Fue en una reunión en julio de 2012 en el despacho del expresidente de la Generalitat de Cataluña

Fernández Díaz deja vendido a Rajoy desvelando el contenido de la irreversible amenaza que les hizo Pujol

"Presidente, me ha dicho Pujol que no hay solución y que la decisión ya está tomada"

Fernández Díaz deja vendido a Rajoy desvelando el contenido de la irreversible amenaza que les hizo Pujol
Fernandez díaz

Si al personaje en cuestión no se le ha ido la pinza y se ha puesto a fantasear, las declaraciones que realiza este 21 de octubre de 2018 el exministro de Interior Jorge Fernández Díaz (2011-2016) al diario El Mundo van a tener un largo recorrido.

El que fuese ministro de Mariano Rajoy desvela por primera vez cómo el Ejecutivo de Rajoy se reunió en secreto con el ex presidente autonómico catalán para intentar parar a tiempo el procés. Un último cartucho que acabó siendo un auténtico petardo mojado.

Tras tener la autorización del presidente del Gobierno llamé a Jordi Pujol y quedé con él al día siguiente en Barcelona. Me recibió en su despacho de ex presidente de la Generalitat y le pedí que mantuviera en secreto el encuentro. Le hablé con total confianza. Le recordé su gestión al frente de Cataluña, lo que dice mi buen amigo Juan José Lucas, que había recibido la autonomía en cera y que la había moldeado en monocolor. Le planteé que cómo era posible que liderara el discurso de que no había más remedio que ir a una confrontación después de que siempre hubiera defendido que no podía haber dos Cataluñas.

Pujol escuchó atentamente la introducción de Fernández Díaz en mangas de camisa, paseando nervioso por su despacho, y asumió, en su turno de réplica, la responsabilidad política de la deriva independentista. Fernández Díaz no recuerda que mencionara ni una sola vez durante las horas que duró la reunión al entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas. Tampoco al secretario general del partido, su hijo Oriol. Lo percibió en todo momento como el jefe político del nacionalismo catalán pasado y presente.

Encajó mis comentarios y mis reflexiones, que por otra parte eran hechos que expuse con toda claridad, hasta que en un momento dado levantó el teléfono y llamó a su secretaria para pedirle un ejemplar de El caminant davant del congost-El caminante ante la encrucijada-, un libro suyo de conversaciones. Me lo entregó y me dijo: ‘No tendrás tiempo de leerlo entero por tus labores como ministro, pero, sobre todo, lee el prólogo’. Me lo fijó con un clip, me lo dedicó cariñosamente y me añadió: ‘Aquí se sintetiza por qué he tomado esta decisión y no queda otro remedio’.

Esta obra apela a los catalanes a independizarse como vía para evitar «morir de hambre» o ser arrollados por una «riada en pleno desfiladero» y en ella no reniega de su trayectoria política, durante la que apostó por que Cataluña tuviera cabida dentro de España pero advierte de que ha sufrido una «catarsis» hacia el soberanismo.
El entonces ministro del Interior volvió a la carga con su argumentario para intentar disuadir, una vez más, a Pujol, que culpaba al Estado español de la situación y no aceptaba un solo error en el planteamiento político nacionalista.

Tanto la creación de nuestra Constitución como su desarrollo tienen un acento y un protagonismo catalán y catalanista evidente. La Generalitat y CDC han hecho gala públicamente de que garantizaban la gobernabilidad en circunstancias extremas como el 23-F y en ocasiones con apoyos parlamentarios determinantes como con Felipe González en 1993 o con José María Aznar en 1996 con los pactos del Majèstic. ¿Cómo es que ahora todo es culpa de los otros que no han entendido a Cataluña? ¿Cómo es posible que ahora todo sea culpa del España nos roba, de un expolio fiscal que ahoga a la comunidad, que el PP se haya convertido en el chivo expiatorio y que estemos de pronto en la encrucijada?.

El ex presidente catalán no se movió un ápice de su posición. Planteó que la determinación era irreversible y se puso punto y final al encuentro tras varias horas. Pujol preparó minuciosamente un lote de libros en catalán para él e hizo lo propio con un lote en castellano para Rajoy.

Pero todavía hubo tiempo para un último comentario del histórico líder nacionalista catalán que no encontró respuesta alguna en su interlocutor, enmudecido por la sorpresa:

De todas maneras, quiero que sepas que yo, después de todo esto, seguramente dejaré la política.

Fernández Díaz se apresuró a llamar a Rajoy a la salida de la reunión, ya camino de Madrid.

Presidente, me ha dicho Pujol que no hay solución y que la decisión ya está tomada.

«Te dije que no iba a servir de nada», le indicó el responsable del Ejecutivo, reafirmándose en su escepticismo inicial.

Los hechos a continuación se desencadenaron de manera inexorable. Se calentó el ambiente para una Diada multitudinaria que fue espoleada por el España nos roba, el expolio fiscal y el PP como culpable de todos los males que asolaban Cataluña. El presidente Mas, a rebufo de esa Diada, convocó elecciones anticipadas con la convicción de una huida hacia adelante. La radicalización se tradujo en el resultado de las urnas: CDC, de 62 escaños bajó a 50; Esquerra, que había quedado por los suelos tras el tripartito, subió a 21; y se consiguió que la CUP emergiera como fuerza de ámbito parlamentario.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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