LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

El insustancial Sánchez sueña con ser ‘Pedro I, el Pacificador’ y abrir la puerta de la cárcel a los separatistas

Arcadi Espada: "¿Cabe pensar que Sánchez se presente a las elecciones con un indulto concedido? ¿Que pospondría su decisión hasta ver si revalida su cargo?"

El insustancial Sánchez sueña con ser 'Pedro I, el Pacificador' y abrir la puerta de la cárcel a los separatistas
Pedro Sánchez y su Gobierno están zombies. EP

A Pedro Sánchez se le acaba el tiempo. Después de ver como Quim Torra, teledirigido desde Bruselas por Carles Puigdemont, reventaba la última oferta del Gobierno para que los golpistas encarcelados tuvieran una mejor sentencia, las tribunas y editoriales de la prensa de papel de este 4 de noviembre de 2018 hablan ya de elecciones y de un presidente acorralado por las circunstancias.

El editorial de ABC le exige elecciones a Sánchez después de ver como incluso rebajando, vía petición de la Abogacía del Estado, las penas a los golpistas, sus partidos independentistas ya han dicho que no a aprobar los Presupuestos:

La estabilidad que ofrece Sánchez con 84 escaños es nula, y carece de lógica que si las previsiones electorales para el PSOE son tan optimistas como pronostica el CIS de Tezanos, Sánchez no convoque elecciones ya. Sus socios de Gobierno le rechazan pese a su voluntad de pagar el chantaje al que se sometió voluntariamente en la moción de censura, y PP y Ciudadanos no le van a sostener. Sánchez está acorralado, y no puede forzar más las costuras de nuestra democracia desde su extrema debilidad. Lo único responsable que le queda por hacer es convocar a los españoles a las urnas. Como recoge hoy el título de nuestra portada, del «Gobierno Frankenstein» del que hablaba Rubalcaba -una sopa de letras antinatural- hemos pasado a un «Gobierno zombi», obligado a gobernar por decreto y que podría verse forzado a continuar con esos «antisociales» presupuestos de Rajoy.

Ignacio Camacho critica que Sánchez se haya inmiscuido en el trámite procesal contra el golpismo para que salga con unas penas más beneficiosas:

Sánchez, como otro ciudadano cualquiera, está en su derecho de dudar que en la insurrección separatista existiese un componente claro de violencia, incluso de pensar que el delito de sedición, aunque minimiza la trascendencia cualitativa de la revuelta, sirve mejor al propósito de asegurar una condena. Lo que no puede de ninguna manera es trasladar su opinión a la causa para favorecer su estrategia, arrollando la división de poderes con una intolerable interferencia. Si quiere humillarse ante los nacionalistas, que lo haga en la esfera de su competencia y responda de ello ante el pueblo al que representa. Pero la decisión de inmiscuirse en el trámite procesal mediante una manipulación torticera no sólo constituye una extralimitación de funciones sino una invasión autoritaria que demuestra su falta de respeto al sistema.

Carrascal insiste en la idea de que el presidente del Gobierno venderá España por un plato de lentejas si fuera menester:

Está dispuesto a sacar de la cárcel a quienes han declarado a la brava la independencia y si no la han llevado a la práctica es por habérselo impedido el anterior gobierno español, pero ni se arrepienten ni renuncian a ella en la primera ocasión que se les presente, que pudiera ocurrir de continuar este gobierno amigo de hacerles favores. Y algo tan histórico (o antihistórico), tan trascendental y grave ¿a cambio de qué? preguntarán ustedes. Pues de que apoyen su presupuesto del año que viene. ¡Eso sí que es vender barata la nación! Vienen a confirmarlo los tejemanejes que se han traído con la Abogacía del Estado para que rebajara de «rebelión» a «secesión» la solicitud de pena para los procesados, lo que consiguió al estar la Abogacía bajo el gobierno.

Juan Fernández-Miranda resume acertadamente lo que es Sánchez, un cúmulo constante de incoherencias:

En el actual presidente del Gobierno, y también en el hombre que fue antes de llegar a La Moncloa, casi todo es mentira, porque nada es verdad. En política es razonable cambiar de idea, incluso en algunos casos es hasta aconsejable porque uno no debe gobernar solo para su electorado. Pero solo hay dos formas de justificar un cambio de criterio: «No he cambiado yo, sino las circunstancias»; y «he descubierto que estaba equivocado». Ambas opciones son plausibles y por supuesto honrosas. El problema del presidente del Gobierno es la pátina de incoherencia que impregna lo mucho que dice, con ese tono displicente, y lo poco que hace. Da la sensación de que nos toma por tontos.

La Razón, que lleva sondeo de intención de voto, le exige a Sánchez la convocatoria urgente de elecciones:

La intensa campaña de propaganda que envuelve todas las actuaciones gubernamentales no cala en la sociedad española. Pocas veces en la experiencia de los sondeos de opinión pública se da un acuerdo tan mayoritario como los que representan, en esta ocasión, la exigencia de una convocatoria electoral inmediata y la desaprobación general de la labor de un Gobierno. Pedro Sánchez debería atender la reclamación de las urnas, no sólo porque así lo pide la mayoría social, sino porque es la mejor salida, tal vez la única, al bloqueo político y presupuestario que se adivina en el próximo horizonte.

Jesús Rivasés explica que a Sánchez su estrategia de guiños al separatismo se le ha volado por los aires:

El presidente quería hacer gala de cierta mano tendida en Cataluña para recuperar parte del granero electoral perdido allí por los socialistas. El equipo de Sánchez confiaba en que su estrategia calara poco a poco. Hasta el viernes, cuando Quim Torra, presidente de la Geralitat , y Roger Torrent, presidente del parlamento, volaron cualquier puente al acusar a Sánchez, entre otras cosas, de «cómplice de la represión», por la postura de la Abogacía del Estado. Puigdemont quiere más «choque de trenes» y, a través de Torra y sus excesos verbales, ha quebrado los deseos de cierto apaciguamiento de Junqueras y los menos radicales del PDeCAT. Sánchez ha hecho su gesto, que puede pasarle factura, pero los independentistas no le han correspondido. El inquilino de La Moncloa, sobre todo un superviviente, resistirá e incluso hará otro gesto, aunque acabe de constatar que los independentistas -la piedra en su zapato- le engañan y eso sí le puede pasar factura electoral, que es lo que le preocupa. Y no, no habrá Presupuestos.

Arcadi Espada, en El Mundo, asegura que Pedro Sánchez tiene en mente indultar a los golpistas después de la respuesta evasiva que le dio a Rivera cuando este le preguntó si sacaría de la cárcel a los separatistas:

Todo indica que el actual Gobierno -u otro similar que pudiera surgir de las próximas elecciones- está dispuesto a conceder el indulto a los presos nacionalistas. El propio presidente Sánchez no negó esta posibilidad la semana pasada en sede parlamentaria, a pesar de la insistencia de Albert Rivera en que lo hiciera. La situación política es muy incierta. Igualmente lo es la fecha de la sentencia, aunque parece razonable suponer que llegará al final del próximo verano. Es difícil encajar en el calendario la decisión del Gobierno sobre el indulto. ¿Cabe pensar que Sánchez se presente a las elecciones con un indulto concedido? ¿Que pospondría su decisión hasta ver si revalida su cargo? ¿O que exhibiría, incluso, esa posibilidad en su programa electoral, presentándose ante los españoles como Pedro el Pacificador?

Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72

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Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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