Circo, farsa, tomadura de pelo, sainete…y así hasta el infinito para calificar el pleno de investidura celebrado el 22 de marzo de 2018 en el Parlamento de Cataluña. Editoriales y columnistas coinciden en que Jordi Turull no era el candidato idóneo, sino un mero subterfugio para intentar colarle este 23 de marzo de 2018 la cabras en el corral del juez Llarena.
Federico Jiménez Losantos, en El Mundo, cuenta en su tribuna que tras el esperpento vivido en el pleno del Parlamento catalán, entre 100 y 200 empresas habrán tomado la sabia decisión de largarse de esa autonomía:
Otras 100 empresas, como mínimo, debieron de tomar ayer la decisión de largarse de Cataluña. Tal vez 200, si tras la halitosa homilía de Turull y el soberbio soplamocos de Arrimadas escucharon al orate Sabriá, diciéndole a la vencedora de las últimas elecciones que «se ha equivocado de país». O sea, que la secta esquerrana piensa que el país se ha equivocado de país por votar a Cs. Nadie que pueda cerrar su negocio se quedará en el yermo de Trespercentonia, ese tobogán de cucos, en frase feliz de Girauta.
El editorial de El Mundo habla, y no le falta razón, de circo perpetuo desde 2015 lo que está sucediendo en Cataluña:
Desde que el independentismo confundió la mayoría parlamentaria de 2015 con un mandato para la secesión, Cataluña permanece anclada en un escenario que bascula entre el engaño y el circo. Esta mezcla -de consecuencias sociales y económicas letales- cristalizó ayer en la farsa representada en el Parlament. Bastaba comprobar la abulia con la que Jordi Turull leyó su plúmbeo discurso de investidura, y las caras de sopor y desinterés en la bancada separatista, para certificar la colosal pérdida de tiempo de la sesión de ayer en la Cámara catalana.
Santiago González apunta que el pleno del 22 de marzo de 2018 les sirvió a los catalanes para intentar poner en marcha otra fórmula golpista, el secuestro exprés:
En el reiterado intento de los golpistas catalanes de secuestrar la soberanía nacional (artículo 1. 2 de la Constitución) les faltaba por ensayar esta modalidad de golpe: el secuestro exprés. El candidato hizo un discurso plúmbeo, más triste que un Dies Irae, aunque tenía una virtud: demostró tener más miedo a su comparecencia en el Supremo que a la CUP.
Raúl Del Pozo lo fía todo a la decisión del juez Llarena que este 23 de marzo de 2018 puede dar una nueva vuelta de tuerca al separatismo:
La fortuna o la fatalidad de Cataluña está en las puntillas de la toga del juez Llarena, aunque sigue la crisis de Estado, la posibilidad de que se vaya todo a hacer puñetas. Algunos de los dirigentes de la revuelta están en la cárcel y otros pueden entrar hoy o dentro de unos meses, pero aún quedan talibanes dispuestos a insistir en su fanatismo, aunque se hundan Cataluña y España. «Querían blindar a Turull como president un año y medio, y si lo inhabilitan o lo meten en la cárcel, armar el cirio con el demoledor mensaje de que el Estado español ha derribado al presidente electo de Cataluña», comenta un jurista.
El País celebra que del fracaso de la investidura del 22-M se haya conseguido poner el reloj en marcha y que, o en dos meses hay presidente, o habrá que volver a unas elecciones:
Lo único novedoso de la fallida sesión de investidura es el desbloqueo de los tiempos: con el reloj corriendo, o se forma un Gobierno efectivo antes de 60 días o la ciudadanía tomará la palabra. No es mucho ni permite una gran dosis de optimismo, pero constata otro fracaso del secesionismo: el de intentar imponer como president de la Generalitat a quienes manifiestamente no pueden serlo. Ese fracaso es un triunfo que debería animar al Gobierno y a los partidos constitucionalistas.
La Razón también celebra que ya se haya puesto en marcha esa cuenta atrás:
La escena final de la sesión de investidura de ayer, con los cuatro diputados de la CUP absteniéndose -y pidiendo más choque frontal-, revela la imposibilidad del independentismo de formar gobierno. Lo único destacable de ayer es que el reloj se ha puesto en marcha y hay dos meses de plazo para buscar a un candidato real, fiable y que acepte la legalidad, alguien que realmente apele por el fin del «proceso». Todo lo demás será hacer frente a responsabilidades penales.
El editorial de ABC subraya la complicación que supone la investidura de Turull, y no sólo ya por la cuestión aritmética, sino por el horizonte penal que se le puede poner de color morado ennegrecido dentro de unas horas:
Es cierto que a Turull le bastarían a partir de hoy dos de los cuatro votos de la CUP para ser investido por mayoría simple en segunda vuelta, pero nada apunta a que pueda ser así. Primero, porque el independentismo sigue siendo rehén del chantaje al que le está sometiendo la CUP, una formación de simpatías batasunas y vocación antisistema a la que solo le interesa provocar caos y conflictividad; y segundo, porque hay probabilidades de que el magistrado Pablo Llarena dicte hoy prisión para Turull, toda vez que se da por seguro su procesamiento por los delitos de rebelión y sedición. En caso de ser encarcelado, se abriría la opción de ser investido desde prisión en segunda vuelta, pero no solo sería un esperpento político inédito, sino que en cuanto el procesamiento fuese firme -a lo sumo en un mes-, perdería la condición de cargo público al ser automáticamente inhabilitado. El mismo argumento sirve para el resto de golpistas a los que hoy el Supremo notificará su procesamiento.
Carlos Herrera tiene claro que el discurso de investidura de Turull fue más un canto a la galería, un ensayo de la declaración que tendrá que prestar este 23 de marzo de 2018 ante el juez Llarena:
La tomadura de pelo de Turull a los catalanes ha sido mundial. Realmente su discurso de investidura parecía más un adelanto de su declaración ante el juez Llarena que otra cosa. Sólo queremos diálogo, tenemos la mano tendida y así. Una vez que supo que los silvestres de la CUP no iban a prestarle su apoyo, el monaguillo de Puigdemont decidió que la sesión de investidura debería ponerse al servicio de su exculpación. Fue una forma de decirle al juez del Supremo que no es tan malo como parece.
Ignacio Camacho considera que a Rajoy le han estropeado las cuentas con el adelanto del auto del juez Llarena contra los golpistas:
A Rajoy se le han estropeado los cálculos. Ni por asomo contaba el Gabinete con que el togado fuese a adelantar su auto. De hecho había ordenado o sugerido a la Fiscalía, como gesto de buena voluntad para propiciar un quid pro quo, que pidiese la libertad del exconsejero Forn, positivo en tuberculina, alegando motivos humanitarios. Sin embargo, la Sala de lo Penal del Supremo tampoco ha tragado; a los ropones les gusta preservar su autonomía y no están dispuestos a que parezca que sus decisiones sirven de moneda de cambio.
Manuel Marín afirma que Turull no era más que un fantoche, una especie de ‘tonto útil’, para alargar una situación esperpéntica en Cataluña:
La negativa de la CUP a investir a Jordi Turull como nuevo presidente de la Generalitat solo confirma la evidencia de que era un candidato de trapo, una marioneta irrelevante en una estrategia separatista sin control para agitar el fantasma de una república catalana inexistente. Cataluña parece abocada a repetir las elecciones en pocos meses porque la fractura del independentismo es más profunda y sinuosa de lo que se percibe en la superficie.


