se pasan por el forro la Constitución, aprobada en referéndum por los catalanes. No son los toros: es mi derecho a estar solo y equivocado».

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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