La sesión de investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla como nuevo presidente andaluz es lo que domina este 16 de enero de 2019 en las tribunas de la prensa de papel. El principal enfoque es el mal perder de la mandataria saliente, la socialista Susana Díaz, que montó un circo en las puertas del Parlamento de Andalucía con una manifestación feminista que se le va a volver en contra.
El editorial de ABC avisa a socialistas y a extrema izquierda de que la calle no solo es de ellos y teme que al final puedan producirse más que palabras si la parte señalada toma conciencia de que también tiene todo el derecho del mundo a manifestarse:
Hay un riesgo cierto para la democracia en Andalucía si la izquierda no acepta que han sido los andaluces los que han decidido crear una mayoría alternativa de gobierno. También hay mucho populismo extremista cuando se saca a las calles la ira por una derrota electoral. Y es una temeridad porque a las calles pueden salir todos.
Luis Ventoso le recuerda a Susana Díaz que a buenas horas se pone feminista y carga contra Vox cuando ella tuvo bajo sus faldas a personajes que se gastaban las ayudas públicas en placeres carnales:
Envolverse en la bandera feminista. Una enorme hipocresía viniendo de una Susana Díaz, que estuvo perfectamente callada ante el escándalo de los suyos gastándose el dinero público de los andaluces en puticlubes. Una presidenta que tampoco nada dijo sobre las risitas de la hoy ministra Dolores Delgado cuando el policía corrupto Villarejo se jactó ante ella de que había creado una red de prostitutas para chantajear a personajes públicos. ¿Qué está pasando? ¿Acaso si los agravios contra la mujer los comete el PSOE ya no son tales? Al auspiciar las manifestaciones de ayer a las puertas del Parlamento contra el nuevo presidente andaluz, el PSOE, y apena decirlo, ha rubricado una página infame en la intrahistoria de la democracia española.
Ramón Pérez-Maura tiene claro que lo sucedido ante las puertas del Parlamento andaluz es gravísimo:
Ayer asistimos a unos hechos de enorme gravedad en Sevilla. Esta izquierda española que se dice tan antinorteamericana, en realidad sólo es anti los que no son de los suyos. Porque lo primero que ha hecho el PSOE -el de Díaz y el de Sánchez por igual- ha sido convocar dos manifestaciones en Sevilla ayer, mañana y tarde, contra el resultado de las elecciones. Exactamente lo mismo que hizo la izquierda norteamericana al día siguiente de la victoria de Trump contra Hillary Clinton. ¿Hay algo más antidemocrático -«fascista» como dicen ellos, no yo- que manifestarse contra el resultado de unas elecciones? Esta izquierda española -y la de muchas otras latitudes- no cree en la democracia. Porque la democracia sólo les vale cuando ganan los que ellos quieren. O, como mucho, los que no les disgustan demasiado.
Antonio Burgos recrea lo que se hubiese dicho de haber sido los partidarios de Rajoy los que hubiesen montado un Cristo en el Congreso el día de la moción de censura:
Que PSOE, Junta y Andalucía eran una misma cosa. Y a los demás, escrache que te crió. ¿Traspaso de poderes? No lo aceptan. Y se aferran a sus centros de poder. Sólo traspasan a la calle el poder de las urnas que perdieron. Calle que dominan como nadie. Hay que reconocer que, si serán recuelos del franquismo sociológico con sus autobuses pagados al Valle de los Caídos, de los Caídos del poder con Susana, que la frase famosa de Fraga es ahora la que ellos proclaman: «La calle es mía». Unos maestros en el dominio de la calle. La derecha es incapaz de esta desfachatez de movilización. ¿Se imaginan que la derecha hubiera rodeado el Congreso durante la moción de censura a Rajoy, trayendo de toda España estómagos agradecidos en autobuses gratis, contra un presidente Sánchez al que sacaron adelante los golpistas separatistas catalanes, los proetarras y los comunistas bolivarianos? Pues esto es lo que ocurrió ayer lamentablemente ante el Parlamento andaluz.
Pepa Bueno, en El País, avisa a las derechas de lo que les espera en los próximos meses:
Enfrente tienen una amalgama compleja de derechas e izquierdas nacionalistas periféricas y un PSOE y un Podemos que un día pactan y dos rompen. Pero ojo que en la calle, como recordatorio de la España de 2019, miles de mujeres dijeron ayer: «Ni un paso atrás». Y esa es una oposición mucho más unida y tenaz.
La Razón critica el escrache amadrinado por Susana Díaz contra el que será nuevo presidente de la Junta de Andalucía:
Que hay una patrimonialización del poder por parte de la izquierda quedó ayer evidenciado con una manifestación convocada a las puertas del Parlamento andaluz, ya de por sí algo inaudito al contradecir las normas democráticas básicas: no se puede interferir de la manera que sea en una sesión de investidura. El motivo esgrimido fue que el futuro gobierno es un riesgo para luchar contra la violencia de género. Se trata de un supuesto que no se sostiene, mera munición ideológica del uso que la izquierda está haciendo del feminismo, porque el PP fue el impulsor de la Ley contra la violencia de género, Cs votó a favor y nada indica que cambien de posición en un tema tan sensible y fundamental, ni porque así se lo proponga Vox. Más grave es todavía esta protesta al contar con el apoyo directo de la presidenta andaluza en funciones, Susana Díaz, que ha llegado a fletar autobuses para facilitar la concentración. No es la mejor manera de estrenarse como líder de la oposición, ni un buen ejemplo institucional ponerse al frente de la calle.
Pedro Narváez afirma que la única culpable de que el PSOE haya salido de la Junta de Andalucía es la propia Susana Díaz:
Susana Díaz, entre el calvario y la penitencia, pretende crear una secta furibunda a la que como suma sacerdotisa empuje a la masa madre al suicidio colectivo. Así no se notará tanto que la única caída en la batalla es ella. La gran responsable de que Andalucía cabalgue a la cola de la desigualdad es la misma que ahora abre las puertas a la jauría humana, convenientemente manipulada, para que enseñe las prótesis del género. Las mujeres de aquella tierra engordan las cifras del paro. No hay báscula que aminore su peso. No es la biología, hermana. ¿Hay o habrá algún cambio tan radical en las políticas de las que tanto se enorgullece como para montar una manifestación preventiva?
El editorial de El Mundo muestra su pesar por la actitud de mal perdedora de Susana Díaz:
Causa tristeza el sectarismo exhibido por Susana Díaz en su despedida del cargo que no supo ganar en las urnas y que tampoco ha sabido perder, como prueban los autobuses fletados por el PSOE para rodear la Cámara donde se celebra la investidura. Que la causa del feminismo haya vuelto a ser instrumentalizada por el partido saliente para estrenarse como oposición en su modalidad más vocinglera solo añade bochorno a su insensibilidad democrática.
David Gistau abunda en las críticas a la actitud antidemocrática del PSOE, pero también zurra a Moreno Bonilla por ir de ‘alfombra’ ahora:
Hubo, en este sentido, una falsa cortesía, más bien una debilidad, de Moreno Bonilla en su discurso. Después de haberse pasado la campaña clamando contra la corrupción socialista y ofreciéndose como el limpiador que entrará en la Junta vestido con el mono de los ghostbusters, quiso despedir galantemente a Susana Díaz diciendo que ella y su partido todo lo hicieron «con las mejores intenciones». ¿También los ERE desviados, los dineros ocultos como para asar una vaca y los puticlubes fueron con las «mejores intenciones»? ¿En qué queda, entonces, el relato del cambio?
Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72


