OTRO MINISTRO QUE HACE POLÍTICA A BASE DE MENTIRAS Y OCULTACIONES

Escrivá, el que pedía más inmigrantes para pagar pensiones, elude decir cuánto costó alojarlos en hoteles de lujo

«Necesitamos reforzar el mercado laboral con personas que vienen de fuera», dijo el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, en junio de 2020.

Preocupado por el boquete que ocasionará para la Seguridad Social la inminente jubilación de la generación del ‘babyboom’, Escrivá se mostraba muy a favor de la llegada de extranjeros para pagar las pensiones.

Esta afirmación categórica de Escrivá surgió a raíz de una pregunta sobre si el Ingreso Mínimo Vital (IMV) podría fomentar la llegada de masiva de ‘sin papeles’.

Escrivá tiró de argumentario monclovita recordando que para poder cobrar la renta mínima era requisito indispensable llevar un año viviendo en España.

Como ya es habitual en este Gobierno, era una verdad a medias. Ocultaba Escrivá que este requisito se elimina para aquellos que aleguen ser víctima de trata de personas o violencia de género.

Quien le diría a Escrivá que a fines de 2020 que caería sobre él la maldición china que castiga las plegarias atendidas.

Los deseos de Escrivá de más ‘pagapensiones’ se ha cumplido en 2020: ya han entrado en España tantos inmigrantes ilegales con Sánchez como en todos los años de Rajoy. Solo en el 2020 (dato a 6 de diciembre) han entrado 38.900 personas de manera ilegal.

La invasión de inmigrantes ilegales en flotas de pateras —vestidos con ropa de marca y portando móviles de última generación— obligó a Escrivá a tomar medidas innovadoras como alojar a los ‘sin papeles’ en hoteles de lujo, convirtiendo un paraíso turístico como Canarias en una nueva Lampedusa.

A los españoles no les causó ninguna gracia ver como las grandes cadenas hoteleras colgaban el cartel de Welcome Refugees.

Escrivá mostró no solo ser un irresponsable sino también un incompetente, que se limitó a pasear por el puerto de Arguineguín resignado y con las manos en los bolsillos, una imagen que indignó a los canarios.

Si Escrivá fuera coherente, debería haber estado eufórico por esta llegada masiva de inmigrantes. A fin de cuentas, él propuso alfombra roja a los que conseguirán el milagro de pagarnos las pensiones en una sociedad sin empleo.

El ministro de Seguridad Social ha logrado con sus brindis al sol provocar un drama humanitario: el de los propios canarios que ven como gripa el turismo, el único motor de su economía.

A tono con los anuncios incongruentes y las rectificaciones precipitadas que distinguen a este Gobierno, ahora su ministerio rehúsa dar datos sobre los hoteles de los inmigrantes amparándose en «el derecho a la intimidad y seguridad de las personas».

Da risa que el Gobierno cuya ministra de Igualdad daba el nombre y apellido de una propietaria que ha subido el alquiler a un matrimonio ‘okupa’ en Barcelona, ahora se ampare en el derecho a la intimidad para no dar el nombre de los expertos de los comités secretos de Illa o para ocultar a las Cortes si veraneó con amigos en La Mareta.

Una vez más demuestran carecer de altura moral para ocupar sus poltronas.

Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿por qué si estamos tan contentos de recibir ilegales no les mandamos un cheque nominativo y un visado y que en lugar de tirarse al agua entren por Barajas como todo el mundo?

Pues porque si lo haríamos así, se hundiría toda la red de chiringuitos de la izquierda (Cáritas, Cruz Roja, Red Acoge, ACNUR o la CEAR: Comisión Española de Ayuda al Refugiado) que vive de este chollo.

Porque el dinero para chiringuitos no lo han ocultado: la Secretaría de Estado de Migraciones informa de que en 2020 se ha concedido financiación a organizaciones sin fines de lucro beneficiarias del programa de atención humanitaria que, hasta la fecha, asciende a 47,3 millones de euros.

No extraña que las voluntarias de la Cruz Roja lo celebren bailando con los inmigrantes ilegales.

A Escrivá se acaban las reservas de demagogia. Apremiado por Bruselas y tras el acuerdo del Pacto de Toledo, ahora se plantea elevar en el futuro desde los hasta 25 años vigentes a 35 el período de cotización a tener en cuenta para calcular la pensión de jubilación.

Una medidas impopular e incoherente con un Gobierno cuyo único discurso se limita a recordar a todas horas a los recortes del PP. La crisis una vez pone a la izquierda frente al espejo de su propia realidad.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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