LINCHAMIENTO Y BOICOT

Histeria en las redes por ‘La Manada’ con un vomitivo recital de bulos, buenismo y doble moral

Ya surgieron bulos similares con la liberación de Miguel Ricart (Alcasser) o Rafa Zouhier (11-M).

Durante el 23 y 24 de junio de 2018 ha circulado por redes sociales como Twitter o WhatsApp un texto que aseguraba que los miembros de «La Manada» estaban negociando ser entrevistados en algún canal de televisión.

Sin ningún dato que lo acredite, sin citar si de verdad existía algún indicio real de que fuera a haber alguna entrevista a los condenados en ‘Espejo Público’ o en ‘El Programa de Ana Rosa’, la realidad es que montones de personas se dedicaron a rebotar aquella ‘información’ para reclutar a gente deseosa de apedrear a aquel canal de televisión.

Ya fuera de Atresmedia o de Mediaset, que se atreviera a entrevistar a ‘los malos’, así como se hacían promesas de boicot a sus anunciantes para lograr la quiebra total del que osara intentarlo (La libertad de información goza de predicamento en las redes).

Y resulta llamativo que gente del sector mediático o político como Rosa Montero, Adriana Lastra, Rubén Sánchez o Mariola Cubells estuvieran entre los ‘rebotadores’ de la poco contrastada campaña a base de una información con todos los síntomas de un bulo. ¿Veracidad?

Se supone que antes de lanzar una información de esa fuerza se debería contrastar su posible veracidad. Sería interesante saber si los Rosas Monteros o Mariolas Cubells de turno se molestaron en llamar al departamento de prensa de Atresmedia o de Mediaset para saber si había algo de verdad en el tema.

Porque no es la primera vez que surgen bulos de esta naturaleza. Refresquemos la memoria. En octubre de 2013 el Tribunal de Estrasburgo anuló la doctrina Parot y puso en libertad a asesinos terroristas de niños, violadores y demás escoria. También entonces se dijo que Atresmedia y Mediaset iban a sentar a sus platós a aquellos criminales, en especial a Miquel Ricart, el asesino de Alcasser.

Incluso hubo un medio, el periódico El Mundo, que lo aseguró en su portada con el titular «Carné de plató». Los apedreadores prepararon sus pedruscos para lanzarlos contra Ana Rosa, Griso o quien se atreviera a hacer «tamaña atrocidad». Pasó el tiempo, y ni Ricart ni ningún otro asesino de los liberados por la ‘Doctrina Parot’ apareció por ningún plató ni de Atresmedia ni de Mediaset. Sí hubo una entrevista a uno de ellos y fue, precisamente, en el diario El Mundo: A Zabarte Arregui ‘El Carnicero’. Qué cosas ¿verdad?

También se habló de que los medios planeaban entrevistar a Rafa Zouhier, cuando quedó en libertad por el 11-M. Pasó el tiempo y nada. Se le trasladó a Marruecos sin su deseada ‘interviú televisera’ (Y la única entrevista que había concedido fue antes de la sentencia y lo hizo a un periódico, no a una televisión).

E igualmente se habló de boicotear al canal de televisión que se atreviera a entrevistar al asesino de niños José Bretón. Al final no hubo ninguna entrevista en cadena alguna. Sólo una mini-entrevista metida dentro de un reportaje y, nuevamente, en prensa escrita. Al parecer la prensa escrita no genera tantas ganas de ser blanco de piedras como la televisión, que ofrece placer a aquellos que se sienten salvapatrias de la intelectualidad por poder culpar a los personajillos del otro lado del mando de todos los males del país.

¿Autoridad moral… las redes sociales?

La pregunta es si la decisión de un equipo periodístico de realizar o no una entrevista, ya sea la redacción de un periódico o de un programa de televisión, corresponde al criterio de los periodistas o debe depender de las amenazas de un colectivo de autoproclamados héroes anónimos que amenazan desde las redes con boicotear o destruir a aquel espacio que entreviste a ‘los malos’.

Porque, de nuevo al menos en teoría, una entrevista debería depender del interés periodístico que pudiera tener la misma. No de los apasionamientos de tanto matón tuitero.

¿Y tiene interés periodístico una entrevista a un miembro de La Manada? A criterio del autor de estas líneas en absoluto lo tiene. A fin de cuentas el punto de vista de los condenados – al menos de cuatro de ellos – ha quedado perfectamente plasmado en montones de programas a través de su abogado Agustín Martínez Becerra, que se ha paseado por todos los platós participando en un poco edificante concurso de quién era más patético si él con su tono altanero o los tertulianos que le ponían en frente con ganas de erigirse en autoproclamados portavoces del pueblo a base de gritar a un abogado por defender a sus clientes (lo sorprendente es que el nivel de alguno de estos programas conseguía que al lado de los histéricos tertulianos gritones, el polémico abogado adquiriera en algunos momentos gran estatura).

Tampoco veo interés alguno en una entrevista a Antonio Manuel Guerrero – que tiene un abogado diferente – pues su punto de vista ya quedó de manifiesto en una chulesca carta en la que, además de dejar claro los pésimos que le parecen a él todos los medios de comunicación de este país (sólo salva a ForoCoches, BurbujaInfo o la web de Josele Sánchez, los medios donde se ha insultado a la víctima) evidenciaba que en su peculiar cabeza no hay espacio ni para arrepentimiento ni a la autocrítica.

Pero que un periodista como pueda ser mi caso no considere de interés periodístico entrevistar a miembros de La Manada, no excluiría que hubiera otro que aplicando su propio criterio considerara lo contrario.

Por poner hipótesis: si un periodista contactara con algún miembro del grupo y descubriera que quisiera arrepentirse o señalar al cabecilla… ¿no podría entrevistarle aduciendo el interés de ese cambio de versión? ¿O si un periodista lograra contactar con Antonio Manuel Guerrero para preguntarle por qué – si según él todo fue ‘consentido’ – robó el móvil a la víctima? (tema, por cierto, que el condenado ‘olvida’ en su chulesca carta. ¿O es que se dedica a robar móviles en todos sus ligues?).

Pero lo importante es reconocer que sería criterio del periodista que tuviera acceso a esa entrevista el evaluar si la realizarla o no, y posteriormente los lectores o el público que decidieran si tenía o no interés leyéndola o viéndola, como se hacían los lectores de Truman Capote al valorar si tenían interés sus entrevistas desde la cárcel a feroces asesinos.

Pero si lo que lleva a los periodistas, en especial a los que trabajan en televisión, a decidir si realizar una entrevista o no, no es su juicio, sino el miedo a que les frían en las redes, sería tanto como reconocer que se ha trasladado a estas la misión de establecer criterio. Y eso sería demasiado poder en el sector de la comunicación a matones anónimos que sueñan desde las redes con cobrarse otra ‘Noria’.

Además no deja de ser irónico que sea desde las redes donde se denuncie la telebasura cuando el nivel de degradación que pueda haber en la ‘caja tonta’ es inmaculado en comparación con el estercolero de mierda que se lee a diario en Twitter y de más parientes.

Precisamente hablando de La Manada. No fue la televisión donde se filtró la sentencia y los datos privados de las partes, fue en las redes sociales. No fue en la televisión donde se filtró la cara y el nombre de la víctima de La Manada, fue en las redes sociales. No fue en la televisión donde se filtraron las direcciones de los condenados y de sus familiares, fue en las redes sociales.

Este fin de semana hasta se filtraron datos personales de los jueces del tribunal. ¿Y se supone que los tuiteros anónimos tienen alguna autoridad moral para decirles a los periodistas de un programa de televisión a quien pueden o a quien no pueden entrevistar?

En otra época una Asociación de la Prensa o alguna que otra FAPE, ante las amenazas de boicot a los anunciantes de un medio habría hecho algún llamamiento de apoyo a los canales a los que se pretende coacciones defendiendo que, con la delicadeza que requiere un caso de esta naturaleza, cada periodista debería poder aplicar su criterio en libertad. No parece que lo vayan a hacer, ni APM, ni FAPEs, ni colegios periodísticos ni demás. ¡No vaya a ser que les frían en twitter!

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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