Variedad de temas este 13 de abril de 2017, Jueves Santo, en las tribunas de opinión de la prensa de papel. Hay alguna reflexión sobre la muerte de Carmen Chacón, el enésimo ridículo del separatismo catalán y la foto de la vergüenza de la presidenta del Parlamento de Navarra con el ‘Carnicero de Mondragón’, un repugnante y sanguinario etarra.
En El Mundo, Arcadi Espada, sin nombrarla, compara la muerte de Carmen Chacón con la de Rita Barberá y el tratamiento dado en ambos casos por la prensa:
En el caso de una mujer, lo primero que muere siempre con todos los honores es la mujer. En fin: algunas necrologías las escribe el periodismo y otras la Historia.
Teodoro León Gross percibe que dentro de los que manejan el proceso separatistas en Cataluña existen desavenencias:
Sin caer en la caricatura de Puigdemont como el Hitler final de El Hundimiento, vociferando en vano sobre una victoria imposible, grietas sí que hay: desde Forcadell, achicharrada, a la CUP hastiada del institucionalismo.
En El País, Xavier Vidal-Folch le deja claro a los independentistas que sus viajes promocionales y las invitaciones que cursan a líderes internacionales no van a ninguna parte:
De los contactos con antiguos gobernantes, como el norteamericano Jimmy Carter o el italiano Romano Prodi, el president Carles Puigdemont no ha logrado siquiera una declaración neutra sobre el referéndum.
El editorial de ABC, contundente en ese aspecto del ridículo institucional de los secesionistas catalanes:
La contundencia de Estados Unidos deja en evidencia los patéticos esfuerzos del secesionismo por escenificar una internacionalización de sus disparatadas pretensiones, tan manipuladas como ilegales.
Isabel San Sebastián, en ABC, se hace eco de la fotografía de la presidenta del Parlamento de Navarra con el llamado ‘Carnicero de Mondragón’:
La fotografía de Ainhoa Aznárez (Podemos) junto a una alimaña etarra no sorprende pero asquea.
Cristina López Schlichting, en La Razón, se hace eco del libro Patria y cómo el terrorismo de ETA perpetró un daño mayor que los centenares de asesinatos cometidos:
El terrorismo de ETA fue mucho más que una lista de casi mil muertos. Por detrás de las bombas, un pueblo se corrompió a fuerza del odio de unos cuantos.


